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Los vecinos se organizan para mejorar su calidad de vida

Sábado 07 de enero de 2012
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PARA LA NACION
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"Queremos ser protagonistas, no sólo usuarios o consumidores. Queremos ser ciudadanos", dijeron un día los vecinos de la localidad Cuartel V, en el partido de Moreno, provincia de Buenos Aires. La necesidad hizo a la fuerza. La falta de gas natural forjó a que se agruparan, y conforman desde 2006 Comunidad Organizada, una cooperativa de servicios públicos. Hoy, cinco barrios de la localidad, es decir, 4500 familias, no compran más gas en garrafa.

Existen numerosos casos como el de Cuartel V, donde la falta de servicios básicos de infraestructura urbana -asfalto, luz, gas, agua- hace que los vecinos se agrupen, y con la ayuda del tercer sector y del Estado gestionen el acceso a las prestaciones.

Así lo refleja un relevamiento que realizó Un Techo para mi País (Utpmp) en 30 partidos del Gran Buenos Aires. En relación con la participación comunitaria, en el 63,4% de las villas y los asentamientos los vecinos se organizaron para gestionar el acceso a los servicios básicos, logrando en el 58,2% de los casos contar con los suministros.

Tal es el caso de los vecinos del barrio Tierra y Libertad, en Ciudad Evita, partido de La Matanza. Acordaron, entre todos, hacer las veredas por medio de Fontecho, herramienta que brinda Utpmp para financiar parcialmente los proyectos comunitarios que presenten y quieran hacer en las mesas de trabajo vecinales realizadas en las localidades donde Utpmp está presente.

"Ya hicimos 2000 metros de veredas -cuenta Carlitos, referente del barrio desde que se creó, hace tres años y medio-. Ellos nos financian un 60% de los proyectos que nosotros decidimos hacer, otro 30% lo tenemos que conseguir por medio de donaciones de terceros, y nosotros aportamos el 10%, realizando actividades en el barrio como bingos, rifas, ferias, salimos a vender porciones de torta."

Walter también vive en Tierra y Libertad. Especialista en panadería y pastelería, dicta un taller todos los sábados para que los vecinos aprendan su oficio. "Somos 250 familias que tratamos de hacer siempre algo por nuestro barrio. Si nos quedáramos esperando la ayuda del Estado esto sería una villa. Nosotros somos un barrio bien constituido -afirma Walter-. Ya gestionamos que nos pongan un medidor de luz propio -actualmente la extraen del barrio lindero Un Techo para Todos-. El cableado y los postes los pusimos nosotros, al igual que la instalación de agua."

Desde la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) explican que por lo general, "ante un Estado que no coloca los servicios básicos ni cumple con los derechos de los habitantes a tener acceso a dichas prestaciones, todo lo que puedan hacer los vecinos prescindiendo de él lo realizan -sostiene Luciana Bercovich, coordinadora del programa Red de Trabajo en Villas Urbanas en la ACIJ-. Ahora, las conexiones que realizan son informales e inseguras, porque justamente no cumplen con los estandartes de calidad".

Y afirma: "Hay cuestiones que por más buena voluntad que pongan los habitantes no pueden conseguirlas solos. Muchos barrios están organizados y nos piden acompañamiento jurídico, capacitación y buscar las mejores herramientas para hacer cumplir sus derechos".

A unos metros de Tierra y Libertad, en el barrio El Gauchito, Rocío - más conocida como Roci - vive con sus 4 hijos y su esposo. Referente del lugar, junto con Cecilia y Nina, Roci pintó con sus manos los carteles que hoy señalizan las calles del barrio.

"Votamos con el Fontecho hacer los carteles porque fuimos a pedir ayuda al municipio y prácticamente nos dijeron que no existíamos, que teníamos que urbanizar -alega Roci-. Queremos hacerles saber que existimos, que estamos acá. Queremos pagar por los servicios para que nuestro barrio esté limpio y prolijo."

Accionar conjunto

Todos los proyectos en materia de servicios básicos de infraestructura, sobre todo aquellos a largo plazo, requieren de la adhesión, el compromiso y, por sobre todas las cosas, del accionar conjunto de los vecinos del barrio.

"Un proyecto de esta magnitud -explica Silvia Ebis, de Comunidad Organizada-, más de 77.000 metros de cañerías para llegar a 4500 familias, requería sí o sí del involucramiento de muchos actores: la empresa proveedora de gas de la zona, el Estado -tanto en el aporte de fondos como aprobaciones administrativas y técnicas-, las ONG, actores clave para recaudar fondos. Pero lo más importante era que los vecinos participaran del proyecto."

Lo primero que hizo la comunidad de Cuartel V fue sacar la cuenta de cuánto gastaba en garrafas por año: más de 3 millones de pesos. "Cambiando el sistema reducíamos el costo en un 60%. El secreto estaba en la sustitución: teníamos que dejar de comprar garrafas y con el ahorro generado pagar la red. Así salimos a buscar fondos y desarrollamos una propuesta de financiación de la red domiciliaria a medida de cada familia, lo que demandó crear un fideicomiso con planes de financiación de más de 15 años -cabe aclarar que la iniciativa comenzó a forjarse en 2000-", explican desde Comunidad Organizada.

El proyecto sólo funcionaba si la mayoría participaba. "El costo prorrateado entre todos no era igual a que si sólo lo pagaban algunos", comenta Ebis. Así, para la firma de contratos realizaron reuniones manzana por manzana, sumadas a asambleas barriales, talleres en las escuelas con niños, publicaciones de diarios y eventos culturales. "Este fue el principal trabajo de Comunidad Organizada: hacer que los vecinos nos asociemos mayoritariamente en un proyecto a largo plazo y que creamos en el poder de la organización colectiva", asevera Silvia.

Boca a boca

En Benavídez, 15 familias del barrio Esperanza comparten el mismo sueño: construir su propia casa. Así, algunos se enteraron por vecinos del distrito que la Fundación Sagrada Familia junto a Cáritas -entidad que impulsa el Programa de Viviendas Cáritas Argentina, financiado con fondos de la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Nación- buscaban familias que tuviesen un lote propio con papeles y que no hubiesen podido construir su casa.

"Tardamos seis meses porque es difícil encontrar en el conurbado bonaerense familias que cumplan con estos dos requisitos -explica Celeste Fisch, coordinadora técnica de Proyectos en Fundación Sagrada Familia-. Hicimos mucho boca a boca y finalmente conformamos el grupo. Se trabajó durante dos meses contándoles cómo iba a ser la casa, el presupuesto, la obra y la dinámica de trabajo del proyecto que, por lo general, dura un año."

Así, las 15 familias son partícipes de la construcción de sus propios hogares: arman un reglamento de trabajo donde cada grupo pone sus propias reglas y establecen qué rol va a cumplir cada uno durante la construcción de las viviendas. "Trabajamos todos los domingos y nos reunimos una vez por semana para planificar lo que se va a hacer el fin de semana siguiente. No es que nos regalan la casa. Trabajamos todos en la construcción de la vivienda de cada vecino del grupo", cuenta orgullosa Claudia, partícipe del proyecto. Y todos dicen: "Somos distintos, pero en el fondo tenemos el mismo sueño".

Cabe señalar que todos estos proyectos requieren creer en el otro, tanto en los vecinos como en las ONG que se acercan a ayudar. "Hay que confiar y eso cuesta. La gente que estafa está. Resultaba difícil pensar en que íbamos a tener nuestro hogar terminado en poco tiempo. Ahora veo mi casa y no lo puedo creer", expresa Juan Carlos, en la reunión semanal del grupo.

Desde el barrio El Gauchito, Cecilia y Roci concuerdan con los vecinos de Esperanza: "Hay veces que la gente no cree que lo que uno le está diciendo se va a cumplir, porque desconfían. Cuesta que todos nos pongamos de acuerdo, pero es nuestro compromiso como parte de la comunidad: insistir, trabajar y salir adelante", apunta Cecilia, y Roci añade: "Ahora vamos a hacer un bingo para recaudar fondos. Vamos por las veredas para todo el barrio".

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