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Rescate emotivo (no pasa res)

Una función especial del personaje entrañable que creó Walter Velázquez

Sábado 14 de enero de 2012
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LA NACION
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Concepción, dirección e interpretación: Walter Velázquez / Arreglos: musicales: Luis Sticco / Vestuario: Soledad Galarce y Melania Lenoir / Luces: Ricardo Sica / Asistente de dirección: María Jimena López / Producción ejecutiva: Andrea Feiguin / Funciones: hoy, a las 22, en Guapachoza, Jean Jaures 715 (6091-4890) / Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: muy buena.

Don Carlos Calostro Meconio fue payaso toda su vida. Ahora tiene 84 años -muy bien llevados- y vive solo, en un geriátrico. Cada tanto, se escapa para hacer un show de tangos y charlar un poco con sus eventuales espectadores, interlocutores, amigos, socios de la risa. Allí adonde caiga, Calostro se planta, en blanco y negro, con sus años vividos a cuestas, con mucho de nuestros papás, pero "en payaso". Es un poco "guaso", sí, pero tiene la combinación perfecta de humor, ternura, sabiduría y hasta comprensión. Don Calostro Meconio es ese amigo mayor que muchos quisieran tener, para proteger y ser protegidos. Un amigo que cuente algunos chistes, que cante unos tanguitos, que convide unos quesitos y unos salamines con un buen tintito. Pero sobre todas las cosas, que sin darte cuenta, ese eventual "amigo" abra los ojos y vea cómo se puede vivir la vida, cómo se la vive y cómo la viven los demás. Un poquito de anécdotas, algo de memorabilia, mucha poesía, chispazos de humor y, sobre todo, un abrazo gigante, inmenso y amoroso a la ancianidad.

Este payaso de voz tan áspera como simpática hace respetar sus años y consigue que todos aquellos que lo acompañen tomen conciencia de que todos llegaremos a esa etapa de la vida donde uno se va quedando solo, donde los años pesan y uno sea puro recuerdo y experiencia.

Walter Velázquez -reconocido actor y director- está en el alma de Don Carlos Calostro Meconio y es él quien tiene ese amor profundo, ese respeto cálido, por sus mayores. No está de más contar que periódicamente suele llevar este espectáculo y a su personaje a instituciones y geriátricos para compartir risas, complicidades y abrazos con quienes allí están internados. Velázquez logra una comunión fresca con el público en esta propuesta donde la consigna podría decirse que es "compartir". Se acompaña de buenos músicos, de invitados y de una pantalla en la que proyecta vida... y algún que otro llamado de atención. Su segmento sobre la guerra es elocuente y feroz.

Ojalá vuelva con más funciones. Es que últimamente está muy requerido en España también.

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