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Opinión

El poder enferma o la enfermedad del poder

Política

Por   | Para LA NACION

Un dato estadístico que impacta y llama mucho la atención es la casuística reiterada de presidentes latinoamericanos sufriendo patologías cancerosas. Empezando por Dilma Roussef, de Brasil, que se recuperó de un linfoma en la axila izquierda, que le fue extirpado, o el caso de Fernando Lugo, en Paraguay, también con un linfoma; el tratamiento que actualmente debe seguir el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, por una patología similar, y sin olvidar el caso de Alvaro Uribe, que pasó casi inadvertido: sufrió una infección precancerosa, llamada queratosis actínica, que es una afección de la piel. Si a esta secuencia agregamos el caso de Cristina Kirchner, es un dato inquietante y curioso de este momento.

Algo tiene que haber ocurrido en el caso de Cristina Kirchner para que sus médicos hayan decidido hacer un chequeo tiroideo, que no es propio de una rutina. Estuvo muy bien quien pensó que era necesario investigar la posibilidad de una afección así, porque encontró la patología en un momento oportuno desde el punto de vista médico: porque está localizada, no se ha extendido a los ganglios y no tiene metástasis. Esto es muy importante y positivo porque augura un muy buen pronóstico.

El tratamiento, en estos casos, consiste en la extirpación quirúrgica del lóbulo tiroideo, un control y lo que se llama la terapéutica de reemplazo, que consiste en el suministro de la hormona tiroidea, a través de un medicamento, para compensar el déficit de producción que origina la extirpación de ese lóbulo.

La operación es delicada y en buenas manos no tiene ningún riesgo importante. Además, la gente del Hospital Austral es de primer nivel.

Esta circunstancia pone de manifiesto, una vez más, la asociación muy fuerte que existe entre poder y enfermedad. Y, obviamente, marca el impacto político que una afección de este tipo puede provocar en una presidenta con un concepto absolutista del poder, sin delegación, con lo que el impacto político seguramente se va a sentir mucho más.

Es raro pensar que en estos días de convalecencia la Presidenta se alejará del trabajo administrativo. Conociendo como es el ejercicio del poder en la Argentina, es impensable que se desinterese de la gestión pública, y más aún si se tiene en cuenta su estilo de mando, que ha exhibido en estos años. También hay un componente personal de la familia Kirchner sobre el que hay que reflexionar. Dado lo que ya pasó con Néstor Kirchner, hay una saga que se abate sobre esta familia, que es un dato que impacta aún más.

Cuando uno habla de que el poder enferma y la enfermedad del poder, se ve, por la reiterada casuística que exhiben la historia y el presente de América latina, que no es una frase hecha, sino que es parte de una realidad.

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Hoy en la edición impresa de La Nación, más información, más análisis y más abordajes sobre la enfermedad que aqueja a la Presidenta de la Nación .

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