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Abierto de Australia

Viernes 27 de enero de 2012 | Publicado en edición impresa

Tenis / El Abierto de Australia

Mente de acero

El superclásico quedó otra vez en manos de Nadal, que venció en cuatro sets a Federer y está en la final

Por Ariel Ruya  | LA NACION

 
 
 

MELBOURNE.- Toni Nadal dice que su sobrino es un desquiciado: "Rafael es un loco de la superación. Estaba mal, golpeado a fines de 2011. Roto, podría decir. Ahora, es un hombre nuevo". El creador y su criatura bestial. El entrenador y el guerrero. Apenas se levanta el telón de un nuevo grande y Rafa, el fenómeno del tenis, esa pieza indispensable para todo amante de la psicología, el individuo que cree en la supervivencia, en la superación y en el mañana, está dañado. Tiene dolores en el hombro izquierdo y pinchazos en la rodilla derecha, vendada de principio a fin. Va a médicos, hace tratamientos, le duele el alma. "Ni puedo caminar", decía. No es el Gran Nole en su cabeza y las seis finales perdidas el año pasado. No es Novak Djokovic en sus neuronas y ese número 1 arrebatado de un volantazo. Su cabeza manda siempre: se cree el mejor, simplemente porque lo es. Su cuerpo es el que le vuelve a dar señales desgarradoras. Antes de su primer juego, casi abandona. Se iba de Melbourne. Le gana al norteamericano Alex Kuznetsov minutos después de charlas con médicos, especialistas, cirujanos. No solo le gana al novato: le gana a las rodillas y a su propio destino. Hace lo que sugiere su tío: juega como un loco. Gana como un salvaje.

No es su corazón de gladiador el que lo lleva al cielo: es su cabeza. Se toma un par de días de vacaciones y vuelve a empezar: debe regresar a ser el mejor. Para los tenistas, una temporada bañada en el oro de Roland Garros y la Copa Davis puede ser un parque de diversiones; para el mallorquín resulta una pelota desinflada. Por eso, transforma su raqueta: tres gramos más pesada. Por eso cambia por una propuesta un poco más audaz. Qué debe mejorar: una devolución más precisa, buscar la pelota medio metro adelante y una mayor velocidad, aceleración e intensidad con los pies. "Volver a sus mejores años. Convencerse de que puede volver a ser el mejor", insiste Toni, Seduce su pensamiento: ver qué hay más allá del cielo.

Ser más grande, si eso es posible. Ser más poderoso, si es que el término lo permite. Rafael es la imagen viva de la esperanza. Su desafío es un canto de sirenas: el trabajo, el esfuerzo, la dedicación, son adornos del talento. Inseparables en su vida. Rafa envía un mensaje: nada vale la pena si no cae una gota de sudor sobre tu frente. Por eso celebra los puntos, los parciales, los partidos, los títulos con voracidad exultante. No festeja las sutilezas (que las tiene de sobra); aplaude el trabajo puesto al servicio de la leyenda. Que la es, claro, aunque algunos no la vean.

No sólo es el mejor de la historia sobre el polvo de la arcilla: merece su bronce, ya mismo, entre los cinco elegidos de la historia. No solo gana: arrolla al viento. Hay que pasar un día con su locura: se alimenta de tenis, como el día reemplaza a la noche; como algo natural. Pide pistas de entrenamiento en el Melbourne Park dos y hasta tres veces más que sus adversarios.

Es finalista de otro grande. Son 15 encuentros decisivos de Gran Slam. Otra vez en el Australian Open. Un título que ya logró, en una maravillosa final contra el Gran Roger, versión 2009. Tiene diez de los grandes y no le bastan. ¿Qué te falta por ganar, tu que lo has ganado todo?, le preguntaron días atrás. "Me falta ganar Australia 2012", responde, serio como el invierno. Su apetito es voraz: el conformismo, cuando lo observa, cruza de vereda. Su triunfo contra Roger Federer por 6-7 (5-7), 6-2, 7-6 (7-5) y 6-4 es otra fantástica muestra de que no lo frena ni el bronce recién lustrado. Es una noche de tenis de colección. Ese último set, el decisivo, es obligatorio volver a verlo. En las escuelas, en las facultades, en la universidad de la calle: calienta hasta el mismísimo hielo. Hay peloteos que viajan en el tiempo. Pertenecen a la humanidad. Gana el español. Son 18 victorias y nueve derrotas contra el sujeto de los libros. La pelota enviada por Federer se va demasiado larga: es el final de un espectáculo colosal. El mallorquín levanta los brazos, saluda a su hidalgo competidor, se arroja a la pista y mira al cielo. Y cuando Roger se despide, se levanta y lo aplaude de pie. Pasan 3h42m de un tenis con mayúsculas. Son las 23.26 de una noche que promete no irse jamás.

Allí, Rafa podría estar pensando: si la gloria viviente es mi calificado adversario y suelo vencerlo casi siempre, qué escribirán las enciclopedias de mi espíritu maravilloso. Aunque, en realidad, no debe pensar ninguna tontería de esas. Tiene un partido por delante, contra Novak Djokovic o Andy Murray, que se enfrentaban en la madrugada de hoy. Un partido para demostrarle al mundo que no es sólo un músculo de acero: es la cabeza más atrevida y apasionada de la historia del tenis.

nadal dice

"En tiros, Federer es el mejor de todos los tiempos. Sus golpes no se vieron en toda la historia. Marca diferencias, pero en estos partidos cualquier cosa puede pasar."
"Federer va a volver a estar arriba, él puede hacer lo que quiera. Es más completo que yo en todos los sentidos, pero eso a mí me ayuda para ser mejor cada día. A superarme."
"Gano porque soy quien soy, no sólo por los golpes que tengo. El año pasado gané por otras cosas, con mi actitud. Pero ahora tengo un tenis mejor, más agresivo."
"Tengo intensidad. Mi nivel de crucero es mejor que el de Federer. Mi nivel es medio, el de él sube y baja. Mi intensidad mental también influye. Veo el tenis de otra manera."

Por qué ganó nadal

1. Suele tener el dominio psicológico de estos choques. Ni cuando empieza mal, como en el primer set, se siente inferior. Se agranda en la adversidad.
2. Su drive teje telarañas en las que el suizo suele quedar atrapado. Sus envíos paralelos fueron una delicia. Inalcanzables.
3. Después de un gran segundo set, haber ganado el tercero, en un cerrado tie break (iba 6-1 y terminó 7-5), le enseñó el camino. Olfateó la herida del otro lado.

Por qué perdió Federer

1. De excelente torneo, otra vez le surgieron los fantasmas frente a un rival al que no le encuentra la vuelta. Sus lujos y sus toques brillaron, pero no triunfaron.
2. Cuando pierde el control del desarrollo, cuando se lo roban, se siente asfixiado. Camina por la cornisa, falla demasiado. Sobre todo con su volátil revés.
3. Su técnica maravillosa y su saludable excursión a la red son presa fácil si del otro extremo se encuentra un contragolpeador letal. Debió cambiar la estrategia.

EN MUJERES: AZARENKA- SHARAPOVA
Por el título y el Nº 1 del mundo

MELBOURNE (De un enviado especial).- Nikolay Khabibulin es ruso. Es una estrella de la NHL, una famosa liga de hockey sobre hielo. Su novia es Victoria Azarenka, hasta hace algunos días una buena tenista, algo desconocida para el mundo que se esconde detrás de las raquetas. Ahora, la fama cambió de cuerpo: todos hablan de ella, de la dama de Minsk. Sasha Vujacic es esloveno. Es un ex basquetbolista de la NBA, ahora radicado en Turquía. Su novia es Maria Sharapova, la bella y fría chica de Siberia, aunque en este caso, la famosa era ella, no él. Todos hablan de ella, como casi siempre. Algo tienen en común las dos chicas nacidas detrás de la vieja Cortina de Hierro: son las finalistas que mañana, a las 5.30 de la Argentina, saltarán a la cancha por el título grande australiano. Algo más las une: la que gane será la nueva reina del planeta fashion. Será la nueva número 1.

Primero, Azarenka derrotó a la belga Kim Clijsters, la defensora del título, por 6-4, 1-6 y 6-3. La bielorrusa buscará su primer Grand Slam. Más tarde, Sharapova se impuso a la checa Petra Kvitova, 2ª del ranking, por 6-2, 3-6 y 6-4. Ex número uno durante 17 semanas no consecutivas, ya sabe de qué tratan los grandes: logró Wimbledon 2004, US Open 2006 y Melbourne 2008. Aunque esta vez, el glamour de ser la chica top en el ranking le da a la lucha final un sabor verdaderamente especial..

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