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Una de piratas que se libra en el país

La confirmación del procesamiento de los dueños de Taringa! ha reabierto el debate por la propiedad intelectual y la libertad en la Web

Domingo 30 de octubre de 2011
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PARA LA NACION
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El debate sobre los derechos de autor y la libertad en Internet resurgió con la confirmación esta semana del procesamiento a los dueños de Taringa!, uno de los sitios más visitados de la Argentina, por presunta violación de la ley de propiedad intelectual al poner a disposición de los usuarios links para descargar obras literarias sin permiso de sus autores. Los propietarios de Taringa! son Alberto Nakayama y los hermanos Matías y Hernán Botbol.

La ley 11.723 establece que es delito penal reproducir toda obra no autorizada y regula el comportamiento en el territorio nacional, pero en la Red las fronteras se desdibujan y dan lugar a confusiones. Pese a la difundida creencia de que la Web es un mundo paralelo donde todo es libre, Martín Carranza Torres, abogado del estudio Carranza Torres & Asociados, señala que en la Argentina el régimen de derechos de autor tiene plena vigencia y aplicación en la Web y las penas varían entre un mes y seis años de prisión. "Internet como herramienta no derogó los derechos en el mundo. Existe mayor facilidad para cometer violaciones, pero no por eso dejan de ser delitos", enfatiza Carranza Torres.

Uno de los argumentos más comunes por parte de quienes operan en estas plataformas es la dificultad de controlar el material que suben los internautas. "La ley actual no se puede aplicar en sitios que tienen millones de usuarios y más de 20.000 posts diarios, como es el caso de Taringa!", dice Beatriz Busaniche, miembro de la Fundación Vía Libre, especializada en nuevas tecnologías. "No queremos un sistema de vigilancia porque eso sería censura."

Carranza Torres no opina en el mismo sentido: "Es obligación de los dueños controlar el contenido del sitio con el que generan tráfico, venden publicidad y ganan dinero. Un buen ejemplo es YouTube, que cuenta con un sistema tecnológico que impide automáticamente que se suba a la Red material no autorizado".

Opiniones cruzadas

Para Carranza Torres, la clave está en equilibrar la ecuación de responsabilidad y libertad de expresión, respetando siempre los derechos ya existentes, porque "la propiedad intelectual no impide el acceso a la cultura".

Sin embargo, la postura de Busaniche es más radical. "El problema no está en las tecnologías o en las prácticas de las personas, sino en la misma ley, aprobada en 1933, que es demasiado anacrónica y estricta", opina la integrante de la Fundación Vía Libre. Según Busaniche, es necesaria una legislación absolutamente nueva, que contemple, por ejemplo, que las copias educativas para nutrir el dominio público no sean delito.

"Esta ley actual restringe una práctica que está socialmente aceptada. La gente no concibe que es ilegal. De lo contrario, todos los que fuimos a la universidad y fotocopiamos libros coincidiríamos en que deberíamos haber recibido una pena", agrega la experta. En Europa hasta existe el Partido Pirata, que defiende la libre circulación de contenidos en la Web.

Federico Vibes, abogado especialista y profesor de la maestría de Propiedad Intelectual de la Universidad Austral, coincide en que es una ley antigua, si se la compara con las de países europeos, Estados Unidos e incluso con Brasil, Paraguay o Colombia, y pone en duda que sea totalmente aplicable en estos tiempos 2.0. "Pese a que fue reformulada en repetidas ocasiones, aún tiene muchos huecos. No está claro con qué estándar tenemos que juzgar la responsabilidad en la Web ni existe una regulación clara y completa en cuanto a obras audiovisuales", afirma Vibes.

Vibes destaca la dificultad de modificar la ley ante la resistencia por parte de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic), la Sociedad General de Autores de la Argentina (Argentores), las cámaras de productores y los sindicatos de la actividad. "Se bloquean las posibilidades de reformas o se las hace en forma parcial, que es como poner parches. Habría que encontrar un balance entre lo que le conviene a la sociedad desde el punto de vista tecnológico y desde los derechos de los autores", sostiene el profesor de la Universidad Austral.

No sólo Taringa! despierta polémica. También lo hace el sitio gratuito de películas Cuevana, creado por otros argentinos: Tomás Escobar, Mario Cardosio y David Fernández. Los derechos de propiedad intelectual constituyen un terreno ríspido con diferentes intereses en juego, sobre el cual no está dicha la última palabra.

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