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Todo el poder de Cristina

Claudio Jacquelin

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LA NACION
Domingo 27 de noviembre de 2011
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Todo el poder a Cristina. Esa fue la conclusión más evidente que dejaron las últimas elecciones. El mes transcurrido (sí, sólo pasaron 35 días) y los hechos acontecidos no hicieron más que confirmarlo.

Por si quedan dudas, repasemos:

Cristina Kirchner suspendió durante dos días los vuelos internacionales de Aerolíneas Argentinas, reveló el secretario de Transporte.

La Presidenta resolvió terminar con los subsidios a los servicios que beneficiaban a los bancos, a los casinos, a algunos de los barrios con mayor concentración de riqueza, y, próximamente, a todos los que el Gobierno considere que no los necesitan, explicó el ministro De Vido.

CFK ordenó dar de baja todas las rutas internacionales no rentables de la aerolínea de bandera, anunciaron De Vido y Tomada.

La jefa del Estado en persona, sin necesidad de que ningún funcionario lo anunciara, enterró el proyecto de reparto de ganancias que impulsaba Hugo Moyano y sepultó la relación personal con el jefe de la CGT. En el mismo acto, la Presidenta resucitó el vínculo con los empresarios, que antes de las elecciones estaba en estado casi vegetativo.

La primera mandataria resolvió que los subterráneos de Buenos Aires pasen al gobierno de Macri.

Cristina, en público, denostó a los sindicalistas de Aerolíneas que se rebelaron contra la conducción de los jóvenes de La Cámpora, de la que habían sido inicialmente socios y beneficiarios privilegiados.

La Presidenta, en un gesto sin precedente en los últimos 8 años, les tiró la gente encima a dirigentes gremiales y trabajadores del Estado. Primero, simbólicamente, con la revelación de los nada despreciables salarios de los trabajadores aeronáuticos. Después, literalmente, al pedirles a todos los argentinos que los enfrentaran si hacían medidas de fuerza o no trabajaban por cualquier motivo, incluso cuestiones de salud.

La sucesión de menciones presidenciales no es producto de un culto a la personalidad de este columnista. En todos y cada uno de los casos la propia Cristina y sus principales funcionarios se ocuparon de revelar, destacar y poner en evidencia que todas y cada una de las medidas habían sido pensadas, ideadas, adoptadas, resueltas y ordenadas por la mismísima Presidenta.

Con audacia, innovación y sorpresa ella manejó, más que nunca, la agenda pública de los últimos 35 días. El centro de la escena política fue suyo casi sin compartirlo con nadie, salvo tenues interrupciones, como tandas de avisos molestos, por las aturdidas respuestas de algunos de sus criticados.

La Presidenta reelecta le puso el cuerpo, la firma y, a veces, la cara a cada una de las decisiones del Gobierno, aunque se contradijeran con muchas de las tomadas por ella o su fallecido esposo durante los últimos ocho años y medio.

Después de todo eso, no puede quedar ninguna duda: todo el poder es de Cristina, como dijeron las urnas. Pero ¿a cuál Cristina fue todo el poder?

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