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El escenario

Una cadena de descuidos

Política

La dinámica del caso Ciccone está enredando a Amado Boudou en un discurso cada vez más incómodo. Detrás de la avalancha de denuncias contra funcionarios judiciales, empresas, medios y periodistas, asomaba ayer un hombre al borde de admitir profundos descuidos en el manejo de sus decisiones políticas y hasta de su economía personal.

Un día después del allanamiento en un departamento de su propiedad, el vicepresidente insistió en que no hizo nada para ayudar a la ex Ciccone y en que no conoce a Alejandro Vandenbroele, el abogado que figura a la cabeza de la operación que resucitó a esa imprenta. La conspiración bíblica en su contra que describió ayer Boudou en un monólogo de 45 minutos no disipó ninguna de las incógnitas que se han acumulado en dos meses de investigación.

¿Puede un ministro de Economía, como era él en 2010, recomendar por escrito que se le dé una moratoria extraordinaria de la AFIP a una empresa que acaba de salir de la quiebra sin conocer quiénes son sus dueños?

¿Podía Boudou ignorar que su socio comercial y amigo íntimo, José María Núñez Carmona, tenía como asesor de negocios a Vandenbroele?

¿No estaba informado de que la quiebra de Ciccone había sido levantada gracias a un aporte económico de una empresa, London Supply, que tiene como accionista a un viejo amigo de su hermano, Juan Bautista Boudou?

¿No cayó en que el Vandenbroele que dirige la imprenta a la que él aconsejó ayudar era el contacto por medio del cual él consiguió inquilino para su departamento de Puerto Madero? ¿Ni siquiera cuando Vandenbroele -al que ayer no mencionó por su nombre- estaba registrado en la administración del edificio como el contacto a llamar ante cualquier inconveniente?

Cuando alquiló ese departamento y decidió mudarse a uno más grande, ¿no le llamó la atención que su nuevo hogar estuviera registrado a nombre de una empresa asociada con London Supply, la "garante judicial" de Vandenbroele en la causa de la quiebra?

La empresa de Vandenbroele imprimió en 2011 boletas electorales de Cristina Kirchner-Amado Boudou, ¿también desconocía el candidato que el negocio lo hacía el hombre que pagaba las expensas de una vivienda de su propiedad y era allegado de su socio?

¿Es normal que Katya Daura, presidenta de la Casa de Moneda y funcionaria de confianza del vicepresidente, hubiera recomendado subcontratar a la ex Ciccone para imprimir billetes de 100 pesos sin constatar quiénes eran los verdaderos dueños de la imprenta? ¿Por qué le parece tan grave a Boudou la contratación directa de Boldt para el juego bonaerense y no que la Casa de Moneda le entregue la confección de dinero sin licitación a la nueva Ciccone?

Y además, ¿por qué no denunció hasta este momento de zozobra política personal que el gobierno kirchnerista bonaerense entrega multimillonarias concesiones de juego de azar sin llamar a concurso?

¿Por qué Boldt le habría ofrecido a Boudou en marzo de 2011 una coima para "arreglar", como denunció ayer? ¿Arreglar qué? ¿Hablaba de algo relacionado con la operación de Ciccone? Si era así, ¿por qué lo iban a ver a él? ¿Y por qué tardó un año en revelar ese delito?

¿No reparó antes en que el abogado al que acusó de haberle sugerido en 2009 maniobras impropias para tener buenas relaciones con los jueces federales es del estudio jurídico de la familia del actual procurador general de la Nación, Esteban Righi? Un despacho que defendió y defiende a funcionarios nacionales.

¿Cómo es que creía que el juez Daniel Rafecas "quería ayudar" y ahora lo denuncia con términos durísimos porque aceptó que se hiciera el allanamiento a su casa?

Si tan grave le parece que la prensa se entere de medidas judiciales bajo secreto de sumario, ¿cómo conoció tantos detalles, como los que describió ayer, de las declaraciones en los tribunales de un ejecutivo de Boldt y del lobbista que lo desmintió?

Boudou no respondió ésta ni ninguna otra pregunta. Sin quitarse la sonrisa nerviosa, Boudou destiló odio contra el periodismo y sumó a la Justicia a su embate, con acusaciones de haber actuado ilegalmente en su contra. Quizás haya sido un intento de forzar una recusación del juez y el fiscal que hoy lo investigan.

"En un día tan difícil por el temporal, es una vergüenza que tengamos que ocuparnos de operaciones mediáticas en vez de las cuestiones importantes de los argentinos", dijo, algo titubeante, al empezar su argumentación. Tal vez fue sólo un fallido, movido por la incomodidad. En el código kirchnerista, tener que dar explicaciones públicas es el símbolo claro de una derrota política..

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