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Nueva ola de Virginia Woolf

Silvia Hopenhayn

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PARA LA NACION
Miércoles 07 de marzo de 2012

El artista suele darle tiempo a la realidad para que ésta permanezca en la historia. Un atardecer o una pena, una lucha o el mar, cobran vida nueva en la percepción, por la cual trascienden. Las amapolas existen para siempre en los campos de Monet; los girasoles no marchitan en los jarrones de Van Gogh. El mar es incesante en Debussy y la desesperación se vuelve canción en Neruda. Se podría contar la historia del hombre a través de la producción de sus artistas. Son los frutos de una época. El Guernica de Picasso, para la Guerra Civil Española; Apocalipsis now , el film de Coppola, para la guerra de Vietnam.

En literatura, el destino del protagonista por lo general traza una analogía con el destino humano de su tiempo; aunque parezca aberrante o singular, el despertar de Gregorio Samsa en La metamorfosis , de Kafka, es un eslabón fundamental de la historia del siglo XX.

La mirada fina, audaz y anhelante de Virginia Woolf también permite adentrarnos con gracia y estupor en las primeras décadas del mismo siglo. Ya sea a través de novelas bellas e intensas, como Orlando o Las olas ; o con sus ensayos, pequeñas joyas de la percepción, dispersos en distintas publicaciones.

A setenta años de su muerte, se han liberado los derechos, al menos en castellano, y esto permite recobrar textos recónditos de esta mujer lobo. La Woolf, temida por algunos intelectuales de su época y centro luminoso del grupo de intelectuales británicos Bloomsburry (al que pertenecían Maynard Keynes, Bertrand Russell, Dora Carrington y Roger Fry, entre otros), le dio letra a la vida. Sus breves críticas, crónicas, descripciones, desvelos, son prueba de ello.

Acaban de aparecer los textos reunidos por Leonard Woolf, marido de Virginia, bajo el título La muerte de la polilla y otros ensayos . Vale destacar la edición argentina de La Bestia Equilátera, sobre todo por su delicada traducción, a cargo de Teresa Arijón, plena de matices y hallazgos. En el texto que inaugura esta serie hay una polilla vigorosa que revolotea "con sus alas color heno ornadas con una borla del mismo color" en una ventana que circunscribe su destino. A través de ese pequeño insecto, Virginia Woolf consigue retratar, trágica y sutilmente, la llegada de la muerte. Primero muestra la polilla danzante, hasta que se posa en el borde de la ventana, al sol. Luego la nota tan "rígida -o tan torpe- que sólo podía revolotear en la parte inferior del panel de vidrio. La indefensión de su actitud hizo que me despabilara; ya no podía levantarse sola; sus patas luchaban en vano? cuando le acerqué un lápiz con el propósito de ayudarla a enderezarse, comprendí que el fracaso y la torpeza eran la cercanía de la muerte". Es increíble cómo Woolf hallaba en el movimiento de las olas, de las alas, de las hojas, de los vestidos, del pelo, una lectura del paso del tiempo.

Le siguen ensayos pictóricos, de crítica literaria, pero también de vagabundeo. El último texto impacta por su cercanía: "Pensamientos de paz durante un ataque aéreo", escrito en 1940.

© La Nacion

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