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Granos de uva en el paladar

Sentida evocación de la II República y el franquismo

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PARA LA NACION
Martes 14 de febrero de 2012
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Autoras y directoras: Susana Hornos y Zaida Rico / Intérpretes: Arantza Alonso, Lucía Andreotta, Marta Cuenca, Clara Díaz, Sauce Ena y Ruth Palleja / Escenografía: Alejandro Mateo / Iluminación: Mariano Arrigoni / Banda sonora: Gonzalo Morales / Sala: Centro Cultural de la Cooperación / Funciones: jueves a las 21 / Duración: 75 minutos. Nuestra opinión: buena.

"Que mi nombre no se borre de la historia", dejó escrito Julia Conesa en una carta a su familia cuando supo que iba a ser fusilada junto con otras doce jovencísimas compañeras de las Juventudes Socialistas Unificadas, el 5 de agosto de 1939. Julia estaba detenida en la Cárcel de Ventas de Madrid, donde miles de mujeres republicanas hacinadas sobrellevaban -según testimonios coincidentes- con dignidad y espíritu solidario padecimientos que podían culminar en la condena a muerte.

En el espectáculo coral que, de manera condensada y poética va de los albores de la II República a la actualidad, propuesto por las directoras y dramaturgas españolas Susana Hornos y Zaida Rico, hay un claro afán de reflejar la pequeña historia cotidiana de personajes de segundo plano. Hombres y mujeres afectados en distinto grado por los radicales cambios políticos: las innovaciones republicanas, el golpe militar liderado por Franco, las atrocidades de la dictadura, el pasaje hacia la democracia de los 70. Historias de vida tocadas por el dolor y la injusticia, silenciadas por la censura franquista primero y, luego, por el miedo enquistado durante décadas.

Una de las imágenes de Granos de uva en el paladar
Una de las imágenes de Granos de uva en el paladar.

Uno de los tantos personajes de Granos de uva en el paladar -título que alude a una canción popular-, el de la muchacha socialista llamada Rosa, parece evocar a aquellas ahora famosas Trece Rosas ejecutadas en Madrid, falsamente acusadas de atentar contra Franco y uno de sus comandantes. En otros roles aparecen campesinas ingenuas que se despabilan, madres represoras, detenidas que se defienden cantando o cocinando con los colores de la bandera republicana, monjas que sirven al régimen, hombres jóvenes signados por destinos bien diferentes...

Seis actrices españolas residentes en Buenos Aires se hacen cargo de casi una veintena de papeles que ellas van alternando con una fluidez en las transiciones que nunca empaña la claridad narrativa, pese a la celeridad con que tienen lugar los cambios de personaje, apoyados en precisas coreografías y en estilizadas composiciones. Las intérpretes visten funcional y sobria ropa negra, con el único accesorio de una suerte de poncho liviano gris que, según la situación, hace las veces de chal, de toca de monja, de fusil... Acorde con este vestuario, la escenografía es un suelo rojo que llega hasta la pared del fondo y se levanta hasta la altura de los hombros: color primario y cálido, color de la sangre cargado de alusiones políticas.

Con premeditada síntesis, el texto cita la breve primavera de la República, muestra a algunas mujeres como fuerza conservadora y a otras como agentes de cambio. En un personaje masculino, Paco, se concentran rasgos de una mentalidad machista capaz de ceder a las transformaciones para luego volverse cruel verdugo porque una de las dos Españas le ha helado el corazón. Un verdadero hallazgo dramático resulta, cerca del final, el despertar en la actualidad de Miguel, un adolescente que fue asesinado -quizá por homofobia, quizá porque fue delatado- en 1937 a manos de las fuerzas franquistas cuando se despedía de su amigo Luis. Su cuerpo ha permanecido tirado sobre el piso colorado, inmóvil desde el comienzo de la obra. Miguel recuerda los últimos tramos de su vida y clama angustiado: "¿Por qué nadie me vio? ¿Por qué nadie me buscó?", sin saber que su madre y sus hermanas pusieron todo su empeño en encontrarlo. Pero, en verdad, el reclamo de Miguel va más lejos y se universaliza en este espectáculo que trae ecos de poetas como Hernández, Machado, Lorca... También del Cernuda de Las nubes : "Amargos son los días/ de la vida, viviendo/ solo una larga espera/ a fuerza de recuerdos".

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