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"Cracolandia", la otra cara de la droga en San Pablo

Exterior

En el centro de ciudad más grande de Brasil hay una zona denominada en alusión al gran consumo de crack; preocupación en el gobierno de Rousseff

La policía brasileña ha lanzado una ambiciosa operación contra el tráfico de drogas en el centro de San Pablo, donde la venta y el consumo de la droga crack de cocaína en la calle condena a miles de personas a la adicción, la inseguridad y también al constante deterioro el casco histórico.

Conocida popularmente como "cracolandia", el área tiene un perímetro difuso y se extiende por varias calles de los barrios de Santa Cecilia, Bom Retiro y República, todos ellos ubicados en el distrito céntrico.

En esa zona, los adictos al crack ocupan edificios abandonados, levantan refugios o tugurios cerca de edificios emblemáticos como la terminal de tren Julio Prestes o la Estación Pinacoteca, espacio de arte contemporáneo que ocupa una antigua sede del Departamento de Orden Política y Social, el organismo de represión del régimen militar brasileño (1964-1985).

"La acción estaba planeada desde hacía mucho tiempo. Pero llega ahora porque la situación era intolerable", dijo a EFE el coordinador general de atención de drogas del Ayuntamiento de San Pablo, José Florentino.

El alcalde de Rio anunció este mes la creación de una unidad especial de la policía para combatir el crack, que operará en las favelas más afectadas. En diciembre, la presidenta Dilma Rousseff dijo que dedicará en torno a US$2.500 millones de aquí a 2014 para combatir el flagelo en todo el país.

El dispositivo, iniciado el pasado día 3 y sin fecha de cierre, se enmarca en un plan amplio de acciones que las autoridades llevan a cabo en el área desde hace varios años, pero que hasta la fecha no ha recuperado un espacio inseguro y donde la falta de higiene forma parte del paisaje urbano.

La Policía Militar en coordinación con las autoridades municipales y regionales de San Pablo, ha desplegado 100 efectivos que patrullan las calles 24 horas al día e interrogan, identifican y registran a sospechosos de tráfico de estupefacientes.

Operación cerco

La operación de control de consumo de cocaína en Brasil busca inhibir el tráfico de drogas y otros delitos, favorecer una acción más segura y eficaz de los servicios de limpieza, así como permitir la actuación de los trabajadores sociales y del sistema de salud, explicó a Efe el coronel Wagner Rodrigues, portavoz del mando policial del distrito centro.

Según Rodrigues, se calcula que unas 400 personas adictas al crack están en situación de indigencia y viven entre basuras y en condiciones indignas en esa zona.

Durante la operación, 14 fugitivos de la justicia, acusados de homicidio y tráfico de drogas, entre otros delitos, fueron detenidos.

El último boletín oficial sitúa en 860 el número de personas interceptadas por la policía, 137 por los servicios sanitarios y 73 por trabajadores sociales. Además, ya se han recogido 10 toneladas de basura.

Un mercado tentador

En el mercado de cocaína, Brasil ilustra una tendencia global. Los traficantes exploran con éxito nuevos mercados para compensar gran declive del consumo que tuvo lugar en EE.UU. en los últimos años. Aunque en éste país todavía se consume la mayor cantidad de cocaína del mundo, su dominio se está debilitando como resultado de las campañas de prevención, la mayor persecución por parte de las autoridades y un cambio en los hábitos de consumo en favor de otras drogas, informan fuentes oficiales.

Hasta 80% de la cocaína que se consume en Brasil viene de Bolivia, asegura la policía brasileña. Ahora, la fuerza policial del país colabora con la Dirección Antinarcóticos de EE.UU. (DEA, por sus siglas en inglés) para desarrollar estrategias con el fin de reducir el flujo.

Los usuarios en EE.UU. consumieron unas 165 toneladas de cocaína en 2008, menos que las 267 toneladas de 1998. Los traficantes compensan estos declives principalmente expandiendo sus mercados en Europa Occidental y Central, donde el uso de la cocaína creció en 2008 a 126 toneladas, frente a las 63 de 1998.

Agencias EFE y AP.

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