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Desde el jardín

Los yuyos son los pobres del mundo verde

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Por   | Para LA NACION

Considero oportuno hablar de yuyos. En primer lugar porque la primavera lluviosa estimuló su aparición y multiplicación, y luego porque he hallado que su presencia puede sugerir connotación navideña.

En efecto, los yuyos son los pobres del mundo verde que se empeñan en cubrir la tierra. Son los desconocidos, indiferenciados, armoniosos y vitales que visten de verde los más insólitos lugares, a los que les alcanza un poco de luz y una rendija entre las baldosas para asomarse y decir acá está la vida; son los tenaces y perseverantes sobrevivientes de una lucha desigual.

Sabemos que toda planta es yuyo en alguna otro lugar, pero ellos son los colonizadores, los que señalan el camino. Cuando se construye una ruta o un gran edificio, y se extrae tierra, generalmente es tierra gredosa, pesada, que parece infértil e incapaz de alojar alguna vida. Sin embargo, sin otro estímulo que su propia fuerza, ahí aparecen los yuyos. Recuerdo, siendo yo muy pequeña, que se había establecido en la vecindad una familia italiana y cómo, con asombro, llevamos a casa la noticia ¡los vecinos comen yuyos! Es que hacían ricas ensaladas, crudas y cocidas, con las achicorias de los yuyales.

En el libro La vida de las plantas, el botánico inglés E. J. H. Corner nos llena de magia cuando dice que el porte herbáceo es el resultado de la evolución de las fanerógamas árboles (árboles con flores) y que cuando las hierbas se ven en gran profusión y variedad en los países templados, particularmente en la comunidad agrícola y urbana, su origen no se ha de intentar encontrar con un punto de vista estrecho, en las comunidades locales, sino que se debe contemplar en épocas lejanas del tiempo geológico como resultado de la formación de la hierba en la hilea (nombre dado por Humboldt al bosque vigoroso de las regiones tropicales) o a su alrededor. Lo cual quiere decir que el yuyal tiene una historia más rica de la que imaginamos, ya que significaría la adaptación de los grandes vegetales a formas más pequeñas y eficientes, como son las hierbas.

Pero también los yuyos -el yuyal- pueden ser producto de las circunstancias. Cuando una especie vegetal no tiene límites para su expansión, porque se la ha trasladado a lugares donde no encuentra competencia, se hace invasora como un yuyo. Así ocurrió en Sudáfrica con nuestra Acacia mansa Sesbania punicea, que invadió arroyos y embalses, y hubo que limitarla llevando una mariposita que la parasita y es su limitante natural.

Pero nuestra tierra, rica y generosa con todos los hombres del mundo que han venido a poblarla, también lo es con las plantas y, a menudo, en agricultura enciende alarmas cuando aparece un yuyo nuevo que se haga invasor. Sin embargo, hace unos años, una gran empresa farmacéutica compró miles de hectáreas de tierras, con su vegetación silvestre en América Central, para que nadie las alterara, considerando que puede haber allá yuyos con potencial medicinal que luego serían medicamentos valiosos para la vida.

Muy acertadamente se pensará que esta charla no tiene nada que ver con la Navidad, pero la idea es que todo propósito generoso, que busque aliviar dolores y males a la gente, tiene que ver con los sentimientos que queremos expresar en estos días. Así que, para todos, feliz Navidad..

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