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Ritmos biológicos y horarios escolares

Como los relojes internos de los adolescentes "atrasan", convendría comenzar más tarde la jornada.

Lunes 12 de marzo de 2012
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Entre los cambios que podrían implementarse más o menos rápidamente en la práctica escolar están los vinculados con hallazgos cronobiológicos que permitieron constatar que nuestro desempeño cognitivo varía considerable y predeciblemente a lo largo del día.

"Uno no es el mismo para aprender a las siete o a las diez de la mañana, a la tarde o a la nochecita", explica el doctor Diego Golombek, ex presidente de la Sociedad Argentina de Neurociencia y director del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Quilmes. Aunque hay variaciones individuales, conocer estos ritmos podría ayudar a "sintonizar" la agenda escolar teniendo en cuenta a qué hora conviene hacer gimnasia, matemática, lengua o música.

Según el investigador, más allá de las diferencias individuales y, especialmente, de desarrollo (ya que son muy diferentes los ritmos internos de un chico de primaria de los de uno de secundaria) podrían establecerse algunas generalidades.

"En principio, convendría iniciar el día muy liviano: si se empieza con una demanda cognitiva muy fuerte, los pibes no están preparados -explica Golombek-. En general, nuestro desempeño cognitivo va de acuerdo con nuestros ritmos internos. Un medidor podría ser el pico de temperatura corporal, que se registra hacia las cuatro o cinco de la tarde, o incluso un poco después. Y lo mismo ocurre con el desempeño intelectual. Las pruebas olímpicas no se realizan a la mañana, porque los atletas responden mal. Los récords y el mayor desempeño físico se dan a la tarde."

Las neurociencias también tienen mucho que decir acerca del tiempo continuado de atención que son capaces de sostener los chicos. "La evidencia indica que la duración de las clases debería ser variable, porque nuestros módulos [de atención] son diferentes para distintas disciplinas."

Un fenómeno de particular interés para el sistema escolar es el de los relojes biológicos de los adolescentes. "En la jerga los llamamos «búhos», o sea que las agujas de sus ritmos internos «atrasan» -dice Golombek-. Uno piensa que se duermen tarde por cuestiones culturales, porque chatean con sus amigos o miran TV. Y, sí, es así, pero también es por su biología. Las agujas de su reloj les dicen: «Hacé todo más tarde». Al día siguiente, se tienen que levantar a las seis y media para ir a la escuela y están literalmente dormidos. Sería interesante tener esto en cuenta para establecer los horarios escolares con una base racional cronobiológica."

Diferentes pruebas, agrega el científico, descubrieron que si se retrasa de media a una hora el inicio de las clases, los chicos se enferman menos, rinden más académicamente, están más contentos en el colegio...

A pesar de que socialmente no está bien visto pretender levantarse más tarde, Golombek sostiene que habría que considerar los horarios desde otro punto de vista: "No hay que levantarse temprano para ser un buen estudiante; se es mejor estudiante en el momento en que el cuerpo está preparado".

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