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Pequeños y gigantes

Adorables títeres en una fábula de esperanza, contada con un humor salvaje y feroz

Viernes 24 de febrero de 2012
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LA NACION
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Autor: Pasha Kyslychko / Dirección: Gabriela Marges / Selección musical: Gabriela Marges / Escenografía y realización de muñecos: Pasha Kyslychko / Iluminación: Matías Policicchio / Interpretes: Gabriela Marges y Pasha Kyslychko / Sala: La Nube, Jorge Newbery 3537 / Funciones: Sábado y domingo, a las 19 Nuestra opinión: muy buena.

Una especie de Yeti, peludo y de movimientos simiescos, recorre la escena. El aleteo de una mariposa lo molesta, la trata de atrapar, se divierte persiguiéndola. Unos cavernícolas ejercen el poder de sus mazas para aplastar alguna presa de rasgos prehistóricos. Otro golpe sobre una vieja radio la hace estallar en fragmentos de noticieros emitidos a borbotones. El aparente anacronismo no es tal, sino el resultado de la conjunción de elementos que conforman un escenario postnuclear, de sobrevivientes de una indeterminada gran catástrofe atómica.

Parece como si nadie hubiese aprendido nada. Los sobrevivientes retoman de modo primitivo el camino de la violencia que llevó a la destrucción total. Golpe sobre golpe, unos deben esconderse de los otros, nadie vive más que la soledad de su poderío, grande o pequeño. Pero muy lentamente se produce un desarrollo de los personajes desde su brutalidad hacia el placer de la convivencia, gracias a esa solitaria mariposa que entra y sale de sus vidas rudimentarias.

Los títeres del grupo Babel Teatro, integrado por Gabriela Marges (que tiene en su repertorio también una bella versión de La flauta mágica ) y el titiritero ruso Pasha Kyslychko, deambulan en el bizarro paisaje del apocalipsis, exhibiendo trazos que los ubica cercanos a la caricatura, pero con una llamativa capacidad de acumular empatía como personajes. Un detalle hábilmente utilizado es el de la mirada, que se articula con movilidad sobre cuerpos de una rigidez cómica. Toda la historia de Pequeños y g igantes se desenvuelve en un clima de humor, por momentos casi feroz, que recuerda de algún modo, salvando las distancias, a The Bed Sitting Room (La sala de estar con cama ), esa sátira también postnuclear filmada por Richard Lester en 1969, con Rita Tushingham, y los debutantes Dudley Moore y Marty Feldman.

La manipulación a la vista de los titiriteros arma la escena con precisión, proyectando sin dificultad sobre los muñecos toda la emotividad que implican las acciones y los personajes. Una muy atractiva banda musical, que marca contrastes con el sinsentido de la violencia, acompaña la obra. La armonía sonora parece marcar un camino distinto a la percusión de los mazazos cavernícolas.

La escalada hacia la violencia tiene un clímax fuerte, en el que por unos instantes apenas parece haberse perdido todo, para luego permitir la aliviada felicidad de que finalmente no era así, no se había producido un nuevo microapocalipsis. La gracia del ser débil y pequeño que es la mariposa le da un nuevo sentido a la vida de los más fuertes, que no hacían más que destruirse mutuamente. El planeta tiene una nueva esperanza de sobrevivir.

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