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Las limitaciones de las declaraciones de emergencia

Sábado 21 de enero de 2012
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PARA LA NACION
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La sequía está haciendo estragos en los cultivos y en la ganadería, y los paliativos declarando estado de emergencia agropecuaria resultan a todas luces insuficiente.

En el año 2009 se creó el "Sistema Nacional para la Prevención y Mitigación de Emergencia y Desastres Agropecuarios", pero continúan los problemas críticos de las actividades agropecuarias afectadas por inclemencias del tiempo.

Si bien algunos distritos han sido incorporados, los productores solicitan un relevamiento profundo de la situación y conformar un fondo anticíclico.

La capacidad de producción queda perturbada gravemente y sólo se permite -luego de una serie de trámites de difícil concreción en la práctica- diferir impuestos y lograr alguna ventaja crediticia menor con descuentos en las tasas de interés del 25 por ciento.

Existen conflictos sobre la aplicación de las ventajas. Ello respecto de la determinación de la actividad principal del contribuyente y en la medición de la reducción de la capacidad de producción medida en función de los ingresos, especialmente ante los procesos inflacionarios que se están viviendo.

Límites rígidos

Para que el sujeto esté en emergencia debe verse disminuido sus "ingresos" en más de un 50% y para catalogarse como desastre haberse reducido su capacidad productiva en más del 80%. Sólo en este último caso habrá exenciones impositivas.

El fijar límites rígidos genera injusticias, pues sujetos afectados por porcentuales levemente inferiores perderán beneficios otorgados a otros con afectaciones muy similares de sus ingresos. Lo lógico hubiera sido fijar una proporcionalidad.

Entre los impuestos previstos a su diferimiento, están el impuesto a las ganancias -absolutamente relativo, pues se supone que las rentas disminuirán consecuentemente-, a la ganancia mínima presunta, tributo que presupone utilidades y el que afecta a los bienes personales, aunque inocuo para las tierras rurales ya que las mismas están exentas del mismo, salvo excepciones.

El inmobiliario es un gravamen que las provincias usualmente prorrogan o eximen según el caso, comprobada la afección climática al establecimiento.

Se ha omitido contemplar deducciones o beneficios impositivos pos- emergencia, indispensables para un crecimiento de la producción futura de la actividad.

Por su parte, quienes arrienden a terceros sus predios rurales estarán fuera del régimen, siendo una restricción excesiva pues indirectamente se verán perjudicados por la situación.

En lo relativo a la ganadería, es necesario destacar la vigencia del régimen de "venta forzosa de hacienda", que abarca la bovina, caprina, ovina o porcina determinada en exceso del promedio de cabezas vendidas en los dos años anteriores.

Se permite al efecto, la deducción del 100% las ganancias generadas por dichas operaciones en el balance impositivo del ejercicio en que se realizaron las ventas.

Los requisitos son varios, y en ocasiones de difícil consecución:

1) Reponer como mínimo el 50% de la cantidad de cabezas vendidas forzosamente de la misma especie y categoría, a más tardar al cierre del cuarto ejercicio desde la finalización del desastre.

2) Mantener la existencia como mínimo durante dos ejercicios posteriores al que se efectúe la reposición.

El productor además debe presentar un informe a la AFIP sobre la zona afectada así como la categoría y hacienda considerada como venta forzosa.

De no cumplirse con los requisitos deberán modificarse las declaraciones del período y abonarse el impuesto con intereses.

Este paliativo no resulta suficiente para lograr un crecimiento de la producción que podría implicar para el futuro una mayor recaudación.

Debe ponderarse la suspensión de juicios o procedimientos administrativos tendientes al cobro de deudas fiscales vencidas, hasta 90 días posteriores a la finalización del estado de emergencia o desastre.

Estos desastres naturales dejan al descubierto el daño de las retenciones al agro, pues ante escasos rindes los productores sufrirán esta exacción produciendo quebrantos irrecuperables.

Es manifiesto que las denominadas rentas extraordinarias no existen, sino que se trata de procesos cíclicos, siendo más que razonable el reclamo de la reducción o eliminación de las polémicas retenciones.

El autor es especialista en impuestos del agro

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