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Buhtones

Viernes 30 de marzo de 2012
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Autora y directora: Luz Rodríguez Urquiza / Intérpretes: Celeste Martínez, Luz Rodríguez Urquiza, Romina Santonio y Julián Bass / Coreografía: Julián Bass y Celeste Martínez / Música: Hernán Crespo / Escenografía: Mariela Iuliano y Julián Villanueva / Sala: Auditorio UPB, Campos Salles 2145 / Funciones: domingos, a las 15 Nuestra opinión: muy buena

Tres amigas, compañeras de escuela, van y vienen con amistad, celos, rivalidad y afecto. Todo ello se exacerba ante la aparición de un varón, espléndido en su despliegue físico, pero algo quedado en su capacidad de interlocución con las niñas, como era de esperar. A partir de allí se desarrolla la trama muda de Buhtones , una obra de Luz Rodríguez Urquiza que se expresa a través de los cuerpos en movimiento, tal como lo prescribe la técnica del butoh de la posguerra japonesa, pero en un ritmo de velocidad y alegría vital occidentales. Las escenas remiten en todo caso más a las humoradas del caricaturista francés Sempé sobre las niñas bailarinas que a la tragedia de Hiroshima que dio origen al butoh. Son, eso sí, botones de muestra del espíritu juguetón de las niñas, puestos en clave coreográfica.

Con precisión notable y humor compartible avanza -o más bien circula- la obra. La irrupción del varón, personificado con singular destreza física e impronta de ingenuidad por Julián Bass, lleva al trío femenino a multiplicar sus artes de acercamiento. En una obra que se plantea desde lo corporal, es llamativo el aporte de la gestualidad de cada una de ellas a la caracterización de ese diálogo primero cauto y luego rampante que se genera en la danza con el partenaire masculino.

El tan trillado recurso de las escaleras de pintor en las obras para chicos se transforma en esta obra en un trampolín hacia los desniveles que permiten nuevas contorsiones de esa interacción fluctuante entre el juego y la confrontación.

La música de Hernán Crespo es un elemento clave, con su impulso y su recurrencia, para sostener el movimiento incansable de los protagonistas. Marca iniciativas y retoma tópicos constantes en estribillos, todo ello a la vista en los cuerpos danzantes de los actores. Pero el movimiento vertiginoso lleva a avances en la integración del grupo, marcando una dinámica en espiral ascendente, más que circular y estática.

La historia de Buhtones tiene el gran mérito de apelar desde los más pequeños hasta los mayores, y tanto a las niñas como a los niños. No hay tiempo para atajarse en prejuicios sobre lo que es para cada edad y para cada género. La misma acción incansable, vital, plena de humor, atrapa antes de que puedan activarse los esquemas preconcebidos. El público, de todas las edades, agradecido.

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