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Vida equina

Reconocer la enfermedad dental en los caballos

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Por   | Para LA NACION

Los trastornos y las enfermedades (congénitas y adquiridas) de las piezas dentales son varias y bastantes comunes en los equinos, que se manifiestan por medio de un conjunto de síntomas que pueden afectarlos en forma local, y también existen signos generales causantes de diversos deterioros en el organismo. Por eso es importante conocerlos y prevenirlos.

Los dientes del caballo están compuestos por incisivos, caninos, premolares y molares; se les reconocen distintas características y funciones. Los incisivos superiores y los inferiores participan en la prensión o toma del alimento. Los labios permiten tomar el alimento y los dientes sirven para realizar el corte del pasto.

Normalmente los premolares y molares se dedican a la masticación y trituración de los alimentos ingeridos valiéndose de un movimiento lateral de la mandíbula. Los dientes de la arcada dental superior no contactan perfectamente con sus similares de la arcada dental inferior, resultando un desgaste anormal de los extremos de las muelas y eso da origen a la formación de saliencias dentales llamadas puntas, que están en contacto con la mejilla y la lengua, lastiman esas zonas y generan serios trastornos en al alimentación del equino. Debe agregarse que la arcada dental superior (en su porción anterior) es un poco más larga que la inferior, formándose también en esos sectores puntas o picos dentales. Las puntas dentales ocasionan trastornos en la masticación y por supuesto, en la correspondiente digestión y asimilación de cualquier alimento. Además son responsables de las típicas resistencias, molestias o los dolores que le ocasiona la colocación y el uso de la embocadura.

Conocemos que la eficiencia de la digestión depende de varios factores, pero la integridad de los componentes del aparato bucal para la prensión y masticación de los nutrientes es de fundamentad importancia. Cuando esto no sucede empiezan a distinguirse diferentes signos clínicos o de conducta, aunque algunos no son específicos de una enfermedad dental determinada y también pueden presentarse en otras patologías del organismo.

Entre los síntomas específicos merecen mencionarse alteraciones de la conducta alimentaria, dificultades en la masticación, salivación excesiva, aliento pútrido, existencia de restos de alimentos o granos enteros y sin digerir en la materia fecal, disminución en el consumo normal de agua (por dolor al beber agua fría), heridas en la mejilla o la lengua por la existencia de puntas dentales, posible deformación facial o mandibular con desarrollo de una fístula o de un absceso, alteraciones en la conducta o en la forma de mover la cabeza al trabajar o realizar un determinado ejercicio, etcétera.

Entre los no específicos encontramos pérdida de peso, desmejora en el estado general, disminución del brillo del pelo, disminución o pérdida de rendimiento, disminución en la ganancia de peso, disminución o pérdida del apetito, presencia de cólicos o indigestiones, descarga nasal purulenta, etcétera.

Como medida de precaución para que no se presenten estos signos es conveniente realizar un examen periódico de la cavidad bucal y de sus dientes, con el fin de reconocer si existen problemas para encontrar las posibles soluciones..

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