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"Lo de YPF es una cortina de humo para tapar un fracaso"

Senadora de la Coalición Cívica, Estenssoro afirma que la política petrolera del Gobierno "priorizó las importaciones de energía y castigó a la industria nacional", habla de una lógica mafiosa en la pelea con el grupo Eskenazi y asegura que hoy "lo que está en juego es el futuro desarrollo de la Argentina"

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LA NACION
Domingo 25 de marzo de 2012
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Cuando María Eugenia Estenssoro asegura que "los Kirchner no tienen una historia de defensa de lo nacional" quizá no tiene idea de las tempestades que despertará en el planeta K, tan afecto a la construcción de un pasado heroico para sus líderes. Pero sí tiene idea de lo que dice porque fundamenta esa crítica con datos, fechas y cifras que ponen el dedo en la llaga que más le duele al oficialismo: "Néstor Kirchner se asoció con Menem a la desnacionalización de YPF".

Claro que la senadora nacional de la Coalición Cívica no se queda en el pasado: también critica a Cristina Kirchner por considerar que el supuesto intento de estatizar YPF, que esta semana, sugestivamente, no descartó el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, es "una cortina de humo con la cual se intenta tapar el fracaso de una política petrolera que priorizó las importaciones de energía y castigó a la industria nacional".

Estenssoro, que recibió a Enfoques en un salón del Senado mientras se estaba debatiendo el traspaso del subte, sabe de la cuestión energética. Integra la Comisión de Minería, Energía y Combustibles de la Cámara alta, pero, sobre todo, lleva el tema en los genes: como se sabe, su padre, José Estenssoro, fue presidente de YPF desde 1991 hasta su muerte, en 1995, cuando se cayó en Ecuador un jet privado en el que viajaba junto con otras 13 personas.

Foto: LA NACION / ANIBAL GRECO

A Pepe , como lo llamaba todo el mundo, el kirchnerismo lo tenía ideológicamente en la mira por haber sido designado por Carlos Menem en los funestos años 90 para "desguazar" la empresa petrolera estatal, pero, curiosamente, la propia Presidenta lo elogió durante el discurso con el que inauguró,

el 1° de marzo pasado, el período ordinario de sesiones parlamentarias. "Aunque estoy en las antípodas de su pensamiento, debo reconocerle [a Estenssoro] la tarea que llevó a la producción más alta en 1998", sostuvo la Presidenta para sorpresa de muchísimos kirchneristas y, por supuesto, de la senadora de la Coalición Cívica, que estaba presente en ese momento en el recinto.

Tan asombroso como ese viraje presidencial es la repentina demonización de la familia Eskenazi: pasó de ser sinónimo del empresariado confiable (tanto, que, como destacó Estenssoro, "se convirtieron en dueños del 25% de YPF, la mayor empresa del país, sin tener experiencia alguna en la industria petrolera y sin poner un peso") a convertirse en francos enemigos del modelo nacional y popular por dejar que caigan las reservas y la producción de petróleo.

Para la legisladora, a la que, con cierta obviedad, muchos medios bautizaron "la Frida Kahlo del Senado" por su parecido con la pintora mexicana, esta pelea Gobierno-Eskenazi le hace acordar "a las películas de la mafia", pero "si la Presidenta quisiera demostrar un cambio en la política energética debería pedirles la renuncia al ministro De Vido y al secretario Cameron y llevarlos a la Justicia: es muy difícil que los que destruyeron el sector energético y vaciaron YPF sean los mismos que la van a nacionalizar".

Nacida en La Paz, Bolivia, con tres hijos y en pareja con Haroldo Grisanti, un hombre de Domingo Cavallo que llegó a presidir el Correo Argentino, Estenssoro fue periodista y miembro del directorio de Poder Ciudadano y de Transparency International. Su carrera política comenzó en el cavallismo, siguió en el partido de Ricardo López Murphy y luego en las filas de Elisa Carrió. Fue legisladora porteña entre 2003 y 2007 y ocupa una banca en el Senado de la Nación, por la ciudad de Buenos Aires, desde 2007. El año pasado, como candidata a jefa de gobierno porteño, obtuvo apenas el 3,31 por ciento de los votos.

-En el conflicto por YPF, ¿está en juego realmente una lucha entre los que defienden los intereses nacionales y los que defienden las ganancias que terminan llevando del país?

-Lo que está en juego es el futuro desarrollo de la Argentina: los hidrocarburos son la energía vital que hace que el país pueda funcionar y el 90% de la matriz energética de la Argentina depende del petróleo. El problema real es que perdimos el autoabastecimiento y el Gobierno nos quiso entretener con el gasoducto bolivariano, con la argentinización, que fue un vaciamiento de YPF, promovido por el kirchnerismo con la entrada del grupo Eskenazi, y ahora con esta posible renacionalización de la empresa. Pero lo que tenemos que ver es cómo la Argentina recupera el autoabastecimiento energético. Hay mucho más en juego porque YPF hoy representa el 30% de la producción de gas y de petróleo del país: es un elemento importante, pero no es el definitorio.

-¿La estatización de YPF no sería una solución en sí misma del problema energético?

-Es la cortina de humo para tapar el fracaso de una política petrolera que priorizó las importaciones de energía y castigó a la industria nacional. En estos últimos nueve años se multiplicaron por 20 las importaciones de energía, pasaron de menos de 500 a 10.000 millones de dólares. Entonces ha habido una política al revés, no nacionalista, sino extranjerizante.

-Usted ha denunciado que en este rubro se combinaron "una muy mala gestión, la improvisación sobre la marcha y mucha corrupción". ¿Cuál es el circuito que permite esos hechos de corrupción de los que habla?

-El más notorio se dio con la argentinización de YPF. En 2007, Néstor Kirchner promovió la entrada de un socio argentino de la nueva burguesía nacional, Enrique Eskenazi, un banquero sin experiencia en petróleo y con acuerdo societario que diseñó el propio ex presidente. Un acuerdo societario por el cual Eskenazi compró hasta el 25% de YPF sin poner plata y pagando la compra con las propias utilidades de la compañía. Y por el cual Repsol y el Grupo Petersen se obligan a retirar el 90% de los dividendos de las utilidades todos los años, y, además, a hacer un retiro extraordinario de ganancias en 2008, lo que significó que retiraron un dinero equivalente al 255% de las ganancias... Al año siguiente, retiraron el 140% de las ganancias, más de lo que ganaba la empresa. ¿Qué dinero iba a quedar para invertir? Lo que pasa es que Repsol le prestó la mitad del dinero para comprar la empresa a Petersen y la otra mitad a un consorcio de bancos europeos. Con esta garantía, que era sobre las utilidades de YPF, este convenio lo negoció Néstor Kirchner y lo firmaron los representantes del Estado. Es decir, aprobaron el acuerdo societario de vaciamiento y firmaron todos los balances y las actas de directorio donde se aprobaron los balances retirando utilidades, que implicaban la ejecución de ese vaciamiento. Entonces el Gobierno no se puede hacer ahora la víctima, ha sido el victimario de YPF. Si era gratis, ¿por qué no se estatizó el 25% de la compañía y el Estado pasó a manejar la empresa, como hace el Grupo Petersen?

-Buena pregunta. ¿Por qué?

-Siempre se dijo que Eskenazi y Néstor Kirchner eran socios. Se conocen desde que Kirchner, como gobernador, privatizó el Banco de Santa Cruz y quedó en manos del Grupo Petersen. Desde el Banco de Santa Cruz se giraron los fondos de las regalías petroleras a Suiza, a través del Credit Suisse, que es el banco que encabeza el consorcio de bancos europeos que le prestó dinero a los Eskenazi para comprar el 25% de YPF. Acá hay toda una matriz de corrupción en donde el Gobierno ahora quiere hacerse el que ha sido engañado. Pero la realidad es que no ha habido engaño sino un caso terrible de vaciamiento?

-Hay algo que no entiendo: ¿cómo pasaron los Eskenazi de ser los favoritos a ser la encarnación de Satanás para el Gobierno?

-Quiero ser delicada con las palabras, pero uno ve que en las películas sobre la mafia se pelean socios o amigos y esas pelean son a muerte. Y esa es la lógica de este modelo de súper concentración del poder político, de los negocios, de todo: "Mientras estás conmigo te garantizo todo, apenas quieras un poco de independencia, te destruyo". No quiere decir que el Gobierno está cambiando en el tema energético. Si quiere mostrarlo, Cristina Kirchner, en primer lugar, tendría que pedir la renuncia del ministro De Vido y del secretario [de Energía, Daniel] Cameron y, además, llevarlos a la Justicia por incumplimiento del deber de funcionario público.Si no, es muy difícil que los que destruyeron el sector energético y vaciaron YPF sean los mismos que la van a nacionalizar.

-Parece haber puntos de contacto entre la política energética y la política ferroviaria que terminó con la tragedia de Once.

-Es lo mismo. Los Cirigliano, [Ricardo] Jaime? Siempre esta promiscuidad. En sistemas de alta corrupción, a estas familias que detentan el poder político y económico les dan negocios o tienen relaciones con distintos grupos donde hay mucha connivencia y que terminan siendo una trampa: una vez que entraste no podés salir, y si salís te tienen que destruir. Pero en el medio está la política pública. La política del transporte también está llena de subsidios, de precios definidos de una forma totalmente arbitraria, con estos subsidios cruzados que no terminaron yendo a inversiones o a mejoras de la calidad de los servicios. Y cuando la cosa colapsa o hay una tragedia como pasó en Once o como ahora que ya no podemos pagar la cuenta de la energía importada, entonces hay que buscar un culpable.

-Le habrá llamado la atención el elogio de la Presidenta a la gestión de su padre en YPF.

-Aquella YPF era una empresa mixta. Aunque funcionaba como una empresa privada y cotizaba en Bolsa, el 20% de las acciones estaban en manos del Estado y la gerencia era elegida y respondía a los intereses del Estado. Era una empresa estatal por más que tuviera una lógica de funcionamiento productiva, rentable, de una empresa multinacional, como es Petrobras ahora.

-Pero algunos creen que todo cambió a partir de la muerte de su padre...

-Sí, sobre todo a partir de 1999, en que Menem decidió vender las acciones del Estado. Una decisión absolutamente absurda. Y hay que decir que Néstor Kirchner, que había recibido acciones de YPF como compensación por regalías mal liquidadas, fue el único de los gobernadores que no las vendió inmediatamente para hacer caja, que también era una visión miope. Pero él se las vende en 1999 a Repsol. O sea, que él contribuye y se asocia con Menem a la desnacionalización de YPF. Por eso digo que no tienen una historia de defensa de lo nacional. Mi padre se dio cuenta de que el recurso petrolero era muy importante para la Argentina y que no podía convertir a YPF en totalmente privada. Fue un esfuerzo enorme que, con la venta a los españoles, se destruyó, y ahí empieza la declinación de todo el sector.

- La Presidenta también recordó en su discurso que "nunca se supo claramente a qué se debió" la muerte de su papá. Siempre hubo versiones de que no fue un simple accidente aéreo e incluso usted no lo descarta, ¿no?

-En el momento que mi padre muere no lo pensamos ni mi familia ni yo. Pero después me empezó a parar gente en la calle que me decía: "A su padre lo mataron". Como periodista muchas veces pensé en investigarlo, pero la realidad es que siempre pensé que no iba a resucitar por más que averiguara qué había pasado. Y si su muerte se debió a la destrucción de una YPF que defendía los intereses del país, ¿qué sentido tenía ponerme a escarbar?

-¿Cree, de todas formas, que la gestión de su padre en YPF tocaba intereses poderosos que podían sentirse perjudicados?

-La mayoría de las privatizaciones de la época de Menem consistieron en desendeudar a las empresas: el Estado se quedaba a cargo de las deudas de las empresas públicas y después se las vendía a algún grupo argentino o extranjero en su totalidad. En este caso, Estenssoro no benefició a ningún grupo argentino, decidió que el Estado iba a gerenciar esta empresa, o sea, que no se iba a beneficiar ningún grupo petrolero, ni argentino ni internacional. Pero también, por el marco legal, como sociedad anónima que cotizaba en bolsas y exigía mucha transparencia, tampoco podía ser la caja de financiación del Partido Justicialista o de las necesidades de Menem. Molestó cómo había tanto dinero ahí, tanto poder, tanto potencial, de alguien que no respondía políticamente a nadie, ni era cómplice de ningún grupo económico. Esa es mi interpretación. En el avión también viajaba el presidente de la petrolera chilena, porque mi padre venía dialogando con distintos países para armar un consorcio petrolero regional y quería que YPF lo liderara.

-Algo que quedó trunco con su muerte.

-Sí. Incluso cuando mi padre vivía los de Repsol ya venían dando vueltas, había mensajes que le habían mandado a través de Menem y del rey de España. Y él decía siempre: "Si ocurre algo va a ser al revés, YPF comprará Repsol".

-Vuelvo al presente. ¿La crisis energética, como la ferroviaria, no muestra también una cultura cortoplacista del Gobierno?

-Siempre hay una visión electoral de todo. Entonces, si hay recursos es para ganar elecciones, no es para brindar mejores servicios o modernizar la infraestructura de transportes. No hay políticas de Estado, pero esta es la visión de este gobierno y también fue la Menem. La Alianza no tuvo tiempo porque Menem le dejó una bomba que le explotó en la mano, como pasará con el próximo gobierno. Ya está hipotecado el sistema jubilatorio porque la Anses está lleno de deudas, el Banco Central también está lleno de de pagarés que nadie va a pagar nunca más y ya no están las reservas que dicen que hay. Se está hipotecando nuestro futuro: el próximo gobierno va a tener problemas. La reforma del Banco Central tiene que ver con hacerse de recursos para no ir a un sinceramiento de tarifas. Pero no van a avanzar sobre la clase media porque hay que ganar las elecciones de 2013. Ese es el objetivo número uno. Y esa es la visión de muy corto plazo que tenemos que cambiar de una vez por todas.

MANO A MANO

No fue la entrevista más tranquila de mi vida: se hizo en medio de una sesión en el Senado, tras una espera de dos horas y en un salón decorado con un par de LCD con imágenes en vivo de la sesión que le recordaban a María Eugenia Estenssoro que debía volver al recinto. Aun así, fue una charla apasionante, acaparada por el conflicto de YPF y la crisis energética, en la que esta legisladora se mostró como una aplanadora de argumentos dispuesta a hacer trizas el relato K. Me llamó la atención que esté tan resignada a mantener las dudas sobre la muerte de su padre, a no investigar si el accidente aéreo fue sólo eso. Hasta en eso me pareció alguien distinta. Estoy acostumbrado a hablar con dirigentes, y a veces se trata de una tarea francamente insalubre, pero en el caso de Estenssoro se nota, por suerte, que no es una profesional de la política, que es espontánea y no contesta con frases armadas por asesores de imagen. Me dejó la sensación de que está enrolada en esa camada de nuevos políticos que pueden ser moderados y contundentes al mismo tiempo. Pero no sé si el argentino promedio le perdona que en su carrera haya pasado de Cavallo a Carrió, pasando por López Murphy. Sería una lástima. Por su capacidad y, en particular, porque no existen los dirigentes de probeta: son el emergente de esta sociedad y todos tienen un pasado (algunos, incluso, un rico prontuario), pero las preguntas que uno debería hacerse son qué hacen en el presente y qué proponen para el futuro.

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