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Caben pocos en el ranking del poder

Opinión

El ejercicio no es nuevo: se trata de contestar una encuesta que pregunta quienes son, en orden, las diez personas o instituciones más influyentes de la Argentina. Diríase, los que tienen el poder en serio, los que pueden producir hechos que cambien el curso de los acontecimientos.

Abrir el link y colocar en el primer puesto el nombre de la Presidenta fue todo uno. Como lo había sido otras veces, aun en tiempos de presidentes débiles.

Rapidito, también, surgió el nombre para el segundo lugar. ¿Boudou? No. Es cierto que él es el número dos del país por su condición de vicepresidente electo y que hasta se ha ganado más de una sonrisa de una presidenta que no siempre regala semejante gesto a un extraño. Pero no. El segundo casillero es para la única persona que para usar su poder no necesita andar colgado de las negras polleras de la Presidenta: Máximo Kirchner.

Si la Presidenta decidiera no ir por la re-re, sea porque no quiera o porque no pueda reformar la Constitución, Máximo bien puede ser su primera opción. ¿Qué mejor para alguien tan desconfiada como ella? Con él, hasta se puede reflotar el viejo sueño del cuatro por cuatro. Nadie en su sano juicio puede asegurar que Máximo preferirá seguir haciendo política casi en las sombras, como hasta ahora.

¿Boudou el tres? Qué difícil? El no ha desmentido que Mercedes Marcó del Pont, la presidenta del Banco Central, haya convencido a la Presidenta de hacer un corralito en torno del dólar, con lo cual no pudo impedir que el Gobierno decidiera acordonar las casas de cambio con la AFIP y hasta con fuerzas de seguridad. Como si quienes blanquean millones de pesos mal habidos fueran allí a hacer la cola junto con el que quiere comprar mil dólares. Y si es cierto que además Cristina le pidió que parara con la guitarra? peor.

La encuesta, antes simpática y divertida, empieza a transformarse en un galimatías. ¿Moyano? Difícil, también. Ya no está junto a la Presidenta en los grandes actos, cualquier gordo le moja la oreja y tiene que pensar qué harán esos jueces que lo miran con cara de pocos amigos. Hace tiempo que abandonó las prácticas de sitiar con camiones la Plaza de Mayo, incluida la Casa Rosada, o dejar medio país sin combustible, lo que en rigor era su poder: no puede ser el tres del ranking.

¿Guillermo Moreno, Carlos Zannini? Y sí, uno públicamente, y el otro de modo más discreto, hacen gala de poder, pero hasta que Cristina quiera. Por las suyas, hoy podrían perder una elección hasta con Elisa Carrió.

¿Algún gobernador de los que triunfaron ampliamente? Podría ser. De hecho, hasta hubo quien sacó más votos que la Presidenta. Pero no. Hasta tanto, por conveniencia o por falta de convicción no declamen la aspiración presidencial que los debe animar, quedan como a la expectativa, limitados a sus feudos.

¿El Congreso? Decididamente, no. La ciudadanía lo licuó al llenarlo de oficialistas. El Congreso tiene, en todo caso, el enorme poder de acrecentar el enorme poder del Poder Ejecutivo. Pero no parece ser ésa la clase de poder e influencia que pide la consulta.

¿La Corte Suprema de Justicia? Por el simple hecho de ser cabeza de uno de los tres poderes tiene una indudable influencia, pero de sus fallos el Ejecutivo cumple los que quiere y cuando quiere. Preguntar, si no, a los jubilados.

Tal vez, algunos jueces sueltos, como Oyarbide, puedan ejercer más poder que la Corte. Podría estar Oyarbide en algún lugar del ranking, pero tercero parece mucho. ¿La Iglesia? No puede hacer más que lo que ha hecho todo el tiempo: hablar de situaciones que el crecimiento económico de los últimos años no ha podido remediar. Como que los pobres sean cada vez más pobres. El Gobierno la escucha y sigue en lo suyo.

¿La prensa no complaciente? Difícil. Las elecciones demostraron que no influye tanto como creían el Gobierno y muchos de los periodistas y medios no complacientes.

La tentación de ir desde abajo hacia arriba, del diez al tres, fue grande, y allí se forma una Babel en la que podrían figurar desde Marcelo Tinelli hasta Julio Grondona, dos que en lo suyo tienen poder de fuego, pasando por los antes mencionados y por otros jueces que tienen causas que al Gobierno le interesan. Pero todo es vidrioso desde el tres al diez o viceversa.

Sí, cuesta armar seriamente el ranking y por más que se le dé vueltas y vueltas al asunto, se llega siempre al mismo punto: es la monarquía, estúpido.

© La Nacion.

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