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Asma al-Assad, una frívola primera dama para un régimen brutal

Nacida y criada en Londres, elegante y occidentalizada, fue vista como una fuerza modernizadora en el mundo árabe; hoy, sin embargo, defiende la política represiva de su marido, el presidente sirio, y aparece más preocupada por las compras online que por los padecimientos de su pueblo

Domingo 18 de marzo de 2012
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PARA LA NACION
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LONDRES

Es probable que pocas personas tengan un antes y un después tan marcado como Asma al-Assad, o un perfil público tan cuestionado.

Durante su "antes", la primera dama siria era descripta por políticos de todo el mundo como una fuerza renovadora en Medio Oriente, la edición francesa de la revista Elle decía que era un ícono de belleza y Vogue la describió como la "rosa del desierto", aunque a poco tiempo de publicar su artículo, que describía en términos más que favorables al gobierno sirio, se vio forzado a retirarlo de su sitio web.

Periodistas norteamericanas competían ferozmente por una entrevista con "la primera dama de Occidente en Oriente", los medios europeos se "mataban" por adularla. Imágenes suyas llevando adelante proyectos de educación y en favor de los derechos de las mujeres recorrían las pantallas del mundo, sus fotos junto a los Sarkozy, los Pitt y los Obama empapelaban los stands de las revistas más populares.

Pero un día, casi al final de 2010, un vendedor de un mercado en Túnez se prendió fuego hasta morir, y antes de que cualquiera pudiera preguntarse qué pasaba, la ira latente que recorría las venas de gran parte de la oprimida población a lo largo y ancho de Medio Oriente estalló. Pedían libertad, y el fin de los regímenes totalitarios y opresivos, incluido el de los Al-Assad.

Túnez, Libia, Egipto y Siria, y a Asma al-Assad, esposa británica del presidente Bashar al-Assad, le llegó su "después".

Hoy, esta mujer de apenas 36 años, que lleva una década en el poder en Damasco, es una de las figuras más cuestionadas del régimen. Sus críticos se quejan de lo poco que, al parecer, está haciendo para ayudar a las víctimas del brutal régimen de su esposo. Los otros dicen que, como primera dama, su poder de injerencia es mínimo, o nulo. Algunos hasta se atreven a arriesgar que Asma es una víctima más, que no tiene escapatoria. Que irse de Siria sería imposible, que hasta podría significarle tener que dejar a sus tres hijos, Hafez, Zein y Karim.

Una serie de e-mails filtrados a medios occidentales días atrás mostró otra faceta, más inesperada quizá. La primera dama siria aparece allí como una mujer frívola, desinteresada de los dramas de su pueblo y más inquieta por obtener, por ejemplo, una copia de la última película de Harry Potter. En otros muestra su avidez por las compras online, de joyería cara, piezas de arte y muebles de negocios exclusivos en Londres. El 3 de febrero pasado, mientras se denunciaba la muerte de unos 200 rebeldes en Homs, Asma le preguntó a una amiga si debería reservar unos zapatos Christian Louboutin de 7000 dólares.

La historia de Asma al-Assad -Asma al-Akhras, como nació- empieza en el año1975, en una casa de dos pisos en Acton, un barrio de clase media del oeste de Londres. Hija del médico cardiólogo Fawaz Akhras y de madre diplomática, Asma creció siendo parte de la gran comunidad musulmana de la capital británica y en constante contacto con sus raíces sirias.

Los Akhras son sirios sunnitas, originalmente de Homs, el área donde organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch denuncian más abusos, asesinatos y torturas de opositores por parte de las fuerzas de seguridad de Bashar al-Assad.

La familia de Asma, que todavía vive en aquella casa, hoy con permanente custodia policial por las protestas de la comunidad siria de Londres, siempre tuvo un buen pasar y eso se reflejó en la crianza de la hoy primera dama, que fue enviada a un exclusivo colegio católico -pese a provenir de una familia musulmana- y a una universidad privada, donde sus compañeras la llamaban "Emma" y sus maestros la describían como "una chica muy occidentalizada y para nada tradicional". Allí estudió francés y se recibió de técnica en sistemas.

Tras algunos años sin mayores saltos, Asma llegó a la ultracompetitiva City londinense, como analista del Deutsche Bank y JP Morgan. Ex colegas suyos hablan de una joven muy competitiva y extremadamente inteligente, que sabía exactamente lo que quería.

Según algunos, el encuentro entre Asma y el actual presidente sirio no fue casual. Los Akhras viajaban frecuentemente a Siria, a visitar a familiares, amigos y conocidos, entre los que se encontraban los Al-Assad. Pero otros dicen que la familia en el poder desde hace décadas en Siria nunca aceptó completamente a Asma. Los Al-Assad pertenecen a la tribu alawita, de larga historia de rivalidad con los sunnitas, especialmente en la ahora famosa ciudad de Homs.

La relación entre Asma y Bashar (10 años mayor que ella) se mantuvo en estricto secreto. El estaba en Londres y no tenía ningún apuro. Pero hacia mediados del año 2000, el padre de Bashar murió (a los 69 años y tras 30 en el poder, plagados de denuncias de abusos de los derechos humanos). Bashar tomó la presidencia. Asma se mudó a Damasco y se casaron, casi en secreto.

Muchos esperaban que la joven pareja introdujera cambios en la dirección política del país. Los primeros meses estuvieron dedicados a "preparar" a la joven primera dama. Asma recorrió Siria de punta a punta, visitó proyectos de organizaciones no gubernamentales, habló con la gente, se empapó se sus problemas.

La imagen de una Asma de 26 años estaba cuidada al detalle. Desde las "occidentalizadas" faldas arriba de la rodilla, el pelo corto, al estilo europeo continental, su esbeltísima figura, los almuerzos en el Eliseo.

La analista de sistemas, británica pero de familia árabe. La mezcla perfecta de culturas. El ejemplo de que, en el siglo XXI, es posible mezclar mundos. Parecía la campaña ideal de relaciones públicas para el cuestionado país árabe. "Una nueva primera dama para una nueva Siria," pensaban.

La señora de Al-Assad jugó su papel. Entró al poder con todo lo que tenía. Organizó festivales de arte, creó fundaciones y organizaciones sin fines de lucro, comenzó a promover temas de educación para las mujeres y discapacitados. Tomó con ambas manos lo que su rol de primera dama le permitía. Incluso tenía un perfil de Facebook cuando la red social estaba prohibida en Siria.

"Es una mujer extraordinaria, muy inteligente, una presencia valiosa al lado de su marido y una fuerza modernizadora," dijo la periodista londinense Gaia Servadio, que trabajó con Asma para organizar un festival de arte en Damasco, en una entrevista con el National Post, de Canadá. En enero de 2011, era normal verla dando charlas en conferencias internacionales, haciendo llamados a los jóvenes sirios a tener una participación más activa en la sociedad, principalmente en relación a los problemas sociales y económicos que acechaban al país.

Pero de pronto, las historias sobre las virtudes de la pareja con más poder en Siria comenzaron a desaparecer y en su lugar, aparecieron las denuncias de asesinatos por parte del ejército leal al Bashar al-Assad. Con el paso de las semanas y los meses, la ciudad de Homs se convirtió en una de las zonas más sangrientas del planeta. Y Asma, progresivamente, desapareció de las pantallas. Desde el comienzo de los enfrentamientos, se la vio en contadas ocasiones acompañando a su marido en actos oficiales, junto con sus tres hijos, o sola.

Asma rompió el silencio en febrero, cuando, a través de un intermediario envió una nota al diario británico The Times, en la que se leía: "El presidente es el presidente de Siria y no de una fracción de los sirios y la primera dama lo apoya en ese rol". El mensaje continúa explicando que la primera dama está extremadamente ocupada y que se encuentra enfocada en el trabajo que hace con varias organizaciones sociales y apoyando al presidente "cuando es necesario".

"Asma al-Assad tiene dos lados. Es una mujer moderna, definitivamente diferente de las mujeres de otros líderes árabes. Pero también quiere ser una princesa", explicó el periodista experto en Siria Andrew Tabler en una entrevista reciente con la cadena norteamericana CNN.

El año 2011 transcurrió atiborrado de historias de violencia y horror en esa parte de Medio Oriente. Naciones Unidas estima el número de muertos en 8000 desde el comienzo de los enfrentamientos, incluidos cientos de mujeres y niños. Ya nadie logra llevar la cuenta de las denuncias de torturas y maltratos. Las opiniones están divididas sobre el nivel de responsabilidad, o influencia, de Asma. "Nadie puede decir a ciencia cierta lo que está pasando a puertas cerradas en el palacio, pero dudo de que ella sienta que tiene algún tipo de control o influencia sobre lo que hace su esposo," dijo Tabler, quien vivió en Siria entre 2001 y 2008 y trabajó con la primera dama.

Pero otros piensan que ninguna primera dama tendría que cargar con tal responsabilidad sobre sus hombros. Hay quienes sostienen que, en realidad, la británica es otra víctima de la situación, y que no tiene más opción que quedarse en Damasco, con sus hijos.

Periodistas y analistas en cada rincón del planeta hoy coinciden en que Asma al-Assad es un misterio, que no es lo que el mundo espera de la esposa de un dictador árabe, aunque no aclaran qué es lo que el mundo espera de la esposa de un dictador, de cualquier parte.

© La Nacion

Quién es

Nombre y apellido: ASMA AL-ASSAD Edad: 36 Su vida en Londres: Hija de un médico y de una diplomática, nació en un barrio de clase media de Londres. Se educó en un colegio católico y estudió Sistemas en una universidad privada.

Diez años en Damasco: Se casó a los 26 años con el líder sirio y al tiempo se convirtió en primera dama y creó fundaciones y ONG. La pareja tiene tres hijos: Hafez, Zein y Karim.

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