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La segunda conquista española de América

Andrés Oppenheimer

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LA NACION
Martes 13 de julio de 1999

RIO DE JANEIRO.- ¿Será España en el siglo venidero una potencia política en América latina capaz de desafiar la influencia de los Estados Unidos en la región? Ciertamente, el gobierno español está tratando que así sea. Quizá lo más interesante de la reciente cumbre de 48 líderes de la Unión Europea (UE) y América latina en esta ciudad fue que España consolidó su posición como eje de una nueva alianza, todavía vagamente definida, entre Europa y América latina.

Aunque la cumbre de 33 países latinoamericanos y los 15 miembros de la UE fue presidida por el jefe de Estado alemán, Gerhard Schroeder, éste parecía con la mente en otro lado: sonrió poco y dio la impresión de estar permanentemente consultando su reloj, como si estuviera ansioso por regresar a casa y ocuparse de temas más urgentes.

Fue el presidente español, José María Aznar, quien pareció trabajar más arduamente por una alianza eurolatinoamericana, con España en su centro.

"España es uno de los miembros más pobres de la Comunidad Europea y necesita presentarse como algo más grande de lo que es -me señaló un diplomático latinoamericano-. Entonces, quiere presentarse ante sus socios como el líder de una comunidad iberoamericana de más de veinte países." En la Cumbre de Río, España logró un acuerdo por el cual la próxima reunión de mandatarios europeos y latinoamericanos tendrá lugar en ese país, en el 2002. Esto significa que España, en su calidad de anfitrión, estará a cargo de preparar la agenda de la reunión.

Asimismo, la cumbre acordó crear "un grupo birregional", que se reunirá regularmente, supervisará y alentará acuerdos entre Europa y América latina. Los españoles confían en que, con el tiempo, este grupo se convierta en una institución formal, con sede en España.

La posible institución birregional podría resultar de la ampliación de una oficina de la secretaría general de la Cumbre Iberoamericana, que se prevé que comience a funcionar el año próximo en Madrid. España fundó las cumbres iberoamericanas hace casi una década y ha sido su principal impulsor.

La ofensiva política española se produce en medio de una avalancha de inversiones hispanas en América latina, que muchos describen como "la segunda Conquista". Desde 1990, empresas como Repsol, Endesa, Telefónica de España y el Banco de Santander han invertido más de $ 20.000 millones en América latina, comprando compañías de todo tipo, desde el monopolio petrolero en la Argentina hasta bancos privados en toda la región.

La geografía está primero

¿Llevará todo esto a que España -y la UE, por extensión- alcance la influencia de Estados Unidos en la región? Lo dudo mucho, por lo menos en el corto plazo. Políticamente, como solía decir el premio Nobel mexicano Octavio Paz, "la geografía es la madre de la historia": es difícil creer que España o la UE le prestarán más atención a una región al otro lado del Atlántico que a sus vecinos de Europa del Este o del norte de Africa.

Económicamente, a pesar de sus enormes inversiones en la región, el comercio español con América latina es minúsculo. Consideren lo siguiente: el año pasado, el valor total del comercio de la UE con América latina y el Caribe, con sus 484 millones de habitantes, fue inferior al comercio de la UE con Suiza, una nación que tiene una población de apenas siete millones.

En parte debido al proteccionismo europeo en áreas como la agricultura, las exportaciones latinoamericanas a Europa han caído dramáticamente, del 24 por ciento de las exportaciones totales de América latina en 1990 al 13 por ciento en 1997, según datos de Irela, un centro de estudios de la UE. Mientras tanto, las exportaciones de América latina a los Estados Unidos han crecido significativamente, dice el mismo estudio.

Sin embargo, el rol de España como una minipotencia en América latina está destinado a crecer. En momentos en que los líderes de ambas regiones se quejan de un "mundo unipolar" dominado por Estados Unidos, es probable que América latina y la UE comiencen a coordinar sus políticas exteriores para desafiar algunas posturas específicas de Washington. Y España se ha posicionado como para desempeñar un papel central en ese proceso.

El autor es argentino, columnista de The Miami Herald; ganó el Premio Pulitzer en 1987 por sus notas de investigación y el año último, el María Moors Cabot por sus trabajos sobre América latina.

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