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Aves de la suerte

Desde tiempos inmemoriales, son portadoras de buenos y malos augurios. Ahora que son más vecinas que nunca, una guía para conocer sus cualidades, estar prevenidos y no meter la pata

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PARA LA NACION
Miércoles 15 de febrero de 2012
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Se creía, antiguamente, que las aves representaban el espíritu del espíritu, se les rendía culto y convivían con el hombre gozando del privilegio de ser consideradas seres superiores e inspiración de los poetas. También eran temidas por ser en ocasiones mensajeras de la muerte. Tal era el miedo que se les tenía a los pájaros que, para algunas mentes supersticiosas de la época, si uno entraba a su casa o aleteaba ante las ventanas, significaba que uno de los habitantes de ese inmueble se mudaría al más allá.

A través de la historia del simbolismo, los pájaros han representado a los espíritus del aire y de la vida. Para los egipcios simbolizaban el alma. La deidad suprema era representada por medio de un globo con alas extendidas a los costados. Los pueblos babilonios y asirios tenían la misma creencia.

Con el fin de poder interpretar con mejor calidad de comunicación los augures de tiempo inmemorial trazaron un mapa imaginario sobre el horizonte y lo dividieron en sectores. El augur entonces subía a la montaña más alta, efectuaba ahí una ceremonia y sacrificaba una criatura, murmuraba unas plegarias y esperaba que apareciera el primer pájaro. Si éste volaba en determinada línea, a cierta hora, comportándose de una forma peculiar significaba buen augurio. Pero un segundo pájaro debía confirmar el significado del primero. Si no aparecía el segundo era un infortunio total y el augur tenía que salir volando. La ornitomancia, el nombre de esta práctica, fue muy difundida en la antigua Grecia y en el Imperio Romano.

Lechuzas, cuervos, golondrinas, tordos y palomas ocupan un lugar importante en el vasto mundo de las supersticiones y como complejos instrumentos para conocer el futuro. Entre los de mejor fama, el tordo se lleva las palmas como precursor de la buena suerte. Será afortunado quien lo observe, siempre y cuando no esté herido o con el ala lastimada. Es también venturoso encontrar un nido con huevos, pero si uno roba uno de ellos tendrá horribles consecuencias. Ahora, si el tordo se muestra amigable significará que se avecina un invierno crudo. Si en primavera un tordo vuela hacia arriba, la persona que lo mira tendrá buena suerte. En cambio, si vuela para abajo, a prepararse para las desgracias. Y cuando uno aparece en el cielo, es aconsejable pedir un deseo y éste será realizado.

Según los egipcios, Isis lamentó que Osiris tomara la forma de una golondrina. Sin embargo, las golondrinas, inspiración de tantos poetas, han sido por siglos parte de la tradición y ni hablar de sus nidos. Si una anidaba sobre el tejado de una casa, ésta sería visitada por los bomberos; si en cambio lo construía bajo el alero habría muy buen futuro para todos los habitantes del edificio. Las tradiciones medievales asignaban a la golondrina el poder de volver a sanar si quedaba ciega. Matarla atrae la mala suerte y es mal presagio, como tampoco es buena señal que ella olvide su nido.

Hay otras aves musicales. Los canarios empezaron a criarse en Italia en el siglo XVI, donde les enseñaban a cantar. Famosos por su voz, belleza y fidelidad conyugal, el folklore les asignó un especial interés, ya que es considerado portador de paz y armonía para el hogar. Durante las guerras desempeñaron un papel muy activo al prevenir los ataques con gases y en algunas minas se los utiliza como detectores responsables de escapes de gas. Es la segunda mascota preferida por los estadounidenses, después del perro. Si un gato ajeno ataca al canario de uno sobrevendrán para el dueño dos años de mala suerte. Y cuando permanece silencioso durante un período más o menos largo, la superstición lo atribuye a que hay maldad en el ambiente y predice desdichas.

El simpático gorrión es otro miembro de la comunidad supersticiosa alada. Atraparlo y aprisionarlo en un jaula acarreará una temible maldición. Si anida en la ventana, el dueño o dueña de casa tendrá un viaje placentero y no hará colas en la Aduana. Sobre ellos piensan los ingleses que tienen más vidas que un gato.

Perseguida en la actualidad por invadir edificios en las ciudades y por su voracidad en el campo, la paloma tuvo hasta hace poco un glorioso pasado. Protagonista de muchos incidentes históricos, la simbología universal la tiene en cuenta, aunque sea una plaga nacional. Es el símbolo babilónico de Ishtar, diosa de la tierra, por ser prolífica, paradigma de la fidelidad y fecundidad. Se sabe que en vida del rey Salomón se organizaban carreras de palomas. Ciro, el Grande, seis siglos antes de Cristo, utilizaba palomas mensajeras que enviaba a cada uno de sus frentes. Unas cuantas décadas atrás, antes de ser inventada la radio, los barcos de alta mar las utilizaban para enviar mensajes cifrados durante las guerras.

Para numerosas religiones y naciones es el símbolo de la paz. En épocas de apareamiento son, sin embargo, crueles y despiadadas. Son fieles hasta tal punto que si sobreviven a su pareja nunca más buscarán compañero.

Según Stella Inda, autora de Orígenes e historia de las supersticiones, "el cucurrucucú de una paloma lejana anuncia tristes acontecimientos, pero si una pareja de tórtolos vive cerca de la casa ahuyentará al reumatismo. Esta es una de las razones por las cuales muchos construyen palomares cerca del hogar". Pero ojo, según la especialista comer huevos de paloma trae mala suerte. Alimentarla, al contrario, atraerá nuevos y sinceros amigos. Ahora aseguran que nunca deberá destruirse el nido de una tórtola que anida sobre el tejado, ya que esto traerá una desgracia inevitable para el dueño de casa.

Cigüeñas y avestruces

Antes de que la educación sexual estuviera en las aulas, las madres explicaban a los chicos que sus hermanos llegaban gracias a la pericia y al pico de una cigüeña. En la Grecia de Aristóteles (356-323 a.C.) se consideraba una ofensa matar una de estas zancudas, protectoras del hogar en el que anidaban de los rayos, incendios y otras desgracias. El avestruz es otro plumífero con efectos colaterales. Los árabes creían que colgar huevos de avestruz en sus mezquitas traía un futuro venturoso. En Gran Bretaña se fabricaban hasta no hace mucho anillos de huesos de estas aves como amuletos de la buena suerte y se creía que la moda de llevar plumas en la ropa, surgida en Egipto, traería fortuna y doble vista.

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