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Creación en estado puro

Cientos de residencias de artistas derriban barreras sociales, políticas y económicas en todo el mundo, al alojar a quienes buscan inspiración lejos de las presiones cotidianas

Viernes 02 de marzo de 2012
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LA NACION

El fuego de la chimenea calienta la cabaña rodeada de árboles, a la que casi no llega el sol del mediodía. Sobre la mesa, entre cuadernos con bocetos, lápices y papeles, un joven se inclina sobre la pantalla de su computadora mientras escucha música. Afuera, frente a la puerta, alguien acaba de dejar una canasta con comida en silencio, para no desconcentrar al artista.

No es un cuento de hadas. Así se trabaja en Colonia MacDowell ( www.macdowellcolony.org ), una de las residencias de artistas más antiguas de Estados Unidos y una de las más prestigiosas entre cientos de instituciones similares en el mundo. En el centro de las grandes capitales o aisladas en medio del campo, existen en múltiples formatos. Pero todas coinciden en la necesidad de apoyar el proceso creativo: ese que comienza con el lápiz sobre un papel o el pincel sobre una tela y que puede terminar en una obra que refleje a la humanidad entera.

¿Qué buscan los artistas que abandonan sus talleres para trabajar en otra casa, ciudad o país durante días, meses, años? Explorar nuevos contextos, intercambiar experiencias con pares de otras generaciones y culturas, producir obras lejos de las presiones y los hábitos de la vida cotidiana, inspirarse y ganar libertad para tomar riesgos.

"Fue la mejor experiencia laboral de mi vida", asegura Gaspar Libedinsky sobre los dos meses que vivió con todos los gastos pagos en la Colonia MacDowell, fundada, al igual que la neoyorquina Yaddo ( www.yaddo.org ), hace más de un siglo.

Por las 180.000 hectáreas con lagos y bosques ubicadas en Nuevo Hampshire, a dos horas en auto de Boston, pasaron más de 6500 artistas de distintas disciplinas; desde el autor y director de cine argentino Martín Rejtman hasta los compositores Leonard Bernstein y Meredith Monk.

Junto con la artista estadounidense Heidi Kumao, Gaspar realizó allí en 2010 la videoinstalacion Cuckoo , exhibida el año pasado en la Bienal del Fin del Mundo ( www.poloaustral.org.ar ). También se hizo amigo del escritor Michael Chabon, ganador del premio Pulitzer y líder del consejo directivo del lugar. Todos los días, a las seis de la tarde, se reunía con los demás residentes -alojados en 32 cabañas- para compartir los avances en el trabajo, comer, tomar cerveza y jugar al ping-pong.

¿Parece trivial? No lo es. El diálogo cara a cara y el intercambio de ideas es un aspecto central de las residencias, que aspiran a crear puentes entre los artistas. Y se logra a una escala cada vez mayor gracias a las redes en constante expansión, dispuestas a derribar barreras sociales, políticas y económicas.

Las residencias más destacadas en habla hispana -entre ellas, Kiosco (Bolivia), Revolver (Perú), Lugar a Dudas (Colombia) y las argentinas El Levante (Rosario) y Casa 13 (Córdoba)- están reunidas en Residencias en Red ( www.residenciasenred.blogspot.com ), un proyecto que nació en 2008 en el Encuentro Iberoamericano de Residencias Artísticas Independientes de San Pablo, auspiciado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarollo (Aecid).

A nivel mundial, una de las redes más activas es Res Artis ( www.resartis.org ), que funciona desde 1993 con sede en Ámsterdam y une unos 400 centros, organismos y artistas de más de 70 países.

"En todo el mundo existen cientos de residencias en ciudades, pueblos o en medio de la naturaleza -explican desde Res Artis-. No hay un modelo único. En algunas el artista debe autofinanciarse, mientras que otras aportan el total o parte de los gastos. Algunas son abiertas, a otras sólo se accede por invitación. Muchas veces son sólo el comienzo de una relación a largo plazo."

Así lo comprobó la artista argentina Melina Berkenwald cuando se contactó en Londres con Triangle (www.trianglenetwork.org), una red de residencias creada por la organización Gasworks ( www.gasworks.org.uk ) que procura apoyar a los países con infraestructura limitada, como Bangladesh, Kenia o Sudáfrica. Invitada por ellos realizó residencias en Holanda y la India, y luego regresó a Buenos Aires con un sueño: crear su propia residencia.

Contexto decisivo

"Tengo una muy buena relación con la gente de Gasworks, cada tanto les pido asesoramiento", dice Melina, ya convertida en una experta en el tema. Después de haber cofundado y codirigido la Residencia Internacional de Artistas en Argentina (RIIA) junto con Diana Aisenberg, Graciela Hasper y Roberto Jacoby, entre 2006 y 2009, ahora impulsa el proyecto URRA ( www.urraurra.com.ar ), pensado para generar residencias e intercambios con artistas argentinos y del exterior.

Por medio de URRA ya realizó dos ediciones de la Residencia de Arte en Buenos Aires. Mientras trabaja para lanzar la tercera en noviembre próximo y presentar el catálogo que resume el trabajo de 2011, planea lanzar este año la Residencia Mayo, durante el mes en que la escena artística de la ciudad se potencia gracias a arteBA.

No es una tarea fácil, señala, porque de las residencias no siempre surge un "producto vendible", con resultados que se puedan medir. "Hay algo acerca de los beneficios intangibles de estos proyectos -observa Melina- que dificultan su entendimiento."

"Una residencia no es un hostel ni un lugar al que los artistas van a hacer turismo: es un lugar donde se despierta la creatividad, al que se va a trabajar en un determinado entorno sin la interferencia de la vida cotidiana", aclara Alicia Candiani, artista y fundadora del Proyecto ´ace ( www.proyectoace.org ), programa internacional de residencias con sede en Colegiales. "Tampoco es una moda -agrega-, porque las residencias existen desde el siglo XIX, en múltiples formatos."

Por otra parte, este tipo de experiencias también puede generar resultados muy concretos. Eso asegura Joaquín Ezcurra después de haber vivido dos años (2009-10) en el Centro Hipermediático Experimental Latinoamericano (cheLA, www.chela.org.ar ), una antigua fábrica remodelada de Parque Patricios, en el marco de un programa informal que unía residencia artística y trabajo voluntario.

"Lo más sustancial que me dejó cheLA fue la oportunidad de crear la instalación Lejanía , en colaboración con el artista Diego Alberti", dice respecto de la obra lumínica interactiva de gran tamaño que luego fue exhibida en el Espacio Itaú Cultural de Buenos Aires, en el Museo Castagnino-Macro de Rosario y en Tecnópolis. Según Joaquín, "la espacialidad y la oscuridad de los gigantes galpones de cheLA probablemente influyeron en la creación de esta instalación".

El contexto es un factor decisivo en la residencia impulsada por la artista Andrea Juan desde la Dirección Nacional del Antártico. "Después de mi primera experiencia como artista en la Antártida en 2005, pensé que sería muy interesante poder desarrollar una residencia para artistas acá", contó a adn Andrea desde una de las Bases Antárticas Argentinas, donde trabajó en enero y febrero con artistas nacionales y extranjeros en un proyecto que une ciencia, arte y medioambiente.

Tras haber participado en residencias en Viena y Nueva York, Andrea explica que la Residencia de Arte en Antártida ( www.dna.gov.ar ) es "única" debido al clima, el paisaje, los traslados en helicópteros, rompehielos y aviones militares, y la convivencia entre artistas y científicos en ese remoto lugar del planeta.

"La pasión es común en ambos, las charlas no tienen fin -asegura-. Las salidas son inciertas, ya que el clima cambia permanentemente, la luz es intensa y los vientos, fuertes, por lo que la diagramación de una obra site specific puede variar de lo programado. El paisaje cambia todo el tiempo. Nada permanece estable."

Efecto viral

Justamente, la estabilidad no parece ser una cualidad de las residencias: cada tanto hay alguien que llega y otro que se va. La única constante podría ser la transformación permanente, el ensayo de prueba y error, la creación en estado puro.

Incluso es difícil establecer un mapa de residencias (ver infografía), no sólo por la cantidad sino porque algunas no tienen sede fija. Es el caso, por ejemplo, del Centro Rural de Arte ( www.centroruraldearte.org.ar ) y de Curatoría Forense ( www.curatoriaforense.net ).

"Nos interesa que lo que se produce circule en distintos ámbitos", explicó la actriz María José Trucco, una de las coordinadoras del Centro Rural de Arte. Aún sin sede propia, ya organizaron residencias en parques nacionales y en distintos puntos de la provincia de Buenos Aires; también en algún lugar bonaerense a definir realizarán en septiembre de 2012 una residencia relacionada con el diálogo entre la ciudad y el campo.

El caso de Curatoría Forense es más complejo. Sus impulsores viven en diferentes países de América Latina y crearon una estructura móvil que recorre el continente; en cada caso, como lo hicieron en Rosario, trabajan en colaboración con gestores, artistas e investigadores locales.

"Las residencias en formato summer camp no son el traslado del taller ni un taller extendido, porque no tenemos objetivos definidos ni metas que cumplir. Es una puesta a prueba de nuestras capacidades. Queremos que las cosas pasen más allá de lo que podamos planificar", explicó el curador Jorge Sepúlveda, uno de los coordinadores del grupo. Según él, se busca crear "un espacio de libertad total, donde nadie tiene la razón ni la autoridad para decirle al otro qué hacer".

En sintonía con todos los proyectos mencionados, Curatoría Forense aspira a desencadenar un efecto viral que exceda el espacio de las residencias. "Las relaciones afectivas y efectivas creadas en cada edición se profundizan y materializan en nuevos proyectos -aseguró Sepúlveda-. Son los excedentes que perseguimos, las redes que deseamos ver en acción."

MacDowell: www.macdowellcolony.org/about-Video.html

URRA:

Antártida:

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