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Una profesión que, como nunca antes, hoy se discute a sí misma

Enfoques

Divididos entre oficialistas y opositores, militantes e independientes, los periodistas están sumidos en una polémica acalorada sobre los valores y prácticas de su oficio, una discusión que para algunos observadores es funcional a los intereses del Gobierno y para otros un ejercicio sano y necesario

Por   | LA NACION

Como parte de una estrategia planificada, o como efecto dominó de un enfrentamiento que desborda sus límites, la política del gobierno kirchnerista hacia los medios ha puesto al periodismo frente al espejo. En efecto, las lógicas y las prácticas periodísticas son hoy objeto de discusión y cuestionamiento público -un debate que va de las aulas a las mesas de café, de los taxis a los programas de televisión-, mientras las políticas gubernamentales hacia los medios han pasado a un borroso segundo plano en la atención pública.

En no pocos ámbitos académicos, hoy se impone una lectura sobre el ejercicio del periodismo que da una vuelta más a la discusión sobre la objetividad, que por cierto ya tenía décadas entre los intelectuales. Ahora, se afirma, la supuesta neutralidad del periodismo ha quedado desenmascarada, y el monopolio de la producción de mensajes se empieza a repartir también en voces comunitarias, en medios de pequeña escala. El periodismo profesional -todo, sin distinción entre medios y periodistas que trabajan en ellos, por ejemplo- se ha vuelto objeto de sospecha y de impugnación.

Quienes miran esta discusión con cierta distancia crítica disienten al observar al periodismo redefinir sus límites: para algunos es un debate enriquecedor; para otros, es un paso atrás para la democracia. Como sea, los valores sobre los que descansaba el periodismo profesional hasta hace poco tiempo, y que parecían tan sólidos como incuestionables, parecen perder peso o volverse discutibles en el discurso público. Un cambio de escenario que, para algunos observadores, se inició en la dinámica virulenta de la guerra con el campo y quedó cristalizado en la ruptura definitiva del Gobierno con el Grupo Clarín, pero al que además contribuyeron luego las tensiones y contradicciones internas de una profesión poco inclinada, tradicionalmente, a poner en cuestión sus valores y sus prácticas.

"A veces el periodismo es elegido como enemigo número uno por un gobierno. Se trata del enemigo más fácil, porque ya está en una situación complicada, independientemente de que un gobierno lo ataque. Hay un estado de crisis que viven los medios, sobre todo los diarios, en parte por una lenta pérdida de lectores desde los años 80. Pero además este neopopulismo aparece justo en el momento en que la ideología que el periodismo usó para justificarse está en problemas: la objetividad ya no la cree nadie. Como su discurso de neutralidad y del cuarto poder ya no funciona, el periodismo cae necesariamente en la trampa que le tiende el Gobierno, que es hacer de los medios un actor político", apunta el semiólogo Eliseo Verón, profesor en la Universidad de San Andrés.

"Estoy convencido de que el iniciador de este proceso de degradación fue el discurso de la cúpula del poder, que comenzó con los señalamientos y la estigmatización de periodistas. Algunos medios, y algunos periodistas más que otros, fueron respondiendo simétricamente, en una escalada de los extremos", dice Fernando Ruiz, investigador y vicedecano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. "Así como hay medios oficialistas que tienen una mirada sesgada y militante, sin matices, hay medios opositores que hicieron lo mismo desde el lado inverso. Los contendientes se terminan pareciendo. Es la estrategia menos inteligente de los medios de comunicación independientes, porque se meten de lleno en el terreno de la política. Es cierto que los medios siempre han sido actores políticos, pero hay una dimensión profesional que respetar, y hoy muchos columnistas no hacen periodismo, sino política", afirma.

"Este es un debate absolutamente enriquecedor para las prácticas periodísticas y académicas", disiente sin dudar Florencia Saintout, doctora en Ciencias Sociales y decana de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata. "En la larga década neoliberal, muchas discusiones quedaron congeladas frente a la aceptación de un orden que parecía quedarse para siempre. Hoy, en toda nuestra región, por profundas transformaciones tecnológicas y por cambios de rumbo políticos, ese orden vuelve a estar en discusión. Surgen cuestionamientos que dan lugar a una crítica de ciertas prácticas que parecían cristalizadas y no podían someterse a la crítica ciudadana y profesional. Como si no hubiera una mirada del mundo en el periodismo. Las prácticas periodísticas no son neutrales, hay intereses y convicciones, hay ideales y modos de interpretar lo real", dice.

La discusión de la objetividad como valor y la afirmación de que es imposible mirar el mundo sin interpretarlo no son novedosas para los científicos sociales, que de pronto ven amplificados y reproducidos a nivel de sobremesa de domingo argumentos que los han ocupado desde hace décadas. Pero para el periodismo profesional, a menudo alejado de esos debates intelectuales, no resulta tan sencillo enfrentarlo.

Una polémica que no está saldada

El lugar del compromiso político del periodista es una discusión fundante y nunca saldada del todo en la profesión -que nació, por otra parte, íntimamente ligada a la política y nunca se ejerció por fuera de las líneas editoriales empresariales-, pero la elevación del llamado "periodismo militante" a parámetro deseable por parte del gobierno kirchnerista ha logrado dividir aguas como nunca antes. También en el campo de las carreras de periodismo.

En el reciente VI Congreso de Fopea, el "periodismo militante" y el "periodismo independiente" compartieron una mesa de discusión. El director de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA, Glenn Postolski, postuló que la tarea de las universidades era "formar comunicadores con un fuerte compromiso".

"Me preocupa hablar de "compromiso". ¿Qué significa eso?", se inquietó Pablo Mendelevich, periodista y director de la carrera de Periodismo de la Universidad de Palermo. "En mi concepción, el periodista debe tener un fuerte compromiso con la verdad y se debe al público. El problema de la objetividad aparece cuando tengo que describir algo que no me gusta, pero es así", discutió.

Postolski replicó: "Muchos hemos referenciado el periodismo como la voz de los que no tienen voz. La nueva ley de comunicación abre la posibilidad de que los que forman parte de movimientos sociales y de pequeñas comunidades puedan participar en la construcción de sus propios mensajes y no ser meros destinatarios de mensajes que hablan por ellos y los estigmatizan".

Ese discurso se repitió el jueves pasado en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde, en un seminario organizado por la JP Descamisados, el escritor Dante Palma sintetizó la postura que irradia desde el oficialismo a la prensa, y que descoloca a los periodistas del bando "independiente": "Los periodistas todavía piensan que tienen que controlar al Estado. El enemigo no es el Gobierno, sino las corporaciones para las que ellos trabajan", dijo. En el mismo debate, el responsable de la JP Descamisados, Juan Miguel Gómez, reconoció a Néstor Kirchner "la voluntad de discutir la independencia de los medios y su falsa neutralidad. Hoy se está produciendo una redistribución de la palabra", afirmó.

Justamente la base sobre la que descansa el ejercicio del periodismo -la existencia de ciertos hechos sobre los que se informa- parece estar en entredicho. "El problema informativo más grande hoy es que dudamos sobre los hechos básicos. La convivencia democrática y el periodismo profesional se basan en un acuerdo sobre lo que efectivamente pasó, pero las visiones son cada vez más antagónicas", dice Ruiz.

Saintout disiente. "Hay hechos que nadie discute y puntos en común en las agendas de distintos medios. Pero lo que hay son interpretaciones diversas."

"Los periodistas profesionales tienen que actuar sobre la base de reglas profesionales conocidas. Llama la atención que aquí se critique a los periodistas por planteamientos ideológicos, pero no por no actuar en base a esas reglas. Estoy en absoluto desacuerdo con la idea del periodismo militante", apunta Soledad Gallego-Díaz, corresponsal del diario español El País en la Argentina desde hace tres años y medio.

Probablemente el planteo más difícil, y que más inseguridades provoca en los periodistas, sea discutir el rol de la política en la profesión. "La historia global del discurso escrito de la información empezó a principios del siglo XVII. De esa historia, el período en que se asentó y se volvió dominante la objetividad es en los últimos 50 o 60 años del siglo XX. En el resto de su historia, el periodismo estuvo ligado a la política. Esto hay que recuperarlo en otro plano. No se trata de que los grupos informativos se vuelvan actores políticos, sino de que tienen que tener otro discurso sobre la política, no pueden ignorarla o decir que no tienen nada que ver con ella", apunta Verón.

¿Qué tan golpeados en su credibilidad, principal patrimonio, saldrán los periodistas de este enfrentamiento, al que algunos se suman con pasión y posiciones extremas, mientras otros miran con sentimientos que van del escepticismo al hartazgo? "El periodismo no va a perder credibilidad. De hecho, algunos periodistas han reforzado su credibilidad. Tal vez se profundicen ciertos acuerdos colectivos sobre qué creer; muchas personas se pregunten desde dónde habla un medio y reconfirmen su pacto de lectura con él. El periodismo dejó de ser una cuestión de periodistas. Es un asunto de la ciudadanía", apunta Saintout.

Para Ruiz, por el contrario, la salida de este debate está del lado del Gobierno. "La polarización es una técnica de acumulación de voluntades que da frutos políticos, por eso se mantiene. Salir de este enfrentamiento no es una decisión del periodismo. Otro problema es que el periodismo construido con fondos oficiales depende de la continuación de la guerra. Sólo tendrán fondos si la guerra continúa."

Verón tampoco vislumbra salidas sencillas para el periodismo: "El populismo es un enemigo complicado, porque no le interesa que una profesión importante en la sociedad tenga una mejor posición o comprenda mejor lo que le pasa. Eso lo tiene absolutamente sin cuidado".

Twitter

martin_caparros

¿Cömo fue que la palabra "mililtante" se volvió sinónimo de oficialista, como en "periodista militante"? Una burla cruel del diccionario. Martín Caparrós.

peliaschev

Sólo para no olvidar: "la-tienen-adentro" y "que-sigan-chupando", frases elevadas e imborrables en los oficiales CN23 (Szpolski) y Canal 7. Pepe Eliaschev.

majulluis

Cuando Victor Hugo tildó de "delincuentes" a los dueños de Electroingeniería - Política - Perfil.com < http://t.co/6WUjObB > Luis Majul.

dariogallo

RT @juanbovo : Te acordás cuando VHM se dió vuelta al aire? Fue porque NK había comprado dólares "para pagar una deuda" < http://goo.gl/hgbS3 >. Dario Gallo.

maximmontenegro

Quiero recordar que en 2004 julio nudler fue el primero q llamo la atencion sobre el cambio militante de horacio.Habian pasado solo 12 meses. Maximiliano Montenegro.

odonnellmaria

@FernandezAnibal De 678 a Duro de Domar, de Duro de Domar a 678, !cuánta variedad de interlocutores en la tele! O sí: de vez en cuando Laje. Maria O'Donnell.

monigps

La agresión a Lanata y Magdalena es la manifestación violenta de la intolerancia hacia los periodistas profesionales. Es una escalada. Mónica Gutiérrez.

feramato

@GerarFernandez < http://twitter.com/#!/GerarFernandez > Ibope miente, che. Y radio 10 con Longobardi y cía es una porquería aunque vaya primero. Fernando Amato. .

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