Una mirada
No vale la comparación
Por Jorge Búsico | Para LA NACION
El rugby de selecciones de alto nivel tendrá el primer fin de semana de febrero su volver a jugar después de la Copa del Mundo de Nueva Zelanda. Será con una nueva disputa del VI Naciones, el torneo por países más antiguo, que arrancó en 1883 y que reúne a los más poderosos del Hemisferio Norte. Fue, durante décadas, la única competencia trascendente, hasta que el IRB lanzó el Mundial en 1987 y la Sanzar el Tri Nations, en 1996. Sigue siendo, de todos modos, la de más tradición y la que encierra más leyendas. De hecho, dos de los países que lo integran, Inglaterra y Escocia, disputaron el primer test-match de este deporte, en 1871.
El torneo madre de Europa nació reservado para los entonces cuatro británicos. En 1910 se agregó Francia, que está sin interrupciones desde 1947, y en 2000 llegó Italia, empujado no por su nivel de juego, sino por su cercanía geográfica y, sobre todo, por su aporte económico. En todo este tiempo, la azurra apenas logró un puñado de triunfos, y su meta ha sido evitar la última posición y la Cuchara de Madera, reservada para el que pierde todos sus partidos. No le alcanzó con formar equipos repletos de extranjeros -muchos de ellos nacidos en la Argentina- ni con importar entrenadores.
Esa marcha de Italia en el VI Naciones ha llevado, entre otras cosas, a que muchos se pregunten, adentro y afuera del rugby doméstico, si la Argentina será la Italia del flamante Rugby Championship. La consulta tiene que ver, claro, con los resultados. Habrá que ver qué depara de aquí a 2015 esta dura prueba que tendrán los Pumas con All Blacks, Wallabies y Springboks, pero lo cierto es que las historias son bien diferentes. La Argentina se ha ganado ese lugar en la cancha. Por la leyenda de su seleccionado, por la mística de su juego y por la calidad de sus rugbiers.
Pero al revés que Italia, la Argentina está lejos de todo, y su economía -de país y de rugby- ni se aproxima a la de las potencias de éste deporte. Hubo entonces que librar otras batallas que Italia salteó. Y ahí fue, en los escritorios, donde se avanzó muchísimo en los últimos años, gracias a un plan serio y bien ejecutado, pero siempre respaldado por la historia de los Pumas.
En ese sendero, y antes del ingreso al RCh, la Argentina consiguió una victoria clave en el Board del IRB, al ampliarse la Regla 9, que antes obligaba a los clubes a ceder a sus jugadores sólo durante las ventanas de junio y noviembre. Benefició, es cierto, que algunas Uniones de Europa están en pie de guerra con los dueños de los clubes, pero lo cierto es que esa fue la puerta al sueño que comenzará el 18 de agosto en Ciudad del Cabo.
El caso Horacio Agulla, bien reflejado ayer en LA NACION, abre ahora otro frente, que era previsible. "Por ahora no hay nada que comentar", me dijo Agustín Pichot. Es verdad. Habrá que seguir negociando, pero también siendo conscientes que se abrió otro frente, porque la UAR puede exigirles a los clubes que cedan a sus jugadores, pero no que les renueven los contratos. ¿Agulla habrá sido el primero de muchos? ¿Será el tiempo de cambiar Europa por Sanzar? ¿O de buscar otro plan propio? Se verá. Como siempre, dificultades a sortear. Por eso, ni vale comparar a Italia con los Pumas..
