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"El narcotráfico es problema de EE.UU., no de México"

Domingo 23 de octubre de 2011
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PARA LA NACION
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A Jorge Castañeda le encanta el debate, pero más le gusta la polémica. Incluso disfruta de escandalizar con algunas de sus posturas, que suele defender a capa y espada. A los 57 años, este economista, experto en relaciones internacionales abordó a lo largo de un par de horas los temas que más lo atraen. Principalmente, todo lo que atañe a este sangriento presente de México, inmerso en una espiral de violencia desatada por la guerra contra el narcotráfico, que va regando de cadáveres el país.

Con una docena de libros en su haber, entre otros La utopía desarmada , que marcó un antes y un después en su militancia de izquierda, en su reciente paso por Buenos Aires el ex canciller mexicano fijó durante una entrevista exclusiva su posición sobre el flagelo que vive su país. No dudó por ejemplo en recomendarle al presidente Felipe Calderón que México abandone "ya la guerra contra el narco", porque el narcotráfico, dijo, "es un problema de EE.UU., no de México". De ahí que sea partidario de la legalización de las drogas y de "hacerle saber al narco que debe dedicarse al narco y no a otros delitos". Todo sin inmutarse, como tampoco se inmutó al afirmar que Cuba "es el país con mayor riesgo de convertirse en un narcoestado".

- Usted que sigue de cerca esa realidad, ¿existen riesgos de que la cada día más grave situación en México, que ya afecta a Guatemala y a otros países, se traslade a otros lugares de la región?

-México tiene una situación muy especial que no comparte casi con ningún otro país. La frontera con Estados Unidos. Esa es una característica que no es extensible y a la vez es el factor decisivo en esta situación tan terrible. Los países de Centroamérica y el Caribe tienen una vulnerabilidad mucho mayor que los países de América del Sur. Ya sea porque pueden ser rutas virtuales hacia EE.UU., como el caso de Dominicana o Cuba?

¿Cuba?

-Sí, Cuba. El país que más corre el riesgo de convertirse en un narcoestado es Cuba. Cuando eso caiga ahí no hay nada. No hay instituciones, nada, salvo un ejército. El régimen puede durar 20 años más o caerse mañana, no lo sabemos. Si Chávez está muy enfermo, si no es reelegido, no se sabe qué puede pasar con Cuba. Pero al igual que México, Cuba comparte la cercanía con Estados Unidos.

- La imagen actual de México es la de un país de una violencia incontrolable. ¿Esto ya se daba en la década pasada o es el fruto de una nueva realidad?

-Siempre decíamos que México no era un país violento. Eso hasta que llegó Calderón al gobierno. Hasta entonces, el país tenía todos los índices de violencia en descenso. De los 10 homicidios por cada 100.000 habitantes a fines de los 90 se había pasado a ocho en 2007. Eso era menos que en Colombia, Brasil, Centroamérica, Venezuela y un poco más que EE.UU., Chile, Uruguay y la Argentina. Pero el año pasado subimos a 22 homicidios cada 100.000 habitantes y este año llegaremos a 25, mucho más que Brasil y apenas menos que Colombia.

- Para algunos observadores los picos de mayor violencia se registran cada vez que las fuerzas militares entran en acción. ¿Existen errores de planificación o dónde está el problema?

-Además de los errores, que los hay, esa violencia se dispara cuando matan a uno o detienen a uno y el ejército entra. Esa lógica indica que comienzan a enfrentarse entre los narcos para ver quién toma el poder vacante o bien se inicia una represalia. Entonces lo que está mal es el concepto. No se entiende por qué estamos combatiendo el narcotráfico.

- Cualquiera que sostenga una posición más ortodoxa al respecto, le diría que se lo combate por las mismas razones que se lo enfrenta en Colombia y en otros países en la región. Para acabar con la violencia y con los daños colaterales que el narco genera.

-Si lo que se quiere es disminuir la violencia y la inseguridad de la gente, lo que hay que atacar son los delitos que afectan a la gente. Como el secuestro, la extorsión, etc. Pero no el narcotráfico, que no es un problema mexicano sino un problema de Estados Unidos.

- ¿Usted propone llegar a acuerdos con los carteles?

-No es negociar sino alinear los incentivos de la manera correcta para que el narco se dedique exclusivamente al narcotráfico y para que se usen las fuerzas represivas, que son pocas, para atacar a los que generan la violencia sobre la población. Si los que la generan son los mismos que trafican, entonces nos vamos sobre los mismos. Pero vamos porque es secuestrador, no porque es narco. Si no es un idiota, y los narcos no son idiotas, se van a dedicar al narco y no al secuestro.

- ¿Eso viene atado con su conocida postura por la legalización de los estupefacientes? ¿La sigue sosteniendo?

-Cada vez somos más los que sostenemos esta postura. Hay presidentes y ex presidentes que abogan por ello. No sólo los de siempre como [Fernando Henrique] Cardoso, [Ernesto] Zedillo y [César] Gaviria, sino otros como Felipe González y [Vicente] Fox. No es la solución sino parte de la única alternativa posible.

- ¿Ve la posibilidad de que el flagelo del narco se extienda por América del Sur, hasta la Argentina?

-De hecho ya está arraigado en algunos países productores, además de Colombia, como Perú o Bolivia. En la Argentina o en otros países, siempre es posible un crecimiento de la actividad, aunque nunca con los parámetros nuestros. Aunque hay que tener en cuenta que nosotros tenemos lo que tiene la Argentina: una frontera de más de 3000 kilómetros.

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