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Enredados: dependiente de las importaciones, la industria local está presa de los controles

Las restricciones al ingreso de bienes extranjeros al país, en caso de ser generalizadas, pueden dañar el proceso productivo local, acelerar la inflación y, a largo plazo, disminuir las exportaciones argentinas

Domingo 05 de febrero de 2012
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LA NACION
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Un consumidor nacionalista a ultranza puede inflar el pecho cada día al ver en la botella de su gaseosa preferida, en el envoltorio de sus chicles de siempre o en el paquete de galletitas que come desde su infancia la leyenda "Hecho en la Argentina". Su orgullo aumentará al conducir un auto fabricado en el país, con la ropa que luce, el celular que acaba de comprar y la pintura con la que renovó las paredes de su casa. Sin embargo, el hombre quizá pase por alto que la mayoría de los insumos con los que se elaboran esos artículos, al igual que las máquinas que se usan en su proceso productivo, son importados y no tienen sustitutos locales.

Esta es la realidad de la industria local hoy, en un país donde 82% de lo que se importa son bienes indispensables para la producción. De los US$ 73.922 millones que se gastaron en compras externas en 2011, 20% son imputables a bienes de capital; 29%, en bienes intermedios; 19%, en piezas y accesorios para bienes de capital; 9%, en combustibles, y 8%, en vehículos. Sólo 11% fue a bienes de consumo final.

Obstaculizadas por controles excesivos y sometidas desde el miércoles último a un estricto análisis duplicado entre la Secretaría de Comercio Interior, a cargo de Guillermo Moreno, y la Administración Nacional de Ingresos Públicos (AFIP), dirigida por Ricardo Echegaray, las importaciones tejen una telaraña vital en la industria nacional, que luego nutre no sólo el mercado interno, sino también gran parte de las exportaciones que se traducen en divisas.

Dante Sica, director de la consultora Abeceb.com y ex subsecretario de Industria, dice que hoy las cadenas productivas están mucho más internacionalizadas que antes, por lo que es casi imposible no tener algo importado en la elaboración de un bien. "Por eso, el examen exhaustivo sobre el ingreso de las importaciones va a afectar a todas las actividades", señala.

En la Argentina no se fabrica un solo motor para automóviles ni un sistema de frenos; vienen de Brasil, Alemania y Japón. Tampoco los airbags o los cinturones de seguridad. Basta que falte una sola de estas partes para que la línea de producción se paralice, como pasó en Fiat hace poco más de un mes. Tres cuartas partes de lo que se requiere para armar un automóvil es extranjero, junto con varias de las máquinas que se usan para producir el propio auto o algunas de las piezas que integran el 25% local.

En tanto, lo único fatto in casa que tienen los celulares que se ensamblan en Tierra del Fuego es el manual y el empaque. El resto llega desde China y Corea. Al igual que las pantallas de plasma, LCD y LED, que, "jamás se harán acá", según afirman desde una importante firma del sector.

Según los economistas, lo que mueve a las importaciones es la actividad y que por cada punto de crecimiento del PBI se requieren entre tres y cuatro puntos de compras externas. Mariano Kestelboim, director ejecutivo de la Fundación Pro Tejer, se muestra confiado en que los controles no afectarán a la producción, y dice que lo que se ha fomentado desde 2007 es la compra externa de bienes de capital e intermedios, a diferencia de lo que sucedía en los 90, cuando 18% de lo importado correspondía a bienes de consumo.

Un análisis de la consultora Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), dirigida por Marcelo Elizondo, muestra que entre 2005 y 2011, las importaciones crecieron 157%, a un ritmo promedio de 26% anual. Pero el mismo trabajo advierte que, a partir de agosto del año pasado, las importaciones fueron cada mes menores a las del año anterior. "Esto marca la influencia de los límites y las trabas gubernamentales", señala.

Pero no hay que descartar que la desaceleración también sea fruto de una caída en el nivel de actividad, como aseveran otros economistas.

Sea cual fuere el motivo, varios de los analistas consultados coinciden en que restringir las importaciones es un error. Marcela Cristini, de FIEL, comenta que, en contraste con lo que intentan otros países, un problema recurrente de la Argentina ha sido el uso de las restricciones al comercio exterior con objetivos macroeconómicos (ahorrar divisas) y antiinflacionarios.

Carlos Magariños, ex director de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial , opina que al rígido control actual hay que mirarlo en clave financiera, no industrial. "Si la intención fuera impulsar la producción local –dice–, lo que se debería hacer sería aplicar un criterio selectivo, para promover que algún sector desarrolle una tecnología determinada, la incorpore, la fabrique aquí y se convierta en proveedor de una cadena global de valor."

Ahora bien, la medida de Moreno tampoco sirve para lograr el objetivo de mantener un saldo positivo de US$ 10.000 millones en la balanza comercial. Sucede que, explica Cristini, se ahorran divisas en el corto plazo, pero se pierden las que entrarían en un futuro vía exportaciones, que ya no serán posibles por la falta de insumos y maquinaria extranjera.

Es allí donde hace hincapié Marcelo Elizondo, director de DNI, ya que prevé mayores presiones sobre las importaciones de aquello que impacta directamente en la producción y la actividad, como los bienes de capital, los intermedios o las piezas y partes. "El Gobierno pondrá su mirada ahí, porque si limita el ingreso de bienes de consumo corre el riesgo de que se dispare aún más la inflación", explica Elizondo.

Grandes aportantes de divisas, como el agro o las petroleras, sufrirán las consecuencias de esta política. Están faltando, entre otros, maquinarias agrícolas y bienes de capital para fabricarlas, máquinas para insumos petroleros y equipos para la industria maderera (que nutre a la celulósica), como minitractores, minilavadores y motobombas a explosión. Hay más: reactivos de diagnóstico, infinidad de medicamentos, componentes químicos para pinturas y hasta la vacuna contra la gripe.

Represalias

Esta parálisis productiva no sería lo único que afectaría a las exportaciones: muchos socios del país podrían dejar de comprar en represalia por las trabas impuestas al ingreso de sus productos.

Además, existe aquí una deficiencia estructural con los insumos básicos, porque, según un informe de Abeceb.com, en los últimos 10 años no hubo inversiones en ese rubro (salvo el caso de Techint o Aluar), mientras que Brasil creció muchísimo. El sector petroquímico del principal socio del Mercosur, por ejemplo, ha recibido las mayores inversiones en la última década.

Hay bienes que jamás se producirán en el país, por una cuestión de cadenas globales (ver recuadro) y otros que, si bien se pueden hacer acá, necesitan un tiempo para poder empezar a sustituir lo que se importa. La clave para eso es la inversión, pero ¿qué empresa invertirá en un país donde no hay financiamiento y donde no sabe si le cambiarán las reglas de juego? "Hay que tener en cuenta –analiza Sica– que el Gobierno mañana puede dejar de tener el dólar como prioridad y abrir la importación. En ese caso, lo local deja de ser competitivo."

En el sector alimentario, el 100% del cacao es importado, la mayor parte de Africa (el resto, de Brasil). Sin él, sería imposible elaborar varias de las golosinas y las galletitas más vendidas en el país. En bebidas, el saborizante de las aguas y gaseosas más consumidas viene de Estados Unidos y no tiene sustituto local.

La cerveza, que creció en los últimos años hasta llegar a un consumo de 44 litros per cápita al año, necesita que se importe desde Uruguay 6% de la malta y 15% del arroz que se usa para elaborarla, y 80% del lúpulo, desde Estados Unidos y Alemania. Además de algunas máquinas, gran parte de levadura, tapas y etiquetas vienen de afuera. Los fabricantes de cigarrillos, en tanto, importan el acetato para los filtros, el papel para enrollarlos, el cartón, el polipropileno y la tira abridora de los paquetes. Además, la maquinaria para armarlos viene de Italia y Alemania. Nada de esto se puede sustituir localmente.

El alto grado de integración extranjera en la industria local hace imposible restringir las importaciones sin golpear el núcleo productivo. Una cosa es el kiwi neozelandés, pero otra muy distinta una máquina de corte alemana. Cristini destaca que, pese a que la historia ha demostrado la ineficiencia de estas políticas, los gobiernos han caído en ellas por agotamiento de otros recursos, como cuentas fiscales comprometidas o política monetaria dominada por la fiscal.

Con la colaboración de Katherine Villavicencio y Florencia Donovan

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