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La libertad de prensa y la oposición

Es menester un amplio alineamiento ciudadano en torno de la defensa de las libertades públicas y del Estado de Derecho

Martes 22 de noviembre de 2011
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La reconstitución del tejido democrático y republicano llevará más tiempo que el de la deposición de las tendencias autoritarias del presente gobierno. Ha sido votado éste, sin duda, en elecciones libres por un porcentaje considerable de los inscriptos en el padrón electoral; y, más que eso, ha sido enfrentado en tales comicios por fuerzas políticas en las cuales anidan concepciones cuya respuesta sobre los aspectos más enjuiciables de los últimos dos gobiernos no autorizan grandes ilusiones. Es como decir que, además de las fuerzas propias, el oficialismo podría reivindicar, para el ejercicio del período pronto a comenzar, el concurso más o menos previsible de facciones remanentes bajo otras banderías políticas.

En la convención de la Unión Cívica Radical efectuada el último fin de semana, una corriente de pensamiento, que al parecer estuvo preparada para hacerse del control de las tribunas más bulliciosas, denunció a la conducción del partido por haberse opuesto en su oportunidad a la reconversión de las jubilaciones privadas en jubilaciones compulsivamente públicas. También imputó a la conducción partidaria las serias objeciones formuladas a la ley de medios audiovisuales, entre otros delicados asuntos.

No sabemos con exactitud hasta qué punto los vociferantes en esa convención están vinculados con bolsones de la burocracia estable de la Anses, que se ha visto acrecentada y enriquecida por la transferencia forzosa de los ciudadanos que habían elegido el sistema de jubilaciones de su preferencia tan libremente como la mayoría electoral lo ha hecho con la candidata presidencial que volverá a asumir el Poder Ejecutivo el 10 de diciembre. No sabemos tampoco qué fines persiguen los dirigentes radicales dispuestos a exponer de modo tan abierto su coincidencia con la política de medios audiovisuales enderezada a silenciar voces críticas a cualquier precio, incluso a costa de la ruptura de elementales normas de seguridad jurídica. Haber hecho aquella imputación a días de un ataque alevoso contra distinguidos periodistas que no mereció condena alguna por parte de los funcionarios del gobierno nacional, ha colocado en papel más sorprendente todavía la actuación de un núcleo de dirigentes de la UCR.

Esa línea de pensamiento partidario ha contribuido de un tiempo a esta parte a reducir a la medida de una representación lamentablemente atenuada a una de las fuerzas políticas más vigorosas y relevantes en casi 120 años de política argentina. No es por ese lado, sin duda, como debe registrarse con estremecimiento lo ocurrido en la reciente convención radical. La preocupación debe centrarse en la fatiga y dispersión de esfuerzos en la elaboración de una estrategia para la Argentina democrática y republicana en ese partido, por un lado, y, por el otro, en la sensación generalizada de que ese tipo de apremios ha profundizado la menguante capacidad de contralor de la fuerza caracterizada en el historial político del país por la defensa indeclinable de los derechos y garantías públicas.

Ha de reconocerse un valor, al menos, en el obsesivo afán hegemónico del desaparecido presidente Néstor Kirchner cuando procuraba adoctrinar a sus seguidores sobre la conveniencia de trazar una línea divisoria imaginaria entre izquierda y derecha, y situándose él y sus seguidores a la izquierda, por considerarla naturalmente inexpugnable frente al polo contradictorio. Aunque una nomenclatura de esa clase no serviría a la larga de mucho, porque la gente, a pesar de todo, no se entrega con facilidad a otras dicotomías que no deriven de los resultados prácticos de los gobiernos, Kirchner había propuesto una metodología que no cabe desdeñar a priori en su totalidad.

Es más: acaso vaya llegando el momento de invitar a los ciudadanos más conscientes de sus responsabilidades a un alineamiento básico. Se trataría de lograr un sólido encolumnamiento entre quienes creen que las libertades públicas consagradas por la Constitución son parte de derechos esenciales que, perdidos, dejan sin bases de sustentación real al mismísimo Estado de Derecho. Entre quienes rechazan igualmente las misas paganas en las que se endiosa, merced al desenfreno publicitario pagado con fondos públicos, a personajes y políticas gubernamentales, al tiempo que se confunde Estado con gobierno y gobierno con partido.

En el fondo, sería como aceptar, en un sentido estricto, el sentido militante que no pocos voceros del oficialismo confieren a su adscripción al kirchnerismo. Pero lo sería para establecer, sin márgenes de confusión, que se está con las libertades públicas, entre las cuales la libertad de prensa tiene el valor estratégico de contribuir al fortalecimiento de las restantes libertades -desde los cultos religiosos hasta la propiedad privada-, o se está contra ellas.

Por lo que se ha visto durante la campaña electoral y ahora mismo, el debate se encuentra abierto hasta en partidos de la oposición. Sin prensa libre y sin justicia libre de presiones indebidas, tambalea la República.

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