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Dolor por la muerte de Delfina Mitre

Jueves 23 de febrero de 2012
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Fue el de Delfina Mitre, fallecida en esta ciudad a los 86 años, un carácter abierto y generoso, dispuesto siempre a asumir iniciativas, y al que acompañaba una infrecuente y original capacidad intelectual. Su vinculación estrecha con este diario la convirtió, además -y por mucho tiempo- en figura clásica de nuestro ámbito de trabajo.

Hija de Jorge A. Mitre y de Susana del Campillo, su padre había sido director del diario entre 1912 y 1932, y sus dos hermanos mayores fueron memorables integrantes de la Redacción: Jorge Carlos Mitre, editorialista que más tarde se desempeñó como director del Museo Mitre y presidente de la Comisión Nacional de Museos y Lugares Históricos, y de Adolfo Mitre, periodista brillante y escritor destacado. Ella, por su parte, colaboró con este medio de modo asiduo a partir de 1949, como autora de reportajes y notas en los que la soltura del estilo iba invariablemente de la mano de la nitidez del enfoque y con una acendrada preocupación social.

Por su forma de ser inquieta, mantuvo relación discontinua con lo rutinario de nuestra tarea hasta que en 1981 pasó a estar a cargo de la sección Sociales. Entretanto había adquirido una vasta baquía periodística, que la habilitó para fundar, en 1976, la revista Diplomacia, que por años fue un órgano influyente en ese delicado sector del quehacer nacional. Una extensión de tal temática fue la creación del Centro Superior de Ceremonial, Protocolo y Negociación, que fundó en 1984 y que hoy lleva su nombre. Por su notoriedad, esas actividades opacaron algo la multifacética acción desplegada por Delfina Mitre en áreas tan diversas como la asistencia social, la salud, la vida comunitaria y aun la mundana.

Era adolescente cuando se contó entre las primeras apasionadas por los deportes náuticos. Más tarde se graduó como enfermera en los cursos de la Cruz Roja y luego fue visitadora social y asistente psiquiátrica.

Fue paramédica en ocasión del prolongado sepelio de Eva Perón y en las jornadas revolucionarias de Córdoba, en 1955, lo que le valió un reconocimiento especial del Ejército.

Socia fundadora de la Asociación de Ayuda al Enfermo Mental y colaboradora de la cooperadora, la escuela de cerámica y el servicio de terapia ocupacional del hospital Borda, al sobrevenir, en 1956, la epidemia de poliomielitis, el Ministerio de Salud le confió la organización hospitalaria y del voluntariado con que se afrontó ese azote, y le tocó, en esas funciones, sentar las bases del actual Centro de Rehabilitación del Lisiado. En LA NACION, esas inquietudes la llevaron a crear la columna Guía asistencial, por la que obtuvo el premio Mujeres de Prensa y fue distinguida por el Patronato de Leprosos.

Integró la comisión directiva de la Asociación Acción Fomento Rural y expuso sugerentes puntos de vista al respecto, que merecieron, incluso, la atención de la Organización de Estados Americanos (OEA), que la becó en tres oportunidades. En la Universidad del Museo Social Argentino creó la cátedra de Bienestar Rural, a cuyo frente permaneció durante dos años.

Fue traductora en la Organización Internacional del Trabajo y tuvo participación, también, en el Consejo Interamericano de Mujeres, el Centro Internacional de Altos Estudios de Periodismo en América Latina (Ciespal), de Quito, y el III Seminario de Integración Latinoamericana, realizado en La Paz, Bolivia, en 1972,

Por su trayectoria recibió el premio de la Fundación Internacional Talentos para la Vida (2002) y el Premio Trébol de Plata, que otorga la rama femenina del distrito 489 del Rotary Club Internacional. El Instituto Literario y Cultural Hispánico (ILCH) prohijó en 2003 su ponencia "La antigua provincia jesuítica del Paraguay, precursora del Mercosur", que fue presentada en el Simposio Internacional de Literatura efectuado ese año en Asunción.

Observadora aguda, atenta a las más diversas expresiones del talento y de la inteligencia, contó entre sus amigos a algunos de los escritores y artistas más prestigiosos de Buenos Aires.

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