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Gestos y señales para mostrar voluntad de diálogo

Viernes 11 de noviembre de 2011
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LA NACION
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Monseñor José María Arancedo le llevó a Cristina Kirchner un ícono con la imagen de Jesús el Buen Pastor, que lleva un cordero sobre sus hombros y va en busca de la oveja perdida. La figura transmite un mensaje distinto del de Jesús crucificado y el gesto constituye toda una señal para la nueva etapa que transitarán la Iglesia y el Gobierno.

La Presidenta también recibió a los obispos con signos de buena convivencia. El más importante fue desactivar en los últimos días la ofensiva en favor del aborto que motorizaron sectores cercanos al oficialismo, los mismos que el año pasado, en vida de Néstor Kirchner, habían propiciado y logrado la sanción del matrimonio gay.

Son gestos y señales que muestran una mutua disposición al diálogo, en contraste con la zigzagueante relación que el Gobierno y la Iglesia tuvieron en los últimos ocho años. Pero nada garantiza que el camino estará libre de obstáculos.

Durante su primer gobierno, Cristina Kirchner suavizó la estrategia del choque y recibió tres veces a la conducción de la Iglesia, encabezada por Bergoglio: en diciembre de 2007, noviembre de 2008 y marzo de 2010. Pero eludió las homilías críticas del cardenal, al llevar los tedeums fuera de Buenos Aires (Salta, Puerto Iguazú, Luján y Resistencia).

El alejamiento del cardenal Jorge Bergoglio y la asunción de Arancedo aportan un cambio de estilo y aire fresco a una relación desgastada con el Gobierno, que tuvo sus puntos de fricción más altos en vida de Néstor Kirchner, que nunca recibió a la cúpula de la Iglesia. La expresión más emblemática del enfrentamiento fue el conflicto por el obispado castrense, que sigue sin resolverse.

Si bien las negociaciones por ese tema se definen con la Santa Sede, un acercamiento entre el Gobierno y la Iglesia argentina ayudaría a retomar las gestiones, hoy estancadas. La designación del próximo nuncio apostólico en la Argentina -el actual, Adriano Bernardini, está por concluir su misión y volverá a Roma- podría dar señales en ese sentido.

Prudente, reflexivo y con profunda sensibilidad, Arancedo es un firme defensor de la buena salud de las instituciones de la república y de la ejemplaridad de las conductas en quienes tienen funciones de responsabilidad. Poco cambiarán los mensajes de la Iglesia que tanto preocupan en el entorno presidencial si el Gobierno no supera el estado de confrontación permanente y el alto costo social que produce el debilitamiento de las instituciones, entre otras preocupaciones señaladas en el último año por la Iglesia.

Con Bergoglio fuera de la conducción episcopal, el Gobierno es consciente, sin embargo, de que nada cambia de un día para el otro en el mundo eclesiástico. El cardenal permanecerá como arzobispo de Buenos Aires y conservará la buena sintonía con Arancedo y quienes lo acompañan en la comisión ejecutiva.

La Iglesia planteó en el encuentro de ayer su preocupación por los problemas sociales, que hoy van más allá de la pobreza y el desempleo, que han disminuido. Cómo afrontar esas nuevas realidades (la droga, la disolución de las famlias, la violencia) es un desafío al que el Episcopado reclama prestar atención.

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