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Cuerpo extranjero

Nueva e inquietante obra de la Compañía Móvil

Jueves 08 de marzo de 2012
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PARA LA NACION
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Idea original: Ines Armas, Daniela Fiorentino y Fagner Pavan / Intérpretes: Ines Armas y Daniela Fiorentino / Música original: Ignacio Iñaqui / Diseño de iluminación: Adrián Cintioli / Concepto de vestuario: Lucas Marin / Realización de vestuario y titeres: Sol Stolarczyk / Dirección: Fagner Pavan / Sala: El Portón de Sanchez / Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: muy buena

Después de presentar Objetos, hace dos temporadas, la Compañía Móvil propone un nuevo proyecto de investigación en el que la danza vuelve a tomar contacto con un objeto, en este caso animado. Un títere, que irá multiplicándose a medida que la experiencia avanza, se transformará en elemento de estudio, a la vez que provocador para la creación.

Una bailarina (Inés Armas) y una titiritera (Daniela Fiorentino) se cruzarán en escena para mostrar un juego que irá subiendo en intensidad a medida que el cruce de relaciones crece; el muñeco pareciera querer ocupar el centro máximo del espacio.

Si en un comienzo la manipuladora demostrará su dominio dándole movimiento a la bailarina, eso se irá transformando de a poco, cuando sea el muñeco quien se torne –unas veces– una prolongación del cuerpo de ambas o –en otras– adquiera una entidad tan segura que promoverá todo tipo de sensaciones encontradas, tanto en las intérpretes como en los espectadores.

Una montaña de estopa en el fondo dará cuenta de unos restos siempre presentes, a los que se podrá recurrir para seguir construyendo formas a las que habrá que otorgarles el alma necesaria para que puedan moverse con soltura en el escenario. De ser así, algo del cuerpo de bailarina y manipuladora deberá adaptarse a esa nueva situación y, en ese derrotero, mucho de ellas parecería transformarse y perderse, porque esos muñecos están muy dispuestos a adquirir una extrema vitalidad.

Inés Armas y Daniela Fiorentino se muestran como dos intérpretes muy seguras, dispuestas a dejarse modificar por ese mundo al que el objeto las obliga a adaptarse continuamente y en el que rescatan sentimientos muy diferentes y que transmiten en una plenitud muy conmovedora. Cada escena expone una nueva posibilidad de relación/reacción y eso conlleva un renovado estado anímico, que no sólo será expresado por el cuerpo a través de movimientos sino de una gestualidad en la que quedará marcada esa tensión.

La música de Ignacio Iñaqui y la iluminación de Adrián Cintioli ayudan mucho a componer un marco creativo que el brasileño Fagner Pavan ha dirigido, buscando las múltiple sutilezas de dos expresiones en apariencia muy opuestas como son la danza y el títere. Sin embargo, el creador llega a una síntesis muy precisa y potente.

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