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Fosas comunes y familias destruidas en una ciudad de Siria

En Al-Qusayr, de 40.000 habitantes, crece la desolación por las muertes de los activistas

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PARA LA NACION
Martes 14 de febrero de 2012
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AL-QUSAYR, Siria.– Dos fotografías de gran tamaño de los dos shaheed (mártires) presiden el salón, cuidadosamente colocadas sobre dos sillones, en la entrada de la casa.

"Estamos muy contentos porque Alá nos ha dado dos mártires", dice Abu Kasem, padre de familia, con una sonrisa, sentado en el salón de su casa en Al-Qusayr, una ciudad de 40.000 habitantes en el sur de Siria .

A su lado, su esposa, Eva Zahir, de ascendencia española, rompe a llorar. Abu Kasem no puede contener las lágrimas al ver a su mujer y estalla él también en un llanto incontenible, tapándose los ojos con el brazo. Cuando se recompone, habla. "La familia de mi mujer conoció la dictadura de Franco. Aquí también queremos libertad", susurra.

La familia de Abu Kasem, de 63 años, sufrió la pérdida de dos de sus hijos, Ahsraf Zhori, de 26 años y graduado en matemáticas, y Yathreb Zhori, de 29, un médico que cursó sus estudios en Arabia Saudita. "Siempre iban a las manifestaciones , así que estaban en la lista negra", explica.

"Cuando murieron, mi hija Suriya estaba al teléfono hablando con Ashraf, al que habían disparado y estaba malherido en el cuello. Durante la conversación escuchó que un soldado de [el presidente Bashar] Al-Assad le decía al superior: «Aquí hay uno vivo». Y el superior dijo: «Mátalo». Mi hija lo escuchó todo."

En Al-Qusayr la población sufre cortes de luz y escasea el gasoil. El domingo por la mañana los Suwar, el contingente de civiles que ayuda al Ejército Libre en la tarea de distribuir suministros para la población, repartía gasoil con una camioneta, rodeada de hombres y mujeres con billetes en las manos.

"No queda prácticamente nada, no podemos encender la calefacción", dice Mohamed, una de las personas que hacen cola para poder llenar el bidón blanco que lleva en las manos. "Estamos muy asustados. Quieren hacer lo mismo que en Homs", confiesa Hana, con el rostro preocupado ante las noticias del avance de las tropas de Al-Assad.

En las afueras del pueblo, se divisa un agujero cavado en medio del campo de seis metros por cuatro. En los extremos, yacen al menos cuatro cuerpos visibles de seres humanos. El más destapado está boca abajo, con las manos atadas en la espalda y una cuerda en los pies.

A un lado, sólo asoma una cabeza, una pierna o un brazo entre la tierra mojada. En el centro, algunos huesos y una dentadura revelan que puede haber algún otro cadáver.

Los hombres, vestidos de civil, presentan signos recientes de descomposición, aunque sus rostros son irreconocibles. La fosa se encuentra junto a una ruta rural, al paso de los camiones y las motos de los lugareños, separada del tránsito por una pila de tierra.

Ni los activistas ni el Ejército Libre sirio quieren responder las preguntas acerca de quiénes son las personas abandonadas en ese lugar.

Tampoco recogieron los cuerpos para tratarlos como a los shaheed , los mártires asesinados por las tropas de Al-Assad. Ellos suelen ser tratados como héroes, con un funeral al que acuden muchos vecinos, y luego se los entierra en un cementerio improvisado, al abrigo de los disparos de algunos de los 20 francotiradores que están apostados en los edificios de la ciudad. Si no son de Al-Qusayr, son llevados a un frigorífico y se busca a sus familiares.

Se trata de la segunda fosa común hallada en esta zona del país. La semana pasada se encontraron los restos de otras cinco personas en la provincia de Homs, cuya existencia se difundió al ser grabados en un video por un habitante de Al-Qusayr.

Posiciones

El Ejército Libre tomó algunas posiciones en esta localidad la semana pasada. La más importante fue el cuartel general de la Seguridad Nacional de los mokhabarat (servicios secretos sirios), donde murieron cinco personas que se hallaban en su interior.

"Hay cuatro tanques que se están aproximando por el Norte, desde Homs", advierte Kasim, responsable de la resistencia en la ciudad. Anteayer fueron avistados siete vehículos de las fuerzas de Al-Assad en camino a esta localidad, que no termina de llorar a sus muertos y teme por lo que está por venir.

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