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El pulso político

Una apuesta a la épica del bolsillo

Política

A Hugo Moyano lo están empujando a su límite. Lleva meses chocando contra la pared con frases hirientes y amenazas de protestas, ante un gobierno repleto de funcionarios que, de a uno, le van retirando el saludo.

Primero perdió peso electoral, después sufrió el ninguneo a sus reclamos y lo enloquecieron con sugerencias de que la Justicia empezará a revisar su prosperidad económica. Si le quedaban esperanzas de acomodar las cosas, ahora acaba de oír de boca de la Presidenta que los gremios del transporte ya recibieron subas salariales demasiado altas en estos años. El techo a los aumentos de sueldos empieza a construirse sobre la cabeza de Moyano.

Para amplificar el mazazo, el aparato propagandístico del Gobierno se esfuerza por desnudar las contradicciones de Moyano. ¿Qué pensará el jefe de la CGT al verse retratado en el papel de los enemigos del país en los clips de 6,7,8? ¿Sentirá nostalgia de aquellas visitas al estudio mayor de Canal 7, cuando el panel que hoy lo denuesta lo recibía con ovaciones? La última vez fue el 31 de octubre de 2010, en un homenaje a Néstor Kirchner, su gran valedor político, que acababa de fallecer.

El dilema de Moyano es el manejo de los tiempos. No desconoce que la popularidad de la Presidenta sigue en alza, aun por encima del momento de su arrasador triunfo electoral, según sondeos elaborados por encuestadoras que no trabajan para el Gobierno.

Moyano obtuvo enormes réditos del "modelo". Mientras condujo al oficialismo, Néstor Kirchner le dio todo menos una cosa: popularidad. Al ex presidente lo tranquilizaba que el jefe de los camioneros rankeara bien abajo en las encuestas de imagen pública. Moyano era el garante de las paritarias a medida, aseguraba el control de la calle, convalidaba la inflación dibujada? Pero era el poder sin votos.

Ese karma figura en la balanza de sus decisiones sindicales de hoy. ¿Es viable enfrentar ahora a un gobierno con alto apoyo popular; qué capacidad de presión retiene Moyano; hasta dónde estará dispuesta Cristina Kirchner a arrastrarlo? Y, al mismo tiempo, ¿tendría sentido rendirse en este punto? Moyano ve un campo minado a su alrededor. Si alguien quiere rescatarlo, como hizo Daniel Scioli, el cristinismo lo manda sin dudar al altar de los sospechosos.

La esperanza de Moyano reside en construir una épica. Pelearle al relato con otro relato. El ajuste en los servicios públicos, la inflación imparable y el cepo a las paritarias podrían nutrir su causa y empujar los camiones a la calle.

"Lo que quieras"

Cristina Kirchner se siente comodísima en el ejercicio de su voluntad. En su último discurso dio un consejo a sus críticos, que será una definición de antología de su visión de la democracia: "Los que piensen diferente lo que tienen que hacer es participar en un partido político, postularse para presidente y si te votan podés hacer lo que quieras".

La rebelión moyanista plantea un desafío serio a esa concepción de poder. El Gobierno admitió su enorme preocupación por la discusión salarial. Cómo procesar el impedimento actual a otra reelección presidencial ya se coló en la lista de tensiones. Y se avecina otra prueba: cómo impactarán en el bolsillo las medidas oficiales que marcan el verano. De eso dependerá en gran medida el éxito de Moyano como líder sindical y también la capacidad de la Presidenta de dominar a su gusto la política, la economía y el relato de la realidad..

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