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Lunes 23 de enero de 2012 | Publicado en edición impresa

Historias solidarias

Prevención de la violencia en las escuelas

Marcela Fernández creó una entidad en honor a su hijo, para evitar las agresiones de los alumnos en las aulas

Por Valeria Musse  | LA NACION

 
 
 

LA PLATA.- En noviembre de 2006, Marcela Fernández perdió a uno de sus hijos en un accidente vial. Pero la tragedia no la paralizó. En nombre de su "peque", como le decía, decidió encarar el problema que tuvo que sufrir Pablo durante sus últimos años de vida: la violencia escolar propiciada por sus compañeros.

Era constante. Casi un hecho diario. Pablo llegaba para cursar sus clases y alguno de sus pares lo burlaba porque su tez era morena. Como sabían que el adolescente no respondía a la agresión, le robaban los útiles o la credencial que utilizaba para viajar en colectivo. Un mes antes de que falleciera, el ataque contra el joven no pudo ser peor: sus compañeros intentaron arrojarlo debajo de un ómnibus.

El 19 de noviembre de 2006, en La Plata, el destino quiso que Pablo sufriera un accidente de tránsito. El hecho no sólo modificó la vida de su familia, sino que afectó considerablemente a sus compañeros de clase. "En el curso hubo una crisis de llanto y nervios porque los chicos estaban arrepentidos por lo que le habían hecho a mi hijo, tenían culpa y ahora ya no le podían pedir perdón", relató a LA NACION, emocionada, la mamá del joven.

Pese a que le faltaban fuerzas para seguir adelante, Marcela tomó la cruel experiencia vivida por su hijo dentro de las aulas y decidió formar una organización "no sólo para preocuparnos por los Pablos, sino para ayudar a los compañeros de esos chicos", contó la mujer.

Así nació la Asociación Pablo Nicolás, con objeto de prevenir y crear conciencia entre los alumnos sobre la violencia escolar. Su titular es consciente de que desde el organismo no tienen la solución para el problema, "pero armamos talleres interactivos con los alumnos para ahondar en el tema: cómo ven ellos la violencia, qué harían para cambiarla, qué significa", explicó.

En el grupo trabajan, además de ella, que es mediadora educativa, psicopedagogos, trabajadores sociales, abogados de familia y voluntarios, que interactúan con los estudiantes. En algunos casos, se trabaja con alumnos primarios; en otros, con secundarios.

Marcela destacó que en los establecimientos educativos platenses uno de los principales problemas es la discriminación que existe contra los estudiantes provenientes de países limítrofes. Esa situación, como otro tipo de agresiones, genera mucha violencia entre el alumnado.

Marcela sabe que su hijo no volverá, pero, cada tanto, recibe una caricia en el alma de alguno de los adolescentes. "Te prometo que nunca más voy a cargar a un compañero", le dijo una vez un chico de 14 años, agradecido por participar de las charlas.

Para la asociación sería útil poder contar con resmas de papel y tinta (para entregar material didáctico a los estudiantes). Además, convoca a los voluntarios que quieran colaborar en los talleres. Para comunicarse la dirección de correo electrónico es: asociacionpablonicolas@hotmail.com y el teléfono: (0221) 453-4824..

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