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"Si me descubren, estoy muerto"

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PARA LA NACION
Domingo 22 de enero de 2012
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BEIRUT.– Abdul Hakim sabe muy bien cómo trabajan los mukhabarat sirios, los agentes de inteligencia que lo detuvieron, torturaron y soltaron tras sufrir 21 días de agonía en varias prisiones del país. "Yo era un simple comerciante de cortinas de mi pueblo, Tall Khalil", cuenta con una sonrisa. "Pero comencé a grabar las manifestaciones y a difundirlas a través de medios extranjeros e Internet."

Su indignación y su rabia contra Bashar al-Assad fueron creciendo de forma proporcional a la crueldad con la que el régimen respondió a las revueltas durante la primavera de 2011. Decidió entonces que debía dar a conocer al mundo lo que ocurría, grabando la represión y cruzando incluso la frontera con El Líbano para enviar imágenes de los francotiradores y la muerte de civiles, 5000 según la ONU desde que comenzó el conflicto, en marzo pasado.

"Hasta que me capturaron, el 14 de mayo. Cinco agentes vinieron a mi casa, amenazaron a mi familia, me golpearon en la cabeza con una barra de hierro, sufrí descargas eléctricas en el cuello y en los genitales, me llevaron y me metieron en un camión con otros 53 prisioneros."

Abdul Hakim Ciberdisidente sirioSIRIO
Abdul Hakim Ciberdisidente sirioSIRIO. Foto: LA NACION

Antes de subirse al vehículo, Abdul Hakim fue testigo de la muerte de su amigo Magid Akkare. "Le dieron un tiro en el estómago, allí mismo", recuerda. Fue el principio de un periplo que arrancó en la prisión de Homs, a cargo de los agentes más temidos. "Son los peores, tienen licencia para torturar hasta la muerte", cuenta el activista, de 30 años.

Pasó siete días desnudo y maniatado en una celda de 70 metros cuadrados en la que se hacinaban 26 personas. "Se los llevaban a interrogar uno a uno y volvían siempre desmayados. Cuando me tocó a mí, me vendaron los ojos y me recibieron con un «hello Mr. Reporter from Al-Jazeera» [hola Sr. periodista de Al-Jazeera]. Me pusieron una venda en los ojos y mientras uno me preguntaba, otro me golpeaba."

Según su relato, más tarde lo llevaron a una sala en la que lo colgaron por los brazos, desnudo, le mojaron la espalda con agua y recibió descargas eléctricas durante varias horas. "Al cabo de tres días, me dieron algo de comer que olía muy mal, pero yo estaba hambriento. Nos trataron como animales", relata.

Compartió esa celda durante siete días con otros comerciantes, doctores, ingenieros. En la celda contigua tenían aislado a su amigo Ahmed Kasem, un joven al que habían apuñalado y estaba con las manos atadas a la espalda. "Un día, abrieron las puertas de aquella sección y pudimos ir a darle agua y tratar de curarlo. La vomitó porque llevaba ocho días sin beber nada", recuerda.

Al octavo día de detención, trasladaron a Abdul a Damasco, al "pabellón palestino" de una prisión de la capital siria. "Allí me volvieron a interrogar. Yo respondí que quería dignidad para los ciudadanos y libertad de expresión, y me dijo que era mejor destruir Siria que entregárnosla a nosotros y comenzó a pegarme".

Después, fue trasladado al cuartel de los servicios secretos en Damasco, y cuando se cumplía el día 21 de detención le vendaron los ojos y lo obligaron a plasmar su huella en cinco papeles que no pudo leer, según su versión, y lo soltaron con la amenaza de que iban a encontrarse pronto.

Abdul Hakim se esconde ahora en la capital libanesa, donde continúa su trabajo de denuncia. "Cuando expire mi visado, los libaneses me deportarán. O me encontrarán los sirios o Hezbollah. Estoy muerto." La última vez que habló con su madre fue hace cuatro meses, en clave, por si los teléfonos estaban intervenidos. "Me dijo: «Hijo, el tiempo está muy mal aquí, grandes lluvias y fuertes tormentas, no vuelvas». Era verano."

21 DÍAS DE TERROR

Grabaciones. Este comerciante comenzó a grabar la represión del régimen de Al-Assad contra el pueblo sirio para darla a conocer al mundo a través de Internet.

Prisión y torturas. Fue capturado por agentes de inteligencia sirios y estuvo 21 días detenido. Fue torturado, recibió descargas eléctricas y se alimentó con comida en mal estado. Vio morir a uno de sus compañeros.

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