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El pulso político

La lógica kirchnerista del cien por ciento

Política

El kirchnerismo ganó las elecciones con 54 puntos y exige derechos por el cien por ciento.

Lo curioso no es el imperativo hegemónico nunca disimulado por el gobierno de Cristina Kirchner, sino la aceptación voluntaria de ese orden de cosas por parte de sus opositores y de los oficialistas que no encajan del todo en los cánones del poder actual.

El verano es pródigo en señales de ese fenómeno. La nueva jefatura de la UCR dio una muestra cuando decidió quitar de la Auditoría General a Leandro Despouy, un dirigente que molestó desde 2003 al Gobierno con investigaciones sobre el manejo del dinero público. Mario Barletta, presidente del partido, activó la jubilación del auditor y busca nombrar un sucesor... recomendado por el kirchnerismo.

Barletta representa a los intendentes radicales del interior que quedaron como únicos referentes del partido con pizcas de poder real. En su mayoría, asumen que necesitan una buena relación con el gobierno nacional para que sus gestiones prosperen.

A diferencia del viejo radicalismo K, a estos dirigentes el Gobierno no los tiene que presentar como propios ni ofrecerles cargos.

Fue Barletta quien convenció a los jefes legislativos del radicalismo de aceptar la invitación presidencial al último acto oficial sobre Malvinas. Además, la UCR irá en pleno al show que harán dos comisiones del Congreso en Tierra del Fuego el viernes que viene para exigir la devolución de las islas. Justo cuando malvinizar es el verbo favorito de la Presidenta.

En silencio, sectores opositores negocian con oficialistas una agenda parlamentaria no conflictiva para que el Congreso pueda estrenar sus salarios estelares con algunas leyes de consenso. O sea, mostrar "productividad", como pidió Cristina a los gremios que quieren aumentos de sueldo.

Los peronistas disidentes y Pro también se resignan a un kirchnerismo aplastante. Esgrimen una lógica del marketing político: cuando la gente quiere algo, no hay que ponerse en contra. Toca esperar.

En los círculos opositores suman dos más dos y empiezan a convencerse de que la reforma constitucional para permitir más gobiernos de Cristina Kirchner avanzará, inexorablemente. Sin sucesor a la vista y con la tendencia a concentrar todas las decisiones en la Presidenta hacen creer que el Gobierno intentará el cambio, dicen.

¿Mostrarán los gestos de la UCR y la resignación de los otros bloques caminos que se le abren al kirchnerismo para buscar votos que avalen la reforma? Se necesitan dos tercios en cada cámara del Congreso para tocar la Constitución. Sin aliados, es una vía muerta. Ningún opositor admite que dará los votos, pero la mayoría cree que otros sí lo harán. Y esta vez ni siquiera hará falta una foto en Olivos.

El dilema de Scioli

Daniel Scioli mira con preocupación cómo el poder kirchnerista se le viene encima. En el peronismo bonaerense avivan rumores de que en 2013 podrían pedirle ser candidato legislativo (y sacarlo de la carrera de la sucesión); su vice, Gabriel Mariotto, avanza como topadora en temas delicados de la gestión, y los bloques oficialistas de la provincia resistirán proyectos que Scioli pone como bandera. El gobernador mezcla rebeldías menores con concesiones importantes (como echar a jefes policiales repudiados por Mariotto). Y mantiene lazos con otros colegas, con dirigentes y empresarios distanciados de la Casa Rosada y con Hugo Moyano, el único dirigente dispuesto a desafiar la lógica del cien por ciento kirchnerista.

Los une una certeza: si el Gobierno logra sostener el ritmo creciente de la economía y el consumo, el futuro para ellos será retirarse o sentarse a aplaudir..

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