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Una estrategia que desnuda debilidad

Viernes 06 de abril de 2012
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Amado Boudou convocó a una conferencia de prensa en la que pretendió impartir lecciones de periodismo, pero, paradójicamente, tras un largo discurso, se levantó sin aceptar una sola pregunta. Pese a eso, quedaron claras su estrategia y la debilidad que lo acosa.

El vicepresidente de la Nación decidió salir al ruedo luego del allanamiento a un departamento de su propiedad en Puerto Madero donde se comprobó que Alejandro Vandenbroele pagaba las expensas. Lo hizo con el consentimiento de la presidenta Cristina Kirchner, pero se salió del libreto.

Boudou arrancó la conferencia con la idea de que la mejor defensa es un buen ataque. Y atacó al Grupo Clarín, a Héctor Magnetto, al periodismo en general, al juez Daniel Rafecas y a la empresa Boldt. Intentó demostrar que entre todos ellos había una suerte de conexión mafiosa. Tan concentrado estaba en su sinnúmero de descalificaciones y acusaciones que olvidó explicar por qué una persona a la que siempre dijo desconocer, como Vandenbroele, integrante del grupo que se quedó con la imprenta Ciccone, pagaba las expensas de su departamento.

El ex ministro de Economía buscó en la conferencia poner de manifiesto que todo lo que pudo haber hecho para favorecer la entrada del grupo The Old Fund en Ciccone se encuadraba en una política del gobierno nacional para alentar la producción nacional y cuidar las fuentes de empleo. Pero, de paso, le endilgó sutilmente toda la responsabilidad por el cambio de manos de la imprenta al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray. En tal sentido, Boudou subrayó que, en la respuesta a la nota que le envió en 2010 el organismo recaudador, expresó que cualquier decisión debía tomarse "sin mengua del interés fiscal" y que la AFIP avanzó en planes de pago de la deuda de Ciccone que estaban dentro de sus propias competencias. Cabe recordar que Echegaray les dio a los nuevos dueños de Ciccone amplias facilidades de pago de una deuda multimillonaria a una tasa de interés irrisoria. Boudou pareció sugerir que las preguntas no deberían hacérselas a él, sino a Echegaray.

Casi sin darse cuenta, el vicepresidente puso en evidencia que en el gobierno kirchnerista hay fuertes disputas internas. Su soledad en la conferencia de ayer es un indicador más, que se suma a las no inocentes declaraciones del ministro del Interior, Florencio Randazzo, y del senador Aníbal Fernández , que señalaron que no pondrían las manos en el fuego por Boudou.

Con un discurso desordenado y nervioso, el vicepresidente recurrió a tan evidentes como sorpresivos manotazos de ahogado. Por ejemplo, cuando involucró al titular de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Adelmo Gabbi, en algo parecido a un intento de soborno para evitar que Antonio Tabanelli, dueño de Boldt, lo destruyera. Y también al dar cuenta de que cuando estaba al frente de la Anses recibió la visita de representantes de un estudio jurídico alguna vez vinculado al procurador general de la Nación, Esteban Righi, quienes intentaron persuadirlo de que debía aceitar sus contactos con los jueces de Comodoro Py. En ambos casos, sorprende que un funcionario de su envergadura no hubiera denunciado tales situaciones mucho tiempo antes.

Paralelamente, se ocupó de levantar sospechas sobre todo aquel gobierno provincial que hubiera hecho negocios con la empresa Boldt, como el de Santa Fe y el bonaerense, a cargo de Daniel Scioli.

Es probable que la cuesta que debía remontar Boudou se torne aún más dificultosa ahora. Un mes atrás, su imagen positiva en la Capital Federal había caído del 35% al 23%, en tanto que su imagen negativa había trepado del 37% al 54%, según datos de Tres Consultores y Wonderpanel. Ayer, sus palabras no convencieron, dejó innumerables preguntas sin respuesta y cosechó nuevos enemigos, tanto dentro como fuera del partido gobernante.

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