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Sinfónica Nacional

Auspicioso primer encuentro musical con la orquesta que dirige Pedro Ignacio Calderón.

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LA NACION
Martes 13 de marzo de 2012
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Director : Pedro Ignacio Calderón / Solistas : Pehuen Díaz Bruno (contratenor) y Silvina Álvarez (viola) / Programa: Suite para contratenor y orquesta de cuerdas (primera audicion), de Aby Rojze; Andante y Rondo húngaro para viola y orquesta, de Carl Maria Von Weber, y Sinfonía Nº 6, de Antonin Dvorak / Sala: Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Nuestra opinión: Muy bueno

El ya tradicional ciclo de conciertos llevado a cabo por la Sinfónica Nacional dio comienzo con un novedoso programa dirigido por el titular Pedro Ignacio Calderón y con la intervención de dos cantantes solistas. A ello se sumó la primera audición mundial de una obra de Aby Rojze, violinista que integra desde hace años la planta de la misma orquesta.

Precisamente fue su composición, Suite para contratenor y cuerdas , estructurada con una introducción grave, un intermedio lúgubre andante misterioso y una vocalización en adagio, la que inició el concierto y permitió el lucimiento del contratenor Pehuén Díaz Bruno de segura emisión, musicalidad y voz de aquellas que se escuchan sin esfuerzo aun en los pasajes más tenues. Al mismo tiempo, la experiencia indudable del director y la buena predisposición del sector de cuerdas permitió precisar la estética de la composición que transita por el terreno de la tonalidad con bien regulada cantidad de planos e intensidades. El público tributó su aplauso, y Rojze agradeció con sobriedad.

Calderón dirigió a la Sinfónica en el primer concierto del año, aunque la temporada empieza –oficialmente– recién este viernes.
Calderón dirigió a la Sinfónica en el primer concierto del año, aunque la temporada empieza –oficialmente– recién este viernes.. Foto: Archivo

A continuación se escuchó el Andante e rondó húngaro para viola y orquesta O p. 35, de Weber -al parecer escrito en 1813, año en el que músico fuera director de la Opera de Praga-, con la violista Silvina Alvarez en calidad de solista, quien dejó escuchar un hermoso sonido y muy buenos recursos técnicos, en tanto que la orquesta se limitó a una lectura que facilitara su lucimiento, asunto complicado tratándose el autor de un germano enamorado de los instrumentos a soplo y que además buscó en las fuentes de inspiración romántica, la atmósfera de su propia musa.

Pero además Weber no ahorró dificultades. Por el contrario, su estilo puntillista y la agilidad de su discurso melódico hacen que la gran mayoría de sus composiciones se constituyan en un compromiso de preparación nada fácil ni menor. De ahí el interés que reviste programar obras de su catálogo, en el cual si bien predominan los corpus dedicados al canto y al teatro lírico, son muy valiosas las composiciones instrumentales y para piano, que hubieran sido mucho más numerosas de no haber muerto a los 40 años de edad, en Londres, el 5 de junio de 1826.

Pero el momento sinfónico más valioso del concierto de esta orquesta se escuchó en la segunda parte después de un sabio intervalo, por lo breve. Fue con la ejecución de la Sinfonía Nº 6, de Dvorák, obra a la que se puede encasillar como representativa de un período compositivo del autor muy influenciado por atmósferas eslavas. Esto se ve, en especial, por el hecho del reemplazo de un scherzo por un ritmo de danza húngara denominada furiant en tempo presto como tercer movimiento, que de todos no anula planamente la influencia del estilo germano, a lo Brahms, que sobrelleva la sinfonía en especial en su movimiento final allegro con spirito que, pese a ese detalle, nos resulta menos valioso y algo reiterativo en su temática.

Como la orquesta cumplió su faena con discreción y la obra en su conjunto es rica en puntos de contacto con el gran sinfonismo de Smetana, en especial por la vivacidad y discurrir de su dinámica y acentuaciones, provocó un encanto auditivo, en especial por el acierto de Calderón en cuanto a la dinámica general, razón por la cual el público se manifestó sumamente complacido con un largo y sostenido aplauso.

Fue el final de una jornada cargada de dificultades en una Buenos Aires que, pese a todo, es una de las más ricas del mundo en actividades culturales.

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