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La salud presidencial provoca distintas posturas periodísticas

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LA NACION
Lunes 09 de enero de 2012 • 10:21
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Las polémicas repercusiones por el cambio de diagnóstico tras la intervención quirúrgica a la que fue sometida la Presidenta y la aparición sin vida del cuerpo de la maestra de Tigre son los temas que hoy dominan a la prensa matutina.

• Clarín se defiende del malestar que ocasionó su incisivo título principal de ayer ("La Presidenta fue operada por un cáncer que no tenía") y redobla la apuesta en el texto inicial de su editor general adjunto, Ricardo Roa. "Cristina no tenía el cáncer que habían anunciado sus médicos. Y en lugar de explicar qué es lo que pasó, cargan sobre Clarín". El periodista afirma que el diagnóstico inicial fue equivocado y que "fue operada sin necesidad y le extirparon inútilmente la tiroides".

• Además de título principal en tapa ("El Gobierno admite que el diagnóstico estaba equivocado"), Clarín convierte la controversia en "tema del día". Todos los títulos de la producción ratifican con contundencia la tesis de Roa ("El Gobierno admitió que hubo un diagnóstico errado"/ "Cristina pidió ver sus análisis y ordenó difundir los resultados"/ "En tres estudios, el cáncer se transformó en tumor benigno" / "El impacto psicológico de un cambio de diagnóstico").

• Clarín reproduce, como el resto de los diarios, un documento clave: el estudio histopatológico fechado el 22 de diciembre que habla de una citología compatible con carcinoma papilar de células foliculares", distinto a la certeza con la que cinco días más tarde el vocero presidencial, Alfredo Scoccimarro, hizo el anuncio ("Se detectó la existencia de un carcinoma papilar en el lóbulo derecho de la glándula tiroides").

• Leonardo Mindez comienza su crónica central afirmando que "en la búsqueda por aclarar el sorpresivo cambio de diagnóstico de la Presidenta, su equipo médico difundió ayer un comunicado en el que afirma que ‘afortunadamente’ la Presidenta ‘ingresó en el margen estadístico’ del dos por ciento de los diagnósticos errados o ‘falsos positivos’, es decir, aquellos pacientes a los que se les diagnostica un tumor maligno que luego de extirpado y analizado se descubre que no era tal".

• Roa, afilado, comenta que eso "es lo mismo que decir que Cristina Kirchner ha tenido la suerte de que se equivocaran al diagnosticarle cáncer de tiroides, como pasa con apenas dos de cada cien pacientes".

• El título principal de La Nación ("Negó la Casa Rosada errores en el tratamiento de la Presidenta") dice casi exactamente lo contrario que el de Clarín ("El Gobierno admite que el diagnóstico estaba equivocado"). Uno pone el énfasis en la palabra "tratamiento"; el otro en "diagnóstico".

• En nota firmada en tapa por la periodista especializada en temas de salud, Nora Bär, califica a la tiroides como "una glándula ‘endiablada’", y llega a la conclusión que "según los consensos existentes, todo paciente con nódulos ‘compatibles’ con un carcinoma tiene que operarse". Su opinión es concluyente: "Según los consensos existentes, todo paciente con nódulos ‘compatibles’ con un carcinoma tiene que operarse".

• Carlos Pagni, en una columna titulada sugerentemente "Mala praxis…del Gobierno", subraya que "si está tan claro que 2 de cada 100 neoplasias se presentan como malignas en los análisis preliminares, pero benignas en el análisis histopatológico final, ¿por qué no se lo aclaró antes de que se presentara ese error? Se hubiera evitado que un argumento aceptable parezca, una vez producidos los hechos, una coartada".

• Según una versión que consigna Pagni, otro estudio posterior realizado por el servicio de Patología del Hospital Austral "determinó la existencia de una alteración celular, pero no concluyó que fuera un carcinoma. Es muy relevante esta disidencia, porque estaría indicando que no se trató de un ‘falso positivo’, es decir, de un error inevitable por la deficiente información de la muestra, sino de una equivocación del patólogo que realizó el primer examen".

• El columnista le apunta al equipo médico presidencial: nunca quedó claro "cuáles son los desarreglos cardíacos que sufre la jefa del Estado. De tanto en tanto se comunican perturbaciones misteriosas que la obligan a suspender actividades oficiales". El remate de Pagni es inquietante: "Todas estas irregularidades obligan a preguntar si el Gobierno no está tratando al cuerpo de la Presidenta con la misma negligencia con que administra la moneda, el comercio, la energía o la aeronavegación. Sería gravísimo".

• Naturalmente los diarios oficialistas se muestran más que ofuscados con las sospechas que comenzaron a correr en torno del manejo informativo de la salud de la Presidenta. "Con el cáncer no se juega", titula Crónica. "El ‘falso positivo’ –afirma el popular tabloid– sólo puede verificarse una vez extraído el órgano afectado".

• Crónica y BAE comparten un mismo editorial intitulado "Desear el mal, como un plan sistemático". Afirma su texto que "sin límites éticos ni profesionales, los diarios Clarín y Perfil lamentaron ayer tener que publicar que la Presidenta no está enferma de cáncer". En cambio cita, en larga parrafada, las explicaciones médicas consignadas en la edición de ayer de La Nación.

• Tiempo Argentino titula que "el informe médico del laboratorio Maipú desmiente al diario Clarín" y su vicedirector, Gustavo Cirelli, habla en la tapa de "Clarín y la mala praxis". Página 12 sigue el tema sin tanto despliegue ni pasión, más entusiasmado por poner en primer plano que "una mujer denunció a su padre, Raúl Martins, ex agente de la SIDE, por manejar centros de prostitución".

• Fernando González, director periodístico de El Cronista, escribe que "es seguro que alguien se equivocó con algo tan sensible como la salud presidencial. O los médicos erraron el diagnóstico, o el Gobierno sobredimensionó la comunicación de la enfermedad, tentación en la que el kirchnerismo ya ha caído con otros asuntos donde se mezclan lo humano y el poder".

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