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Encrucijadas democráticas: conquistas, deudas y desafíos del continente

La tensión entre la fortaleza de las instituciones y las necesidades coyunturales de los gobiernos, la crisis de representación y el impacto del populismo sobre la calidad democrática son los puntos críticos que coinciden en señalar algunos de los más influyentes politólogos de la actualidad

Domingo 25 de marzo de 2012
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LA NACION
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Qué tanto se pueden sacrificar las instituciones democráticas para alcanzar logros económicos? ¿Cómo se construye el poder y cómo penetra el autoritarismo estatal en las relaciones cotidianas, en la escuela, en la calle, en la Justicia, en las familias? ¿Cuánto pesan los recursos materiales cuando alguien tiene que reclamar por sus derechos? ¿Cómo deben responder las instituciones de la democracia al avance de la delincuencia y la violencia? ¿Es el populismo una etapa más de la trayectoria de las democracias latinoamericanas o una forma de marcha atrás?

A punto de viajar a nuestro país para el tributo académico que se realizará mañana al recientemente fallecido Guillermo O’Donnell (ver aparte), algunos de los politólogos más influyentes de la actualidad anticipan para Enfoques sus reflexiones sobre estos y otros interrogantes que capturan los grandes desafíos que enfrentan las democracias de América latina.

Scott Mainwaring, Abraham Lowenthal, Michael Coppedge, -reconocidos especialistas en los avatares de la política latinoamericana, que realizan su trabajo en universidades del exterior- analizaron, junto con Marcelo Leiras, docente de la Universidad de San Andrés y organizador local del homenaje a O'Donnell, conquistas, deudas y encrucijadas de la vida institucional del continente.

La fortaleza de las instituciones de la democracia por sobre las necesidades coyunturales de los gobiernos, los efectos de la desigualdad sobre la calidad de la democracia, el impacto del neopopulismo que en muchos países se instala como respuesta a los reclamos no atendidos de los ciudadanos, son algunos de los temas que preocupan a los politólogos que tienen a América latina como su escenario de análisis.

Debates abiertos

"Uno de los debates en la región hoy es hasta qué punto podemos sacrificar instituciones y procesos democráticos para llegar a resultados económicos o sociales. En muchos lugares, como Venezuela, Ecuador o Bolivia, se ha apostado a la desinstitucionalización para llegar a un Estado social más justo", apunta Daniel Brinks, profesor en la Universidad de Texas en Austin, argentino pero residente desde hace más de 30 años en Estados Unidos, donde Guillermo O'Donnell dirigió su tesis doctoral. "Aunque hasta las democracias más desiguales ofrecen algunos avances en términos de derechos formales, sin recursos materiales importantes los poseedores de esos derechos tendrán grandes dificultades para que esos derechos se hagan efectivos", argumenta Brinks en el texto que presentará mañana en la jornada de homenaje a su maestro.

Para Brinks, uno de los problemas en que con más fuerza se ve la dicotomía entre recursos materiales y derechos es el delito. "En América latina hoy hay una epidemia de percepciones de inseguridad (a veces justificadas) que dificulta que se dediquen recursos públicos a la defensa de aquellos que, en el imaginario social, son responsables por la supuesta ola de delitos y violencia -escribió Brinks-. Y las víctimas de la violencia policial son, en su mayoría, jóvenes marginalizados que ni tienen recursos propios, ni logran despertar la solidaridad de otros grupos sociales que podrían dedicar sus propios recursos al problema. Es, entonces, la combinación de la supuesta epidemia de violencia con la marginalización económica y social de las víctimas la que construye la tolerancia política de la violencia policial."

"Hay muchos dilemas de las democracias latinoamericanas contemporáneas que O'Donnell capturó y que son hoy muy relevantes para la Argentina. ¿Cómo construir mejores Estados? ¿Cómo hacer la ciudadanía más efectiva? ¿Cómo crear democracias de mayor calidad, que funcionen decentemente y gobiernen efectivamente, es decir, que promuevan las capacidades y expandan las oportunidades de sus ciudadanos?", enumera Scott Mainwaring, profesor en la Universidad de Notre Dame, donde compartió tareas con O'Donnell durante 28 años.

Mainwaring adhiere a la idea de que ninguna crítica a la democracia debía soslayar el enorme paso adelante que fue su recuperación en el continente. "La lista de deficiencias en las democracias latinoamericanas es larga: grandes desigualdades sociales en la mayor parte de la región, considerable pobreza en la mayoría de los países, sistemas educativos deficientes, altas tasas de delito en muchos países, ciudadanía desigual, Estados débiles. Pero, a pesar de eso, este ha sido el período más democrático en la historia de América latina -afirma-. Desde fines de los 70 hasta 2003, un creciente número de países estuvo gobernado por democracias, aunque todos excepto Chile, Costa Rica y Uruguay tuvieron profundas deficiencias. Desde 2003, muchos países, como Brasil, alcanzaron buenas tasas de crecimiento, bajaron los índices de pobreza y de desigualdad."

A diferencia de Ernesto Laclau, el intelectual que el kirchnerismo ha adoptado como guía conceptual, para O'Donnell el populismo no era una etapa superadora de un régimen democrático. Mainwaring recrea la idea. "El populismo es un estilo político caracterizado por el liderazgo personalista, una relación directa y sin mediaciones entre el líder y las masas, la preeminencia del líder sobre las organizaciones y un discurso maniqueo. Dada esa caracterización, Chávez y Correa son las expresiones presidenciales más claras de populismo hoy en América latina. No es sorprendente que el populismo con frecuencia refuerce el aspecto plebiscitario de la democracia mientras reduce el carácter liberal de la democracia, es decir, la protección de derechos civiles y políticos."

En efecto, estos politólogos detectan cierta dificultad de la tradición liberal para arraigar en América latina. "En Estados Unidos y Europa hay un zócalo de derechos civiles, un ejercicio predemocrático, que precede a los derechos políticos y sociales. Esa secuencia es distinta en América Latina, que tiene una dinámica democrática muy peculiar, y cuya ausencia de zócalo de derechos civiles le da cierta fragilidad a la democracia", afirma Marcelo Leiras, profesor e investigador en la Universidad de San Andrés, a quien O'Donnell dirigió su tesis doctoral en los Estados Unidos, y organizador local del encuentro.

De manera similar piensa Mainwaring, para quien en el continente "el neopopulismo ha adquirido gran fuerza porque los partidos tradicionales no proporcionaron a los ciudadanos lo que ellos necesitaban. Una segunda consideración -como dijo en una entrevista reciente- es que los países con tradición democrática más antigua, como Chile, Costa Rica y Uruguay, tienen instituciones con más solidez que otros países de la región, que no sólo significan una ventaja para la gobernanza democrática, sino que también constituyen un amortiguador contra los neopopulistas cuando inevitablemente llegan tiempos difíciles. En estos países, aun cuando el rendimiento del gobierno sea mediocre o deficiente por un tiempo, la tentación neopopulista no surge con tanta fuerza."

América latina tiene sus particularidades y el concepto de caída de los partidos políticos no funciona exactamente igual que en otros continentes. Michael Coppedge, que también estará presente en la conferencia, habló de "darwinismo político" para describirlo. "Como en el principio darwiniano de selección natural, el proceso político hoy tiende a favorecer la sobrevivencia de partidos que se adapten al nuevo medio ambiente político. Los que se adapten sobrevivirán; los que obcecadamente rechacen adaptarse, o lo hagan mal, perderán votos e irán hacia la extinción", escribió.

En la conferencia, Robert Fishman, profesor en Notre Dame, partirá de una de las ideas centrales de O'Donnell: que el desarrollo económico no necesariamente lleva a la democratización. Fishman, que se especializa en los sistemas políticos europeos hoy en plena ebullición, argumenta que "los acontecimientos recientes, en los que los mercados han reducido drásticamente el espacio para la toma de decisiones democráticas, cuestionan la presunción de que los mercados y la democracia necesariamente marchan juntos". Especialista en los sistemas políticos europeos, Fishman cree que estas ideas han cobrado relevancia en ese continente, "donde hoy está en juego el modo en que funciona la democracia". Especialmente en aquello que O'Donnell llamaba los microcontextos, es decir, no sólo los sistemas políticos, sino las familias, las escuelas, la sociedad. Tenía la esperanza, explica Fishman, de que allí se desarrollara la capacidad crítica de los individuos. "También, la capacidad de acción libre de los ciudadanos, que puedan intervenir en los procesos políticos para defender sus intereses. Y el hecho de que el gobierno debía rendir cuentas por sus acciones", enumera.

Cuando se pide a estos colegas y discípulos de O'Donnell que viajarán a Buenos Aires un análisis más preciso sobre la realidad argentina, en general se excusan con elegancia, o dan un rodeo por conceptos más abstractos. Después de todo, afirman varios de ellos, las ideas de O'Donnell son tan poco coyunturales que casi cualquiera de sus textos ilumina la actualidad con justicia. Sin embargo, el autor de El Estado burocrático autoritario sí se pronunció públicamente sobre los avatares de la política nacional y, en los últimos años, también sobre el kirchnerismo. Para él, corporizaba "esta concepción delegativa, movimientista (?), con un cierto sentido común que acepta que quien gana tiene derecho a mandar, y al que poco le importa la institucionalidad". Y podía ser crítico sin perder el equilibrio. "Hay una fuerte ofensiva del kirchnerismo para tratar de difundir su visión de la Argentina con una intensidad notable y preocupante, pero eso no es hegemónico. Es exagerado y peligroso calificarlo así", dijo a La Nacion en una de sus últimas entrevistas.

El tributo

Definido como "un gigante de las ciencias sociales contemporáneas" en el texto que el Kellogg Institute for International Studies -organismo que él dirigió y que coorganiza el seminario- le dedicó como despedida, leído y subrayado por estudiantes e investigadores de todo el continente y fuera de él, pero también por funcionarios, asesores y políticos desde América latina a Europa del Este y el sudeste asiático, O'Donnell creó una obra que fue anticipando, acompañando y explicando la trayectoria de los sistemas políticos latinoamericanos: del autoritarismo a la transición, del establecimiento de gobiernos democráticos a sus contemporáneas formas más o menos imperfectas.

En el país y fuera de él, sobre todo como profesor e investigador en los Estados Unidos, O'Donnell hizo lo que marca un pensamiento original: puso nombres a fenómenos nuevos, que desde sus libros y artículos se multiplicaron a las ideas de otros. Habló de "juego imposible" para describir el sistema de partidos políticos entre 1955 y 1966; de "regímenes burocrático-autoritarios" en los 70; de "zonas marrones" como espacios donde la legalidad del Estado era difusa; de "responsabilidad horizontal" para referirse a la rendición de cuentas de los gobiernos, y de "democracias macro y micro" para diferenciar los sistemas políticos de las arquitecturas de poder que se construyen en la vida cotidiana. A comienzos de los 90 bautizó como "democracias delegativas" a los gobiernos que surgen de elecciones libres y mantienen ciertas libertades, pero cuyos líderes rápidamente ven cualquier control como una traba, una caracterización que inicialmente aplicó al menemismo, entre otros, y que luego extendió al kirchnerismo.

Leiras pone de relieve esa cualidad distintiva de O'Donnell: "Entendió el valor y los límites de la democracia; tenía convicciones éticas democráticas. Cuando nadie apostaba a la democracia, a fines de los años 60 y principios de los 70, O'Donnell creía que era el modo de organizar la sociedad, y cuando todos estaban satisfechos con el sistema, demostró lo que faltaba lograr".

TRIBUTO A GUILLERMO O´DONNELL

Los interrogantes que atraviesan la influyente y original trayectoria intelectual de Guillermo O’Donnell tienen sorprendente relevancia para la actualidad latinoamericana y argentina. Y para muchas de ellas se ensayarán nuevas respuestas mañana y pasado, cuando varios de los politólogos más relevantes del mundo se reúnan en Buenos Aires con sus pares locales en un tributo académico y personal para O’Donnell, fallecido el 29 de noviembre pasado, que incluirá además un homenaje en la Legislatura porteña.

Para recordar, algunos de sus aportes clave:

Autoritarismo y transiciones

O’Donnell fue el gran teórico de los regímenes autoritarios de los años 70 en América latina, cuyas caídas anticipó analizando las contradicciones internas de esos sistemas, y de las transiciones democráticas en el continente. Modernización y autoritarismo (1972) y El Estado burocrático-autoritario (1982) son dos de sus libros más reconocidos en este tema.

Microcontextos

Con mirada antropológica, analizó el modo en que las arquitecturas de poder se construyen en los contextos cotidianos, como las familias, la escuela, la Justicia, las oficinas públicas, y hasta la convivencia en la calle. Su multicitado ensayo ¿Y a mí que mierda me importa? compara la implantación del autoritarismo analizando el habla popular, el tránsito y el trato a los empleados y subalternos en la Argentina y Brasil.

Democracia delegativa

A comienzos de los 90, caracterizó varios regímenes de la región como "democracias delegativas", aquellas surgidas de elecciones libres y con una arquitectura legal, pero cuyos líderes rechazan los controles institucionales, recortan algunos derechos y se arrogan un poder casi absoluto.

Legalidad

La institucionalidad formal y la legalidad de las democracias (rule of law) eran una de sus preocupaciones centrales, y enfatizaba la necesidad de que los gobiernos rindieran cuentas. Alertó sobre la inefectividad de la ley en muchos contextos y aquellas zonas en las que la ilegalidad a veces era sostenida también por el Estado.

El poder de los ciudadanos

Destacaba la capacidad de acción de los ciudadanos para defender sus derechos y participar críticamente de la vida política. La "agencia" individual era para él uno de los sostenes de la democracia.

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