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Desde el jardín

Las acacias y sus variedades

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Por   | Para LA NACION

 
 

Además de su eufónico nombre, las acacias son árboles populares que lucen ahora profusa floración, sobre todo una de sus especies, la Robinia pseudoacacia o acacia blanca. Pero ya su nombre advierte que es una pseudoacacia, es decir, no es acacia, aunque tengan en común el pertenecer a esa gran familia, las leguminosas, cuyas raíces albergan microorganismos que asimilan el nitrógeno atmosférico, principal elemento de nutrición vegetal. Estas robinias son originarias de América del Norte, de los montes Apalaches, y es una de las especies norteamericanas que más se ha difundido en el mundo. Ya a principios del siglo XVII los jardineros reales franceses Jean Robin y su hijo Vespasiano la introdujeron en Europa y años después, en 1890, se dijo que "ningún otro árbol norteamericano ha sido tan generosamente plantado para madera y ornamento, en Estados Unidos y Europa, y ningún habitante de la selva norteamericana ha sido objeto de una literatura tan voluminosa?" (Enciclopedia Argentina de Jardinería y Agricultura). En nuestro país es muy cultivado, por ejemplo, en Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Río Negro, y sin duda por sus valores forestales, como la dureza de su madera, apreciada para postes, y su resistencia a temperaturas extremas, aunque prefiere lugares soleados. Su abundante rebrote cuando se la corta influye en esa preferencia. Se trata de un árbol de rectas ramas ascendentes que forman una copa ovalada y puede alcanzar entre 8 y 12 metros, aunque en general es más bajo. Tiene hojas compuestas, con varios pares de folíolos, alternas, que forman follaje caduco; en primavera aparecen las flores, agrupadas en densos y abundantes racimos colgantes de flores blancas y perfumadas, con abundante néctar que atrae a las abejas. Así se ve el árbol en este momento (y es cuando esos racimos, pasados por una masa casi chirle, de harina con huevo y leche, y fritos, son un rico bocado). Los frutos son vainas color castaño dehiscentes -que se abren al madurar-, pero las semillas son duras y se deben dejar remojar unas horas en agua tibia (escarificar) para que se ablande su tegumento y puedan nacer. El follaje es muy atacado por los bichos canastos y la madera, por los taladrillos, y en una evocación de mi lejana niñez recuerdo una manga de langostas que se asentó sobre una hilera de esas acacias y en una noche quedaron peladas. Se mostró dócil a las hibridaciones y los cambios, lo que dio origen a numerosas variedades, sobre todo con valor ornamental.

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