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Desde el jardín

Impacto visual del jacarandá

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Por   | Para LA NACION

"Y mi ánimo quedó en suspenso", expresó el doctor Kenichi Arisumi, experto japonés en mejoramiento vegetal, cuando viajando por Australia vio, desde el aire, los jacarandás en flor. "Son plantas de Argentina", le explicaron. "Entonces tengo que ir a la Argentina", decidió. Y así, en febrero 1997, contratado por el recientemente creado Instituto de Floricultura del INTA Castelar, el doctor Arisumi aterrizó en Ezeiza. Los dos años que duró su permanencia en el país los empleó para estudiar las tres especies de árboles de flor que lo habían deslumbrado: jacarandá, lapacho y palo borracho, con especial dedicación al jacarandá, que lo llevó a la observación minuciosa de ejemplares en el arbolado urbano, lo que despertaba desconfianza en los transeúntes. Una de sus metas era obtener ejemplares reducidos, que se pudieran cultivar con éxito en macetas y como plantas de interior. Ese propósito no fue logrado. En cambio quedaron estudios que permiten realizar selecciones y obtener ejemplares muy mejorados en cuanto a la calidad, densidad y periodicidad de la floración. La especie es originaria de la selva tucumano-salteña, donde se lo llama tarco, -al jacarandá mimosifolia - que tiene origen brasileño. Es de la familia de las biognoniáceas, llega a ser un árbol de tronco recto, porte mediano, de casi 25 m, grandes y bellas hojas de hasta 40 cm de largo compuestas por numerosos foliolos, que caen tardiamente en primavera y dejan lugar a la impactante floración, de tan excepcional belleza hasta cuando caen. Y que han merecido una canción de María Elena Walsh: El cielo en la vereda dibujado está/ con espuma y papel de seda del jacarandá. Esas flores acampanuladas, agrupadas en grandes racimos, florecen en tonos de azul indescriptible. Engalanan ahora el paisaje porteño, pero una segunda floración tiene lugar a fines del verano, cuando florecen sus grandes racimos entre el plumoso follaje. La audacia de los aficionados ha llevado su aclimatación hasta regiones alejadas de su hábitat, de manera que aquellos que dudan sobre su posibilidad de cultivarlo que lo intenten: siempre puede haberse formado un microclima que lo proteja. Parece que quien contribuyó a esa amplitud de su dispersión fue el presidente Nicolás Avellaneda, que tal vez nostálgico de su paisaje tucumano intentó recrearlo en su entorno. La botánica reconoce cuatro especies de jacarandá aunque poco cultivadas en el país, pero en un tramo de la Avenida del Libertador florece un jacarandá mimosifolia de flores blancas. Es una bella curiosidad, pero no es lo mismo.

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