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Nota de tapa / La voz de Brasil

Caetano Veloso y los años

ADN Cultura

Cerca de los 70, el cantautor bahiano dice que aprendió a ser paciente y a considerar que siempre hay tiempo para hacer las cosas que uno quiere; se siente cerca de los jóvenes y confiesa que le gusta más cantar que componer

Por   | LA NACION

El próximo 7 de agosto, Caetano Veloso cumplirá 70 años. El personaje es tan emblemático que hasta podría pensarse que el aniversario le corresponde a todo Brasil. Creador del movimiento tropicalista, autor de canciones inolvidables, intelectual polémico e ícono contracultural, Caetano representa buena parte del rumbo que la cultura de su país tomó durante la segunda mitad del siglo XX.

Junto a Gilberto Gil y Tom Zé, y a partir de la "antropofagia" de Oswald de Andrade, Veloso reinterpretó la influencia de Estados Unidos en el arte y la sociedad brasileña, en un ejemplo político-social que impactó en el resto de América latina; estéticamente, unió las influencias de João Gilberto y del cancionero estadounidense (de Cole Porter al rock de los años 60 y 70) para crear un sonido único, que surca de manera transversal la historia reciente de la música verdeamarelha . Pero la novedad no es ésa. La noticia es que muy pronto cumplirá 70 años, y que contra todo pronóstico llega a esa cita al frente de una banda de rock.

De paso por Buenos Aires, a muy pocos días del show que ofrecerá en el porteño Gran Rex junto a su hijo Moreno, Caetano se dejó entrevistar en la intimidad de un hotel. En ese espacio, a la vez luminoso y sombrío, quedó claro que la traducción en letra escrita de ese diálogo fracasaría irremediablemente. Y es que el encanto de este hombre de modales suaves y exquisitos no radica sólo en lo que dice o piensa sino, sobre todo, en el silencio que precede a cada una de sus respuestas, la sonrisa con la que termina cada frase y el esfuerzo que manifiesta con su intención de ser claro y preciso. Da la impresión de que ante uno hay un personaje que ya escribió todas las canciones, respondió a todas las preguntas y vivió todas las historias, pero que siempre tiene algo interesante que decir. Aunque para él, quizá, lo más relevante sea el "muchas gracias por el interés" con el que recibe y despide al periodista, tal vez demasiado vehemente para ser cierto.

-¿Escribe canciones cuando está de viaje?

-A veces, pero aquí no escribí nada.

-¿Le resulta cómodo escribir en un hotel, durante un viaje?

-A veces sí. ¡Muchas veces! Me acuerdo de una canción que compuse en un hotel en Lisboa, y de otras que escribí en hoteles en el interior del estado de San Pablo? Una en Londres, pero no de la época en que estaba exiliado, sino de viaje en un hotel. Hay algunas canciones importantes que fueron escritas, según me acuerdo, en un hotel?

-¿Cuáles?

-Bueno, en Lisboa escribí, justamente, "Noche de hotel". En Londres, en un hotel pequeño, "Vaca profana". Y en el interior de San Pablo, "Vera gata". Al menos me acuerdo de éstas.

-¿Buenos Aires le resulta estimulante como ciudad?

-Me estimula a recorrerla. Yo veo una ciudad a partir de sus panaderías, librerías y pizzerías. No sé si en ese orden, pero son mis prioridades urbanas. Y en Buenos Aires, esa tríada es fabulosa.

-¿Escribe a un ritmo parejo o tiene épocas más creativas que otras?

-Hay épocas en las que escribo más. Si estoy motivado por un proyecto, escribo más. Por ejemplo, a comienzos de 2011 compuse mucho porque quería producir un álbum para Gal Costa, todo con canciones inéditas. Yo pensaba en un tipo de sonido y me proponía componer según esa idea; como tenía esa motivación, creé muchos temas. Y ahora estoy contento porque el disco acaba de salir en Brasil. Pero después de todas las canciones que escribí para ese disco, apenas si compuse una más. Sólo una, y porque me lo pidió mi amiga: Mart'nália, la cantante, hija de Martinho da Vila.

-¿Qué cosas lo inspiran?

-La verdad, lo que más me inspira para escribir canciones son otras canciones. Sí. La idea y la belleza de su existencia y el hecho de que siempre me haya gustado la música. Esto es lo que más lo lleva a uno a escribir canciones.

-¿Esto pasa au n en los momentos difíciles? En su libro V erdad tropical cuenta que escribió "Irene" en la cárcel. En una situación como ésa, ¿la principal fuente de inspiración fueron otras canciones?

-Sí. A veces, en los momentos difíciles, escribir una canción es necesario. Y otras veces, en los momentos buenos y agradables, hacer una canción es irresistible.

-¿En qué canciones ha pensado especialmente en todos estos años?

-En muchas. En una multitud de canciones que conozco y que he escuchado de niño. Sobre todo, brasileñas. Y después de las brasileñas, en norteamericanas, argentinas, mexicanas y cubanas.

-¿Las que interpreta son aquellas que le hubiera gustado escribir?

-Sí. A mí me gusta más cantar que componer [se ríe].

-¿Y por qué?

-Es más placentero. Es puro placer. Componer una canción no deja de ser un trabajo; da trabajo. En cambio, cantar es un placer.

-Y eso que, como ha dicho más de una vez, al principio de su carrera no se tenía mucha fe como cantante.

-Todavía no tengo. Ni como cantante ni como músico. En general.

-¿Y se siente más cantante que compositor?

-Creo que mi presencia en el escenario de los músicos conocidos de Brasil se justifica en parte por haber escrito un número considerable de canciones que pueden ser relevantes. Y eso me da el derecho de cantar. Pero a mí lo que de veras me gusta es cantar.

-¿Cuáles son las canciones que le hubiera gustado escribir?

-Las de Dorival Caymmi. Algunas norteamericanas, como? [piensa] "I get a kick out of you", de Cole Porter. El tango "Volver". Algunas canciones de Assis Valente, el compositor brasileño, como "Camisa listada", que Carmen Miranda grabó en los años 30. "Come as you are", de Kurt Cobain. "Para machucar meu coração", de Ary Barroso. "Estrada branca", de Tom Jobim? [sigue pensando]. Bueno, éstas, principalmente.

-¿Y de las suyas? ¿Cuáles le gustan especialmente?

-No sé? eso va cambiando. Pero "Corazón vagabundo" ha sido muy resistente al paso del tiempo. Es raro, porque la hice muy joven, cuando era bastante inexperto con la guitarra; sin embargo, para mí sigue siendo cantable, audible e interesante, aún hoy.

Globalización y mestizaje

-Mencionó las canciones americanas como una gran influencia en su obra. Pero, al mismo tiempo, siempre se ha preocupado de que la cultura de Estados Unidos no se devore a las latinoamericanas. ¿Mantiene esa preocupación aún hoy?

-Para mí es un hecho que la canción estadounidense y toda la cultura de masas norteamericana en general son una presencia dominante en el mundo. Y entonces, sólo se trata de reconocer la realidad de ese hecho. Uno trabaja a partir de aquello que es, y formar parte de una generación contemporánea de la época en que la cultura popular de masas de Estados Unidos dominó el globo es parte de la composición de mi persona. Ahora, también es cierto que aunque yo ame muchas canciones estadounidenses, mi interpretación de ellas va a ser hecha por una cabeza que habla portugués africanizado en América. Y las vivencias culturales que eso implica siempre son más fuertes.

-También es un gran defensor del mestizaje y las formas culturales que no son puras. ¿Cree que la globalización favorece el mestizaje o lo convierte en algo homogéneo y superficial?

-Creo que pasan las dos cosas. Por lo que hemos visto, el mestizaje ha generado una reacción extrema de los nacionalismos. Con la globalización radicalizada de las últimas décadas, algunos particularismos se pusieron más fuertes y quizá más fanatizados. Es algo que se ve mucho en Europa: localismos y nacionalismos lingüísticos o culturales que se fortalecen al mismo tiempo que la economía se globaliza y que la cultura de masas es más norteamericana aún. Pero el mestizaje ocurre más allá de esas reacciones. Siempre que puede, ocurre. Y más en un mundo como el actual, donde los viajes rápidos y las comunicaciones accesibles favorecen todo tipo de mezclas. Al mismo tiempo, la sensación de que pueda haber un proceso homogeneizador no parece muy saludable. Es curioso, porque en estos casos dan ganas de pensar como Lévi-Strauss: que las diferencias culturales son vitales para la presencia humana sobre el planeta. Tal vez sea así. No pienso como él, pero cuando veo demasiada tendencia a la uniformidad me siento inclinado a pensar que sus ideas sobre este asunto tienen fundamento.

-¿Cree que la globalización impone un acento norteamericano? ¿A partir de la globalización somos todos un poco más estadounidenses?

-Es un tema complejo, con muchos matices, que no admite una mirada unidireccional. Por ejemplo, algunos de los grupos de rap brasileño más auténticos, aquellos que surgieron de las favelas y que llevaron más afirmación para la población marginada, tienen como miembros a artistas que se llaman Mano Brown, Eddie Rock o Ice Blue. Parecen extraídos de una serie de un canal norteamericano. Y, sin embargo, ellos son los que, de hecho, representan más y mejor a las poblaciones reales de estos sitios particulares de Brasil. Esa gente se reconoce en ellos. Porque hay un nacionalismo transnacional, que es el nacionalismo negro, que también forma parte de esta situación. Son muchos factores para tener en cuenta, y estas caracterizaciones de estilos e identidad se componen de todos estos factores. Hay una complejidad que nos presenta un mundo interesante, más que un mundo homogeneizado. Son movimientos complejos y quizás fascinantes, que no representan un deseo de uniformidad, aunque sí, tal vez, de "ser" norteamericano.

-¿"Ser" norteamericano?

-Sí. Y es que un chico con poca cultura de libros y pocas oportunidades en la vida siente que la vida americana de la televisión y las películas es la vida verdadera. Los nombres de las celebridades, todo, es como si la vida verdadera fuera la americana, no la suya. Y disculpa que diga "americanos" y no "estadounidenses", como se dice en español: es que no me gusta la palabra "estadounidense".

-¿Por qué?

-Porque es una palabra inventada, y además mal hecha. Estados Unidos no es el nombre de aquel país; el nombre es "América", pero ya sabemos que un país en América no tendría el derecho de llamarse como el continente. Sin embargo, así son los colonizadores ingleses. En el sur de África hicieron lo mismo, llegaron a una zona y le pusieron Sudáfrica. Es una costumbre inglesa, extraña, eso sí... [Se ríe].

La música y los jóvenes

-Desde su disco C ê toca con una banda de jóvenes. ¿Qué es lo que le da, musicalmente y no sólo en la música, el contacto con otras generaciones?

-Me da muchas cosas. Sobre todo porque los chicos con los que yo toco saben todo. Conocen las canciones brasileñas de los años 30, las americanas tradicionales, las latinoamericanas, las del rock actual, el indie o el pop, todo lo de los años 60 y 70? Son eruditos en lo que hacen. Hay muchos así. Y éstos que trabajan conmigo son especialmente curiosos. Entonces, sí, me siento muy bien porque yo también soy curioso y conozco muchas cosas. Eso hace que trabajemos con gran facilidad y una muy buena comunicación.

-¿Se reconoce en ellos? ¿Ve un poco de usted mismo cuando tenía esa edad?

-Sí, un poco sí, claro. Cuando estamos viejos nos reconocemos en los jóvenes porque alguna vez fuimos como ellos. Hubo un día, ya lejano, en que fui como ellos también. Y además son músicos jóvenes; yo, que fui un músico joven, sé lo que les pasa y me reconozco en ellos. Pero después aparece otra identificación, más personal, que por suerte no depende del tiempo.

-¿Esa identificación la alimenta el interés mutuo por el rock?

-No sé. Cuando Pedro Sá y yo inventamos la banda que participó en C ê , nos dimos cuenta de que las canciones eran un puente entre el rock, el postpunk y el espíritu de los arreglos de Tom Jobim. La mezcla nos enriquecía, nos llevaba a un lugar que nunca habíamos pisado.

-¿Qué lugar?

-Musicalmente, el de una experimentación basada en el rock, pero que surgía del rock sin quedarse allí. Como decíamos antes, una zona de mestizaje.

-Es curioso que usted apueste con fuerza al rock cuando está cerca de cumplir los 70 años.

-[Se ríe]. Debe ser porque el rock es uno de los sinónimos del sexo. Cuanto más básico es el rock, más cerca está del sexo. Y todos sabemos que el sexo no tiene edad.

-De joven, a usted le interesaba especialmente la poesía. ¿En los amigos jóvenes de su banda también ve ese interés en la poesía?

-También, también. Aunque ellos conocen sobre todo la poesía de las letras de las canciones. En mi generación, la poesía la cultivaban más personas. La gente joven de la actualidad lee poco, y sobre todo lee poca poesía. Los libros de poesía no despiertan el interés que despertaban en los años 50 y 60, eso está muy claro. Con mis amigos de mi época podíamos decir de memoria muchos poemas. Ahora no es así. Mis amigos de ahora hablan de música, de canciones y de autores, de Iggy Pop a Lou Reed, pasando por Martinho da Vila?

-¿...como usted hablaba de poesía concreta?

-Bueno, los poetas concretos los encontré de más grande, pero hablábamos mucho de Drummond, de Vinicius, de Fernando Pessoa, sabíamos poemas de Federico García Lorca. La poesía nos decía algo que tomábamos personalmente. Creo que los jóvenes hoy buscan esas voces en otra parte. En las canciones, por ejemplo.

-¿Sigue leyendo poesía?

-Sí, pero menos. No leo tanto como cuando era joven. Y desde hace tiempo debo leer con lentes, ya no puedo salir sin ellos, y hubo un tiempo en que eso me molestaba mucho. Por otro lado, cuando éramos jóvenes mis amigos leían mucha poesía y hablábamos, sí, de eso. Pero si soy sincero, debo admitir que la mayoría de ellos eran poetas. Porque creo que a los demás, ayer y hoy, la poesía no les interesa mucho. Es un fenómeno que no sé explicar.

-Ahora que va a cumplir 70 años, ¿qué encuentra en esa edad que lo haya sorprendido para bien?

-¿En mí?

-Sí, claro.

-[Piensa mucho.] Vivir en carne propia la sensación del tiempo. La capacidad de esperar. Y la de saber resignarme a frustraciones que, aprendí, en general son pasajeras y pueden ser superadas. La capacidad de no caer en impaciencia y desesperación porque el tiempo podría no ser suficiente. Uno, a los 25 o 34 años tiene, probablemente, décadas por vivir, pero siente que no hay tiempo para nada. A los 69, en cambio, quizás no tenga ni dos décadas más por delante, no se sabe, pero creo que muchos, o al menos ése ha sido mi caso, aprenden que hay tiempo. Se puede esperar.

-¿Cómo impacta la edad en su trabajo musical?

-Preferiría tener otra edad, no lo voy a negar. Pero los artistas no nos jubilamos. Y si pensamos en músicos de rock, hay muchos muy buenos que tienen mis años o más. Yo no sé si cantar es un trabajo; exige fuerzas, pero que no dependen mucho de la edad. Miro atrás y pienso que todas mis canciones me han dado mucho placer. Tal vez de allí surja la fuerza que aún creo tener.

-Después de tantos discos grabados y tantas canciones escritas, ¿cómo ve su obra? ¿Qué podría decir de ella, a su favor?

-Que es perdonable.

Caetano,según pasan los años

1944. Infancia

"De niño tenía complicadas intuiciones filosóficas", dice Caetano cuando contempla esta foto que le sacaron al cumplir dos años.

1966. Amigos

En su juventud, se rodeó de poetas. En la foto, tiene a la izquierda a Torquato Neto, colaborador de Gilberto Gil, y a la derecha a Capinan.

1967. Dedé

El 29 de noviembre se casó con Dedé, como todos llamaban a Andrea Gadelha. Fue la primera de las varias compañeras sentimentales del cantante.

1968. Militancia

El 26 de junio, Dedé y Caetano participaron en la Marcha de los Cien Mil, la protesta contra el asesinato del estudiante Edson Luis a manos de la policía.

1970. Popularidad

Antes de los 30, llegó el reconocimiento. La foto lo muestra en el estudio de grabación, junto al productor Guillermo Araujo y su equipo.

1971. Exiliado

Veloso recibe la visita de muchos amigos, entre ellos Gilberto Gil. "En Londres empecé a amar el verde de los parques", dice Caetano.

1972. Juntos

João Gilberto invita a dos jóvenes figuras -Caetano Veloso y Gal Costa- a compartir con él un programa especial para la televisión.

1985. Ídolo

Durante la década del 80, el prestigio de Caetano se extendió por el mundo. En la foto, se lo ve como primera figura en los desfiles del carnaval de Río.

2007. Estampa

"El sexo es un asunto central en mi vida", dijo a los 65 años, en la nota de tapa que le hizo la versión brasileña de la revista Rolling Stone.

Padre e hijo en escena

En un video que se puede mirar en YouTube, filmado en un amplio departamento repleto de libros, papeles y discos, Caetano Veloso confiesa que nunca pudo bailar samba con la naturalidad con la que lo hacen los cariocas. Mientras el bahiano habla sobre sus dificultades para aprender el típico paso, la cámara enfoca los pies de Moreno, que se mueven con destreza sobre el piso de parquet. El padre lo observa admirado y el hijo le explica, casi en voz baja, cuáles son los secretos de esa danza tradicional. En la imagen final se los ve bailar juntos.

Así, como compinches, se los ve también sobre el escenario cuando cantan canciones como "Sertão", con letra de Caetano y música de Moreno, y en la presentación en vivo del disco Prenda minha . El 27 de marzo, en el Teatro Gran Rex, el público argentino podrá verlos juntos por primera vez. Harán un concierto acústico a beneficio de la fundación El Arca. Como no podía ser de otro modo, el show se llama Padre e hijo.

Como un Rolling Stone

En su autobiografía, publicada en castellano en 2002 por Salamandra con el título Verdad tropical , Veloso recorre con mucha transparencia su vida sentimental, erótica y política. Entre muchas anécdotas (algunas terribles, como sus meses en la cárcel durante la dictadura militar brasileña), está la del encuentro con Mick Jagger. "A comienzos de los años 80 -cuenta Caetano- Roberto Dávila, un periodista de la televisión, me pidió que lo acompañara a Nueva York para ayudarlo a entrevistar a Mick Jagger. Supuestamente, mi presencia aumentaría la curiosidad de la audiencia, teniendo en cuenta que en la prensa solían llamar a los tipos como yo ?el Bob Dylan brasileño' o ?el John Lennon brasileño'. Como nunca les he tenido demasiada antipatía a esas calificaciones imbéciles, acepté la invitación. También, claro, por curiosidad y por admiración a Jagger. Lo interesante es que, cuando le pregunté cómo lo había conquistado el rock, le conté mi desprecio inicial por Elvis y le dije que, al principio, el rock me había resultado primario y poco estimulante, y que a mí y a muchos otros brasileños la bossa nova nos había atraído con fuerza y nos había orientado en otra dirección. Me interrumpió para decir: ?Eso es bueno. Sería muy aburrido si no hubiese estilos diferentes en los diferentes lugares y la música fuera uniforme en todo el mundo'. No me lo dijo como un cumplido, sino más bien como una leve amonestación. Al parecer, creyó que yo me estaba culpando por no haberme interesado antes por el rock and roll. Sin embargo, esa única observación me pareció natural y absolutamente correcta. Viví y vivo como auspicioso el hecho de que la bossa nova surgiera justo cuando mis compañeros y yo estábamos aprendiendo a pensar y a sentir.".

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