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Ma-Pa para adolescentes

Sábado 07 de enero de 2012
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PARA LA NACION
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Desde tiempos remotos, los seres humanos se han organizado, se han puesto de acuerdo fijando convenciones, diferenciando lo propio y lo ajeno, demarcando límites individuales, grupales, territoriales. Para eso han creado y perfeccionado instrumentos que, en cuestiones político-geográficas, llevaron por ejemplo a la invención de mapas.

Un mapa puede orientar al usuario en alguna ciudad desconocida, hablar desde un GPS para permitir llegar al destino deseado, enseñar acerca de los límites de un país o una región. Orientar, hablar, enseñar sobre los límites de un territorio.

¿Pero qué sucede en territorio adolescente? Todo aquello que supone la puesta de un límite es visto desde la mirada adolescente como limitante y, por lo tanto, aquel que sufre su imposición adquiere la categoría de limitado.

Para el adolescente en plena ebullición de energía, ideales y construcción de la autonomía, el adulto oficia de freno a sus libertades. Las sensaciones imposición-sufrimiento-limitaciones contra mi libertad y el soy un limitado se mezclan en una espiral negativa que aleja cada vez más la posibilidad de diálogo y mutuo entendimiento. Y muchas veces es lógico que lo sientan así, cuando los adultos ponen un límite de manera caprichosa y sin dar explicación alguna.

Espero el fin de semana para descontrolar, por fin en vacaciones puedo vivir ilimitadamente, en el viaje de egresados vale todo, son clichés habituales entre los que rondan los 17 y 18 años. No es casual descubrir que en las tres situaciones el denominador común es la ausencia de adultos, especialmente la de los más importantes y decisivos: los padres.

¿Y si fuera posible revertir esta sensación de ausencia? La verdadera libertad no se encuentra por el simple hecho de aislarse de los mayores negando su existencia, sino aprendiendo a respetar las particularidades, los espacios generacionales y conviviendo con ellos. El rol indelegable de los padres en la familia consiste en promover el acercamiento a los adolescentes y enseñarles a crecer, a conjugar los sí y los no, los frenos y avances en el recorrido, en un delicado equilibrio.

El peor obstáculo en la dinámica familiar es la polarización: un padre que siempre concede de manera pasiva y permisiva, y el otro que carga el rol de ser el malo de la película. El riesgo es caer en la tentación de ser un padre moderno y sucumbir ante el implacable vos nunca me dejás salir y la mamá de fulanita la deja volver a cualquier hora. Ceder significará confundir a los chicos, nublarlos, sin límites claros ni nociones de cuidado personal para protegerse cuando la adversidad los encuentre solos, fuera de casa, sin más armas que sus propios criterios.

Cuando los no escasean domina el vale todo, el facilismo y la pérdida del valor del esfuerzo y compromiso para conseguir los logros. Se diluye además la gran posibilidad de experimentar el valor de ser responsables, conociendo y previendo las consecuencias de nuestros actos. ¿Y si se propone recuperar un sí guiado? Los adolescentes necesitan para su desarrollo psicológico los fines de semana, las vacaciones y el viaje de egresados. No se trata de anularlos y encerrarlos compulsivamente en casa, puertas adentro, sino de ofrecerles los mapas verdaderos que les faciliten entender los límites como la herramienta que les permitirá seguir disfrutando positivamente de la etapa adolescente.

Hacen falta madres y padres guías, que indiquen sanamente cómo es la geografía familiar, que marquen las líneas blancas y amarillas de la ruta que contengan al auto por el camino, que prevengan a los hijos de los riesgos y que a la vez les permitan gozar del paisaje.

El desafío para los padres es convertirse en cartógrafos para sus hijos. Que a pesar de sus dudas, temores y crisis (los propios accidentes geográficos) sean capaces de señalarles el norte para sus vidas. Ponerles límites sonará entonces distinto para sus oídos, porque aunque no lo confiesen, sino hasta que ellos mismos sean abuelos, habrán valorado mucho más esas buenas intenciones en marcarles el camino.

Aunque los adolescentes despotriquen y pongan el grito en el cielo es fundamental lograr comunicarse de manera que sus frases empiecen con Ma, ¿puedo ir a tal lado?, Pa, hoy me pasó que... Que los padres estén y se sientan presentes. Cuántos más Ma y Pa se escuchen en casa, más se estará avanzando junto con ellos.

Ma y Pa: el verdadero Ma-Pa para adolescentes. Aquellos que orientan, hablan y enseñan sobre los límites a sus más queridos.

El autor es psicólogo y coordinador de Vivamos Responsablemente, programa educativo de Cervecería y Maltería Quilmes

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