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Editorial II

Los niños y la violencia social

Opinión

Los adultos deben asumir la responsabilidad de apoyar a los chicos en el respeto por sus derechos amenazados o vulnerados

LAS sociedades contemporáneas están mostrando un crecimiento alarmante de los hechos de violencia y la nuestra, desgraciadamente, no es ajena al fenómeno. Lo que más alarma es que, aquí, en la Argentina, los niños parecen haberse transformado en uno de los sectores más vulnerables a ella.

La crónica diaria ha sido reflejo vivo en los últimos meses de esta situación. Casi sin solución de continuidad se han sucedido las muertes violentas de Candela, Tomás y Gastón, todos hechos aberrantes cuyos autores aún no han sido identificados a pesar del tiempo transcurrido, y ante los cuales la comunidad no ha podido terminar de reaccionar ni asumir su cuota de responsabilidad.

Desgraciadamente, hay también otras formas de ejercer violencia sobre los niños, que, si bien más sutiles, no son por ello menos devastadoras. Una de las últimas y que más alarmó a la opinión pública fue el "escrache" que se les impuso a niños de preescolar -es decir, de entre 4 y 5 años- en un jardín de infantes de la provincia de Buenos Aires y durante el acto de fin de curso, porque sus padres se habían atrasado en el pago de cuotas, algo muy similar a lo que había ocurrido tiempo atrás con una niña en Salta.

Según un estudio encargado en 2001 por la ONU, cinco son los distintos entornos en los cuales tiene lugar la violencia contra los niños y los adolescentes: la familia, la escuela, las instituciones de detención y protección, los lugares donde los niños y las niñas trabajan, y su comunidad. El estudio tiene en cuenta la definición del Informe Mundial sobre la Violencia y la Salud de 2002: "El uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones".

En noviembre pasado, la prestigiosa ONG argentina Periodismo Social también presentó otro informe sobre "La violencia en las escuelas, la violencia en los medios", en el que se analizaba la forma en que se vuelcan las noticias referidas a niños y adolescentes como protagonistas de esa violencia: los artículos periodísticos mencionaban "escuelas violentas", "jóvenes violentos", "violencia escolar", instalando de manera casi subliminal la idea de que los jóvenes son cada vez más violentos, cuando en realidad ellos son más bien víctimas de una violencia que atraviesa hoy toda la sociedad y de la cual son responsables en parte o totalmente los adultos.

Resulta entonces que nuestros niños y nuestros adolescentes están entre la espada y la pared frente al juicio social. Por un lado, asisten, en particular en la televisión, pero también en Internet, a espectáculos decididamente violentos (incluso dentro del famoso "horario de protección al menor"), y por otro, son considerados muchas veces, como lo señala el informe de Periodismo Social, protagonistas de episodios de violencia (en la escuela, en la calle) que la mayoría de las veces son una reacción desesperada de su parte ante situaciones económicas o sociales que ellos no pueden cambiar.

Por eso, una vez más, es necesario apelar a la responsabilidad de los adultos, desde los padres y maestros y profesores hasta aquellos que por alguna razón están a cargo de niños y adolescentes. Es a ellos a los que nuestra sociedad debe brindarles en todo momento orientación, información y apoyo -de hecho, hay entidades que se ocupan de esos temas tanto en el ámbito público como en el privado- para que a su vez puedan orientar, informar y apoyar a los niños y adolescentes en el respeto por sus derechos, tantas veces amenazados o vulnerados..

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