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Historias de dudas, certezas a medias y esperas angustiosas

Los dramáticos casos de dos parejas que debieron recurrir a los exámenes genéticos

Viernes 13 de enero de 2012
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Rocío descubrió que estaba embarazada en plena crisis: después de dos años la relación con Damián se había deteriorado y había ido cobrando protagonismo Pablo, su novio de toda la vida, de quien se había enamorado a los 16. Decidió volver con él y al poco tiempo descubrió que estaba embarazada. Pablo entró en pánico. Le dijo que la amaba pero que no podía soportar la idea de que el bebe fuera de otro. Le sugirió volver con Damián y desapareció de su vida.

Rocío habló del tema con su ginecólogo y al analizar las fechas del embarazo concluyeron que el bebe era de Damián. Entonces, decidió volver con él, no sin antes poner sobre la mesa todas las cartas: le dijo que no estaba segura de que el hijo fuera de él, pero que era lo más probable. Damián lo aceptó y se mudaron otra vez juntos.

Pintaron la casa, le hicieron el cuarto a la beba, que se dejó ver en la segunda ecografía, y juntos decidieron llamarla Mercedes.

Pero durante el embarazo la relación no mejoró. "Por momentos, sentía que mi vida se me había ido de las manos. Iba a tener un hijo con la persona que no amaba. Damián estaba tan seguro de que la beba era suya y las fechas daban, así que yo dejé de dudar", cuenta Rocío.

Cuando llegó el momento del nacimiento, la familia de él estaba muy emocionada, fue todo un revuelo la llegada de la primera nieta. Pero cuando Rocío tuvo en brazos a la beba, sintió una puntada en el pecho. Había algo que no podía fallar: Damián es rubio y Pablo, morocho. Y Mercedes era morocha y el vivo retrato de Pablo.

Cuando la alegría de las visitas se calmó un poco, Rocío le confesó su angustia a su madre: "¿Estoy loca o es igual a Pablo?". "¡Ay, menos mal que lo decís, sí, es igual!", le respondió.

Lo que siguió fueron momentos muy difíciles: planteárselo a Damián y a la familia. Anotar a la beba con el nombre que habían elegido juntos, pero con el apellido de ella... Hacerse la prueba de ADN y esperar el resultado.

Fueron a buscarlo juntos al laboratorio y les dieron dos sobres: uno para ella y otro para él. Caminaron por el largo pasillo hacia la salida, con la convicción de que ése era un momento definitorio. Se sentaron en una escalera y leyeron juntos el resultado del sobre de Damián: "Compatibilidad: cero por ciento". Significaba que Mercedes no era hija suya.

Subieron al auto y los dos lloraron por veinte minutos. Habían vivido el momento más triste. "Estábamos sentados ahí, sin saber qué hacer y entonces vi pasar en bicicleta al hermano de Pablo. Rarísimo, pero fue como un mensaje de «dale, animate, que viene algo bueno para vos». Lo bueno era que Mercedes era hija del hombre que amaba, mi vida empezaba a recomponerse. Lo malo, que no había vivido con él el embarazo y el vacío que sentía Damián", recuerda Rocío.

***

Mariano estaba solo desde hacía varios meses. Una amiga le ofreció presentarle a la prima de su novio. Salieron los cuatro y después, salieron solos. Se vieron un par de veces, hubo buena onda, pero no amor. A ella le pasó lo mismo. Después, no se vieron más. Pasaron más de dos meses. Entonces, ella volvió a llamarlo, le pidió de encontrarse y ante las evasivas de él, se lo confesó por teléfono:

"-Estoy embarazada y es tuyo.

-¡¿Qué?!

-Eso, que estoy embarazada.

-¿Pero estás segura?

-Sí, acá tengo el resultado.

-No, digo, de que es mío..."

Se hizo un profundo silencio. Por más que la pregunta fuera horrible, también era lógica, ya que Paula y Mariano no eran nada. Habían salido, habían tenido relaciones y habían dejado de verse sin más explicaciones.

El panorama para Mariano se volvió negro. Tuvo una conversación con su hermano, que le habló de las pruebas de ADN prenatal. Se lo propuso a Paula, pero ella le explicó que prefería esperar al nacimiento, por temor a los riesgos.

"Mirá, si te hacés cargo y no es tuyo, vas a sufrir, pero a la larga lo vas a superar. Ahora, si no te hacés cargo, y después resulta que es tuyo, no te vas a perdonar en la vida no haber vivido como padre este embarazo", le dijo su hermano.

Entonces, Mariano decidió afrontar el riesgo. Acompañó el embarazo, se emocionó con cada ecografía, compró escarpines y batitas. Cada vez que compraba algo, se preguntaba qué pasaría si el bebe no era suyo. Con esa duda íntima estuvo el día del nacimiento en la clínica. Pero para él, el verdadero parto fue el día del análisis de ADN, dos semanas después: era hijo suyo. Cuando leyó el resultado, lloró como un chico.

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