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Constante mutación

El tiempo y la transformación de la materia son esenciales en las instalaciones de Catalina León; una de ellas puede verse en la galería Alberto Sendrós

Viernes 02 de diciembre de 2011
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PARA LA NACION
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Entre niña mimada del arte contemporáneo y diva cándida con un aire centroamericano, Catalina León sabe cómo trascender los vestidos de la belleza para desgarrar orgánicamente aquello que ningún vestuario es capaz de cubrir: la vida de los materiales, desde su existencia latente hasta su decadencia, ese tránsito donde unas hojas de gomero cosidas entre sí empiezan a ser una piel desollada colgando del techo, como si un animal gigante hubiera mudado su epidermis y marchado a ser alguna otra cosa, dejándonos un pedazo de su pasado palpitando.

En Muda , su muestra actual, las metamorfosis continúan dando frutos, sin sobresaltos ni cambios bruscos en su trayectoria, como un río que, más que torcer su recorrido caprichosamente, prefiere seguir excavando su propio lecho.

-¿Cómo surgió el nombre de la muestra?

-Al principio el nombre iba a ser otro, "La caída", con cierta asociación bíblica. Pero no me gusta mezclar explícitamente el arte con la religión, creo que hay que tener mucho cuidado, todo tiende a tergiversarse o a frivolizarse, prefiero hacer una síntesis personal y transformarlo en otra cosa. También sentía que el título me quedaba un poco grande. ¿Por qué usar nombres tan grandes para describir obras de arte? No sé cuánto se le puede pedir a una obra de arte contemporánea. No me gusta usar palabras grandilocuentes, en el sentido de no hacer que mis palabras estén a años luz de mi experiencia, de lo que pude conocer con el cuerpo. Un día se me ocurrió como título Muda y empecé a buscar en Internet asociaciones, y encontré el video de un bichito que va cambiando sus alitas y me gustó porque hacía referencia a la transformación y a esa conmoción que produce lo maravilloso que te lleva a quedarte callada. Mientras algo te atraviesa, no hay lugar para el lenguaje.

-¿Cuáles son los materiales que elegís y que encarnan las metamorfosis físicas en tu trabajo?

-El término metamorfosis aplicado a mi trabajo es paradójico porque no soy una artista que cambie mucho. No tengo preocupación por cambiar, aunque tampoco quisiera quedar atada a algo. La metamorfosis alude más bien a la elección de materiales que expongo a soportar cambios y agresiones: el durlock, las hojas, las telas?Trabajo de un modo muy despreocupado. Los uso. Puedo estar recostada sobre una tela, usarla para secar algo y que después se vuelva obra. Dejo que los materiales y que la pintura y sus rastros sigan su curso. Intervengo poco. O intervengo mucho pero sin ninguna intención, más que nada acompañando el material. Suelo usar materiales perecederos que, obviamente, van a transformarse con el tiempo.

-¿Cómo afecta el tiempo a los materiales y cómo se relaciona con tu proceso de trabajo? Por ejemplo, en Muda , salta a la vista la laboriosidad y el tiempo que lleva implícito coser tantas hojas de gomero.

-El tiempo es fundamental en mi modo de trabajar. Siento que mis obras se hacen por un proceso de maceración. Necesito dejarlas estar. Es un impulso ciego. Hay conciencia, lo que no hay es la intención de llevar la obra hacia un lugar. No hay un plan. Sólo el tiempo puede ordenar. Mis obras las hace el tiempo. Me di cuenta de que algo que había hecho y andaba tirado por ahí de pronto un día tenía sentido. Eso me empezó a fascinar. Ver cómo el tiempo vuelve a resignificar y a poner las cosas en orden. El tiempo sostiene y hace que la materia reflexione.

-Hay un tiempo que sigue transcurriendo paralelamente a tus olvidos, y otro tiempo, el de bordar por ejemplo, más controlado.

-Siempre estoy presente. Aun en la distracción estoy ahí. También el tiempo tiene que ver con una política de trabajo. Si bien mi obra no es explícitamente política, mi posición con respecto al proceso sí lo es. La demanda externa no determina mi obra.

-¿Cómo se llevan estos tiempos con los deadlines ? Una muestra, un concurso, por ejemplo.

-No se llevan.

-¿Tenés que decir que no muchas veces?

-Muchas. Si no la obra ¿con qué está dialogando? ¿Desde dónde está surgiendo? ¿Para qué? ¿Para complacer a quién? Creo que hay artistas para los que el deadline funciona, los impulsa a producir y saca lo mejor de ellos. No es mi caso.

-¿Cómo te llevás con el mercado de arte -si es que existe tal cosa- al desarrollar una obra difícil de coleccionar, por el formato y por lo perecedero?

-Cuando vendo una obra me pongo contenta. Es dinero que me permite seguir produciendo. Pero eso no invade mi trabajo ni por una fracción de segundo.

-Si te ingresara un gran caudal de dinero para producir, ¿cambiarías tus materiales o escalas?

-Creo que no. Me gusta la escala humana de mis obras. Tal vez es una cuestión moral? o absurda? ¡Pero no puedo ocupar tanto espacio! Me interesa más lo que la intimidad tiene para dar.

-Si bien tus obras no son monumentales, sí dan la sensación de que hubo más de una persona trabajando en ellas. Un sello muy personal que alberga un trabajo comunitario.

-Sí, es real que me ayudan mucho. En este animarme a perderme después necesito mucha ayuda, alguien que me diga "por acá sí". Jamás hago una obra sola. En esta muestra me ayudaron mi hermano José, que es artista, Celina Ezeiza, los vecinitos que jugaban a mi alrededor en mi taller anterior y alteraban la obra, Lidia y su marido, Agustina, Florencia, Guillermo, Hernán, Nicanor, Laura, María, Sonia, Barbie, Fabián, Dani? Entonces, en mis obras aparecen diferentes voces en los detalles que, en una mirada general, se unifican.

-¿Qué te llevó y te sigue llevando a ser artista?

-El interés en hacer convivir armoniosamente cosas que en principio parecían contradictorias u opuestas. En el arte encontré el terreno donde yo no me veía obligada a hacer una sola cosa sino que podía ser en estado de contradicción.

Ficha. Muda , de Catalina León, en Alberto Sendrós (Pasaje Tres Sargentos 359), hasta el 7 de diciembre

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