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¿Quién se robó el respeto?

Opinión

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¿A dónde se llevaron el "buen día", el "permiso", el "gracias", el "perdón".? ¿Quién prohibió la mirada complaciente, la sonrisa, el saludo en el ascensor.? ¿Quién decidió que no es importante el vecino, el compañero de escritorio, la recepcionista, el vendedor, el comprador, el señor de seguridad.?

El email que envía María Cecilia es una advertencia sobre este "maltrato cotidiano" del que nos hicimos carne. "En los 10 lugares promedio a los que puedo llegar a acudir cada día, en más de la mitad experimenté alguna agresión verbal, psicológica, totalmente gratuita.".

Desde que despertamos y salimos de casa. el colectivo, el subte, el taxi, el tránsito, la calle. "siempre hay alguien tratándonos de pasar por encima", subraya nuestra lectora, mientras suma escenarios en los que el maltrato está a la orden del día: "la cola del supermercado, en el banco, en un local de comidas."

Desde que despertamos y salimos de casa. el colectivo, el subte, el taxi, el tránsito, la calle. "siempre hay alguien tratándonos de pasar por encima

¿Qué gana quién llega primero?, ¿Qué consigue quien rapiña un espacio?, ¿quién se cree más piola que quién por haberse apoderado del derecho de algún otro?...

Cada quién tendrá, seguramente, sus experiencias y responsabilidad en esto del maltrato ciudadano. Cada quién sabrá - o se convierte en algo indispensable - hacer memoria y revisar qué actitud estamos llevando en el portafolio, la cartera, la mochila, el bolsillo. en la cara, en cada pensamiento, en el "corazón".

¿Estaremos enojados, violentos por insatisfacción, resignados a que "ya no importa", que "si los demás son así, por qué yo voy a responder de otra manera"? Tal vez en esto último pueda llegar a estar la solución. Cualquier otra de las preguntas que podamos hacernos al respecto servirá para "darnos cuenta" de cuán automatizado, conscientes o no, están desde el "mal modo" hasta, aunque parezca mentira, "la maldad".

"Algo hace que hoy haya casas, escuelas y calles enojadas. Existen motivos y razones que desatan episodios de violencia entre parejas, padres e hijos, alumnos y maestros, jefes y empleados, compañeros de trabajo, peatones y conductores. Donde uno observe atentamente encontrará a alguien que está enojado por algo", planteábamos en la nota "De qué me enojo cuando me enojo", publicada oportunamente en La Nación Revista.

"Nadie pide disculpas si se equivoca, siempre hay alguna excusa para justificar lo injustificable, y lo peor es que veo mucha gente menor a 25 años desempeñándose en atención al público con una terrible actitud cruel de maltrato. ¿Qué queda para cuando estas personas sean mayores y se desempeñen en puestos más altos? Esta generación ya está perdida. Nadie se hacer cargo de nada; es como una anarquía constante", dice en otro párrafo María Cecilia.

No se trata de ser agresivo ni tampoco de optar por ser alguien "pasivo" ante el maltrato

Más allá de las particularidades y costumbres de los tiempos, entiendo, que esta nueva "maldita costumbre" va más allá de un asunto generacional. Están los jóvenes de 20 que cuando cruzan la calle le dicen al taxista que tiró por la ventanilla el vaso de café que acaba de tomar: "Perdón señor, creo que se le cayó esto". Muchos siguen despertando a los señores "dormidos" que se niegan a darle el asiento a una embarazada o una persona mayor. Hay quien detiene su marcha desenfrenada, a la que nos arrastra esta vida ansiosa y despersonalizada, para ayudar a alguien a cruzar la calle o levantarlo del tropezón.

Esto no es moralina, sino salir el rescate de algo tan esencial como el "respeto". Descubrir palabras como empatía (percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir), asertividad (comportamiento adulto con los otros sin dejar de ser fiel a uno mismo), compasión (saber entender el estado emocional de los otros), responsabilidad social (solidaridad, participación ciudadana, compromiso).

No se trata de ser agresivo ni tampoco de optar por ser alguien "pasivo" ante el maltrato. Quien no pone el límite de la manera más saludable y menos violenta, quien no denuncia, quien no denuncia incluso a los que deben defendernos como ciudadanos y consumidores. es un cómplice más del maltrato.

María Cecilia, además de su email tan necesario, nos pedía sugerencias para que "todo este maltrato no afecte tanto mi calidad de vida".

Me animo a sugerir que, más allá de la actitud de los otros, y aunque resulte algo básico e ingenuo, es necesario prodigar el ejemplo y el deseo de cómo nos gustaría ser tratados. Respirar hondo frente al que no saluda, no contesta o "maltrata" y, como si nada, "mandarlo al diablo" con lo que más le duele: "gracias", "buen día", "pase usted", "le molestaría darle el asiento a la señora que lo necesita más que usted".

Me animo a sugerir que es necesario prodigar el ejemplo

Quién dice que es fácil. Sin embargo, más allá de quien quiera aprender, la única forma de enseñar es con el ejemplo. Eso sí, para no andar repartiendo lecciones equivocadas o poco sentidas, sería saludable revisar previamente qué es lo que puede estar afectándonos para andar por la vida con anteojeras y tan enojados

Algunas sugerencias:

1. Aceptar que hay cosas que nos enojan (y que, pese a nuestro enojo, tal vez no cambien nunca)

2. Identificar y aceptar eso que nos enoja (muchas veces trasladamos nuestro enojo a otros focos o motivos)

3. Trabajar con ese enojo que sentimos (preguntarse: ¿qué me provoca y por qué siento todo esto?)

4. Atreverse a decir que estamos enojados (tratar de evitar las palabras de las que podamos llegar a arrepentirnos. Muchas veces no hay retorno cuando la ira nos domina)

5. Expresar el enojo en palabras (Si no puede decirlo, escribirlo)

6. Resolver lo que nos enoja cuando estemos menos enojados (resistencia y sentido de oportunidad)

7. No convertir el enojo en violencia

8. Aprender a pedir perdón y a perdonar cuando el enojo fue exagerado

9. No sentir culpa por el derecho que tenemos de estar enojados

10. Consultar con un profesional apenas se crea que el enojo es incontrolable y que puede causar daño a uno mismo, a otras personas, animales o cosas.

Mientras que cada uno de nosotros hace su mea culpa y catarsis, está la responsabilidad de quienes tienen en sus manos la gestión pública. En ese sentido, en muchos países ya se ha incluído la materia "educación emocional" desde el jardín y las escuelas primarias. Otras ideas "originales" que pongo a disposición: carteles de vía pública tan sólo con palabras como GRACIAS, BUEN DIA, SONRIA. Por otro lado, entrenar "agentes emocionales" que, más allá de hacer multas y acarrear autos, den ejemplo de buenos modos y eviten el maltrato cotidiano. Sin lugar a dudas, ante todo, reforzar los "rescates", asistencia y asilo de los que no tienen recursos ni posibilidades para vivir ni para convivir.

Gracias María Cecilia por tu email. Gracias a ustedes por haber llegado hasta el final de esta columna de hoy. A los exigentes, perdón por las risas que pude haber despertado. Les pido un favor, tratemos de ser respetuosos en los comentarios para con el autor (jaja!) y con los otros lectores que decidan participar y aportar ideas y soluciones. . Buen día!!!!.

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