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Cada domingo, la música de la década del 20 vuelve a la Munich

En la mítica cervecería de la Costanera Sur se realizan visitas guiadas con canciones de la época

Lunes 16 de enero de 2012
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LA NACION
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La soprano Silvia Antonic, con un chal largo y una cartera brillante, canta y se abanica, sentada a una de las mesas que forman el escenario improvisado. Mientras el pianista Carlos Koffman lo acompaña, el tenor Antonio Seoane, vestido de camarero, se ajusta el moño y entona un tango.

Los músicos interpretan canciones de moda entre 1920 y 1950, época dorada de la exclusiva cervecería Munich, en Costanera Sur, frecuentada por Leopoldo Lugones, Alfonsina Storni, Oliverio Girondo, Alfredo Palacios, Juan Manuel Fangio. Cada domingo de verano, a las 18, se realizan visitas acompañadas con las melodías de aquellos años.

La guía del recorrido, Ana María Herrera, cuenta que Marcelo T. de Alvear, cuando era presidente, salía todas las mañanas a pasear por la Costanera con su perro y desayunaba en la Munich. Y se dice que Carlos Gardel cantó en su salón, aunque nadie lo pueda confirmar.

Con sus salones llenos de anécdotas, la Munich, ahora sede de la Dirección General de Museos, invita a recordar. Y así lo hicieron más de 300 personas en la primera cita del ciclo 2012. El año pasado, las visitas estaban previstas para enero y febrero, pero la respuesta del público hizo que se extendieran hasta mayo.

Mucha gente asiste porque conoció la Munich en su infancia o juventud. "Todos tienen una anécdota para contar, recuerdan que fue aquí donde se conocieron sus padres o a donde vinieron a bailar una noche de carnaval", dice Herrera.

Amalia es una de esas personas. De 60 años, cuenta que sus padres la llevaban a tomar algo a la Munich en el verano. "Me acuerdo que había números en vivo, como éstos", y señala a los músicos. Alrededor, el público se reúne en las escaleras o circula por las galerías y jardines. Algunos tararean mientras caminan por una sala con una gigantografía que reproduce el paisaje de la Costanera Sur en su mejor época.

La Munich se inauguró en 1927 y durante 40 años fue un punto obligado en los paseos del verano porteño, porque enfrente estaba el Balneario Municipal, la playa de Buenos Aires. Las fotos de la época muestran a multitudes de bañistas en las escalinatas o en el agua. El reglamento exigía usar traje de baño completo: mamelucos para las mujeres y pantalón y saco para los hombres. Algunos aseguran que el luchador Martín Karadagián era uno de los bañeros, y que llevaba a los chicos a pasear en bote. Luego del baño en el Río de la Plata, la gente se reunía en la Munich para tomar un trago o mirar un espectáculo.

A principios de los 70, ya con el balneario en franca decadencia, la cervecería cerró sus puertas. El espacio fue restituido al gobierno de la ciudad en febrero de 2002, después de haber sido sede del Museo de Telecomunicaciones.

La visita guiada retoma todos los momentos de la historia del lugar y genera el clima propicio para el concierto que se ofrece después.

Mientras escucha la música desde la galería, acodada a una de las ventanas del salón, María Estela, que visita la Munich por primera vez, dice: "Me encantaron los detalles, como que cada farol conserve el ganchito que se usaba para que los señores colgaran los sombreros y las mujeres, la cartera".

No obstante, algunos de los visitantes destacan que el edificio, diseñado por el arquitecto húngaro Andrés Kálnay, se ve desmejorado.

Kálnay había combatido en la Primera Guerra Mundial, y la situación política y económica posterior lo forzó a buscar un futuro fuera de Europa. Llegó a Buenos Aires en 1921 por error. Viajaba con su hermano como polizonte en un buque que salió de Nápoles hacia Estados Unidos, pero viró hacia la Argentina en la mitad de su recorrido. Y acá los dejó. Desde entonces, los Kálnay se dedicaron a la arquitectura, que ya habían ejercido en Europa, y diseñaron edificios como el que ocuparon el diario Crítica y el Cine Florida.

Cuando en el salón empieza a sonar "Caminito", los que tarareaban se animan a cantar y el resto los acompaña. Entonces, fugazmente, la magia de los años 20 vuelve a la Munich.

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