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Ecos místicos del Grial

En la novela La gloria secreta, el galés Arthur Machen propone una alegoría sobre la civilización, el recuerdo y el éxtasis.

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PARA LA NACION
Viernes 18 de noviembre de 2011
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Ambrose Meyrick, el protagonista de La gloria secreta , fue educado durante su infancia según las más antiguas tradiciones galesas. Su padre le enseñó a odiar el "anglosajonismo", un credo basado en "el confort, el éxito, un saldo positivo en el banco, el elogio de los hombres, la victoria y los logros sensatos y tangibles". De aquellos años guarda un recuerdo fundamental: la visita a un granjero que le mostró una copa sagrada. Al contemplarla tuvo una maravillosa visión que culminó con la "Imagen del Muerto y Resucitado".

De adolescente, Ambrose es enviado a la escuela pública de Lupton -un típico centro educativo inglés de la segunda mitad del siglo XIX-, donde es atormentado por compañeros y profesores. Allí todos lo consideran un bicho raro, en especial su tío político, el prefecto Horbury, que trata de enderezar su carácter a fuerza de varazos. A pesar de sus padecimientos y de que más adelante desarrolla una supuesta adaptación a la disciplina del colegio, el muchacho nunca olvida la revelación del Santo Grial y se mantiene fiel a los ideales culturales que este objeto milagroso representa.

El galés Arthur Machen, seudónimo de Arthur Llewellyn Jones (1863-1947), escribió esta novela en 1907. Considerado un continuador de la tradición de visionarios en lengua inglesa, Machen es autor del relato El Gran Dios Pan (1894), un clásico de la literatura fantástica, y de la novela corta Los tres impostores (1895), entre otras obras en las cuales también pueden encontrarse elementos góticos y decadentistas.

La gloria secreta -una de las pocas obras semiautobiográficas del autor, que escapa a los géneros que le dieron fama- se publicó originalmente en 1922 y es la primera vez que se edita en español. Presenta una estructura narrativa muy suelta en la que cada tanto intercala poemas, digresiones, leyendas y fábulas. El núcleo de la trama contrapone dos mundos: la sensibilidad humanista y contemplativa de Meyrick se enfrenta a la actitud práctica y materialista de Lupton. Machen aprovecha entonces para arremeter contra la escuela pública inglesa: satiriza su devoción por los deportes y la acusa de estimular un sadismo físico y mental en profesores y alumnos. Uno de los principales objetivos de ese sistema educativo -sostiene- es "matar, destruir, aplastar y reducir a nada" el poder de la imaginación del estudiante.

Su acerba crítica se extiende a la esfera económica cuando señala las consecuencias ecológicas de la actividad industrial y describe cómo los desechos de una fábrica contaminan las aguas de un río. Ante el horror de la modernidad, el Santo Grial significa una promesa de renacimiento espiritual.

En la visión infantil de Ambrose se sugiere que el mágico cáliz es un portal de acceso a la inmortalidad de las cosas y, más adelante, se dice que el muchacho se embarca en una aventura de orden fantástico. Sin embargo, Machen no elabora una trama concreta en torno al Grial y se conforma con preservar sus ecos místicos -recogidos del ciclo artúrico- en un plano simbólico. Hay una añoranza por una religiosidad más pura, encarnada por la desaparecida "Iglesia Celta" (un sincretismo entre paganismo y cristianismo), en franca oposición al anglicanismo en el cual el escritor galés sólo ve hipocresía y una ritualidad vacía.

Los apuntes de un cuaderno de Meyrick, su escapada a Londres con la sirvienta de Horbury y un apresurado epílogo no terminan de redondear un argumento definido. Las ideas son más importantes que el relato; la exposición ensayística, con incursiones en la crítica literaria, predomina sobre lo narrativo. Por eso, conviene valorar a La gloria secreta dentro del contexto de su época.

La gloria secreta

Por Arthur Machen

La Bestia Equilátera

Trad.: Teresa Arijón

310 páginas

$ 89

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