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Qué pasó con las empresas de Yabrán, a 15 años del crimen de Cabezas

La sucesión de las principales compañías que se le atribuían; el vínculo con Antonini Wilson y los Juliá

Miércoles 25 de enero de 2012 • 08:11
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LA NACION
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En los noventa, cuando Alfredo Yabrán era sinónimo de poder, su imperio era incalculable. En aquellos años, "El Cartero" se limitó a reconocer un puñado de empresas de las decenas que se le atribuían. Quince años después de la muerte de José Luis Cabezas, LA NACION reconstruyó la sucesión de las compañías más emblemáticas del ex empresario.

Poco después del suicidio, se hizo público que Yabrán había escrito una carta en la que virtualmente designaba a HC (Héctor Colella) como su sucesor . Colella, hombre de confianza de la familia, era asesor del grupo Exxel, un fondo de inversión que adquirió por unos US$ 605 millones un paquete que incluía algunas de las empresas que se le atribuían a Don Alfredo.

Pero en la práctica, sus hijos, la viuda, sus históricos contadores y un puñado de amigos quedaron a cargo del holding. Días después de la muerte de su padre, Pablo y Mariano se pusieron al frente de las empresas, pero con el tiempo cedieron la representación formal a gente de su confianza. Melina, la hija preferida de Don Alfredo, y María Cristina Pérez, la viuda, también participaron en la sucesión, aunque en menor medida.

Francisco Gazquez Molina y Oscar Roberto Javurek, los históricos contadores del empresario ocuparon cargos estratégicos: figuraron en algún momento de la última década a cargo de dichas compañías y todavía están en el directorio de algunas.

Los movimientos societarios de los últimos años también revelan que la emblemática oficina de Viamonte 352 todavía sigue en funcionamiento.

Lejos de los procedimientos administrativos, en los últimos años las firmas despertaron la atención pública por quedar enredadas en escándalos y personajes polémicos como Guido Antonini Wilson y los hermanos Juliá.

Lanolec SA es la firma que más exposición tuvo en los medios. Esta compañía de taxis aéreos, que con el tiempo fue rebautizada como Royal Air SA, quedó a cargo de su hijo mayor luego del suicidio, cuando apenas tenía 29 años.

Royal Air fue salpicada por el Valijagate. La compañía estatal Enarsa había contratado sus servicios para trasladar a Antonini Wilson, que luego fue detenido en la Aduana de Aeroparque por trasladar un maletín con US$ 800.000. A la hora de declarar su domicilio en Buenos Aires, el venezolano escribió Viamonte 352, el mítico bunker de Yabrán y sede de Royal Air.

"Supimos por la prensa que este señor dio como su domicilio el de nuestra empresa. No sé por qué. No tenemos vinculación con él, ni con ninguno de los pasajeros de ese vuelo", se limitaron a responder desde la empresa. "Esta fue la primera vez . Esa persona no es pasajero de la empresa", agregó el vocero.

Royal Air quedó mencionada también en otro escándalo, en la causa que investiga el tráfico de 900 kilos de cocaína por parte de los hermanos Juliá . El brigadier Jose Juliá, padre de los pilotos detenidos en Barcelona, fue vinculado a la empresa de Yabrán tras su retiro de la Fuerza Aérea.

El entonces diputado Franco Caviglia y su antecesor en el cargo, el brigadier Ernesto Crespo, denunciaron a Juliá en 1991 por su presunta relación con los negocios aeroportuarios de Yabrán. Se sospechaba que Medical Jet SA, empresa que trasladó la cocaína a España, fue conformada por Juliá con la ayuda de Don Alfredo . Sin embargo, el brigadier negó conocer al empresario cuando declaró ante la comisión antimafia del Congreso en 1998.

En la actualidad, Royal Air está bien custodiada: el directorio está conformado por los contadores Gazquez Molina y Roberto Javurek, según los últimos registros.

Yabito

La firma que se dedica a los negocios agropecuarios, tuvo un papel protagónico durante la investigación por la muerte de Cabezas. El famoso sistema informático Excalibur comprobó que entre el 14 de octubre de 1996 y el 2 de mayo de 1997 se realizaron 35 llamadas desde un teléfono de Yabito a los números 345-0198 y 374-9841, que en ese momento pertenecían a Presidencia de la Nación.

También se descubrieron llamados a dos teléfonos del ex ministro de Justicia, Elías Jassan, comunicaciones con el ex diputado radical Marcelo Angel Bassani y al celular de Gustavo Prellezo, el ex oficial de la Policía bonaerense condenado por el crimen del fotógrafo.

De la sucesión de Yabito participó todo el núcleo familiar. Según la última información publicada oficialmente, la conducción es compartida por los contadores Gazquez Molina y Javurek. También aparece Leonardo Aristimunio, un joven de extrema confianza de Yabrán. Tanto él, que en ese momento tenía 25 años, como su mujer, Andrea Fabiana Viordo, fueron las últimas personas que vieron con vida al empresario en su mansión enterriana de Larroque momentos antes de su suicidio.

Narbay, la emblemática mansión del empresario en Pinamar. Foto: Archivo
Narbay, la emblemática mansión del empresario en Pinamar. Foto: Archivo
El hotel Arapacis, que sorprendió en los noventa por su estética moderna. Foto: lanacion.com / Mauricio Giambartolomei
El hotel Arapacis, que sorprendió en los noventa por su estética moderna. Foto: lanacion.com / Mauricio Giambartolomei
El complejo Terrazas al Golf, el proyecto inmobiliario que Yabrán no pudo ver concluído. Foto: lanacion.com / Sebastián Rodeiro
El complejo Terrazas al Golf, el proyecto inmobiliario que Yabrán no pudo ver concluído. Foto: lanacion.com / Sebastián Rodeiro

Bosquemar

La ausencia de Don Alfredo se sintió en Pinamar. Bosquemar SA, una firma dedicada a la actividad turística, supo desarrollar los proyectos más importantes del empresario en la ciudad balnearia. Bajo su órbita estuvo el lujoso hotel Arapacis, su ícono inmobiliario, que pese al paso de los años todavía está intacto.

Un poco más alejado del centro se encuentra el proyecto inmobiliario que Yabrán no pudo disfrutar: Terrazas al golf. También a cargo de Bosquemar, el emprendimiento incluía una abultada inversión en el barrio más selecto de Pinamar. El entonces presidente Carlos Menem viajó especialmente para colocar la piedra fundamental de la obra, en marzo de 1995. Sin embargo, el empresario apenas pudo conocer el comienzo de la construcción antes de su muerte.

Luego del suicidio, la sociedad pasó a manos de Pablo, su hijo menor. Con una carga de sospechas a cuestas, Bosquemar fue vendida en 1999 a Samuel Liberman , ex dueño del cable VCC y amigo de Yabrán. La operación fue millonaria: se calculan casi US$ 20 millones.

Sin embargo, los rumores indican que la operación pudo haber sido una maniobra para "lavarle la cara" a los emprendimientos turísticos en Pinamar de Yabrán tras el shock generado por el asesinato de Cabezas.

También figuró como accionista de la empresa Facundo Bunge, cuyo apellido despertaba la confianza del ex empresario. Sin embargo, Yabrán nunca pudo lograr la autorización de los Bunge para desarrollar su mega emprendimiento en la ciudad balnearia: el puerto deportivo más exclusivo de la Argentina.

Aylmer

Es otra de las compañías que también estuvo en la mira de sus enemigos políticos. Esta sociedad -que lleva en sus primeras letras las iniciales de Don Alfredo- se dedica a los emprendimientos inmobiliarios, aunque despertó interés público por las reiteradas denuncias sobre supuestas irregularidades en sus operaciones.

El escándalo se desató en los noventa, cuando el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo afirmó que las sociedades Yabito y Aylmer eran la fachada de un holding de empresas con las que Yabrán controlaba los negocios postales y aeroportuarios.

Cavallo aportó pruebas sobre el supuesto uso de propiedades de Aylmer por parte de compañías que Yabrán negaba que le pertenecieran, como OCA, Bridees, Edcadassa, Intercargo, Interbaires, Orgamer, Ocasa, Villalonga Furlong y Sky cab, entre otras.

Desde la muerte del empresario, Pablo quedó a cargo de la compañía. En lo formal, la titularidad osciló entre sus históricos contadores y su hija, Melina.

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